Es esperanzador el capítulo del plan de desarrollo del gobierno Petro en torno a la política de reindustrialización y su apuesta de transitar de una economía extractivista a una del conocimiento, productiva y sostenible, sobre lo cual ya otros gobiernos y diferentes organismos representativos del sector económico han insistido de tiempo atrás. Entendiendo por reindustrialización, … Continuar leyendo
Es esperanzador el capítulo del plan de desarrollo del gobierno Petro en torno a la política de reindustrialización y su apuesta de transitar de una economía extractivista a una del conocimiento, productiva y sostenible, sobre lo cual ya otros gobiernos y diferentes organismos representativos del sector económico han insistido de tiempo atrás.
Entendiendo por reindustrialización, según Wikipedia, el proceso económico, social y político de organizar los recursos nacionales con el propósito de que las industrias vuelvan a establecerse en un país o territorio que abandonaron o del que desaparecieron; y por economía extractivista, según la mayoría de autores, un modelo de crecimiento económico basado en la primarización de las exportaciones o la venta al exterior de recursos naturales poco transformados, como la minería, la agricultura o el petróleo. Es necesario ser realistas y aceptar que el reto es bien grande y complicado en las actuales circunstancias. Según lo anunciado por el ministro de Comercio Industria y Turismo, German Urueña, el plan se basa en la transición energética, la agroindustrialización y soberanía alimentaria, la reindustrialización en el sector de la salud, al igual que para la defensa y la vida, y finalmente, un plan por los territorios y su tejido empresarial.
El grado de confianza que los diferentes órganos de gobierno comprometidos en el manejo de la economía, tanto directos como indirectos, deben brindar para lograr el ambiente adecuado entre los inversionistas actuales y potenciales, nacionales y extranjeros, es indispensable, lo cual bien sabemos no parece encontrar en el momento presente las mejores condiciones. Lo que sucede con el tema de las reformas en que se está comprometiendo el gobierno, es que generan mucha incertidumbre sobre lo que pueda suceder en el inmediato futuro y sus efectos por los nuevos compromisos tributarios, el tema energético, el futuro de las exploraciones petrolíferas y de toda industria que de allí depende, la reforma laboral, sus incrementos en los costos para los empresas, la necesidad de reducir el índice de informalidad que caracteriza nuestro sistema productivo. La reforma a la salud que se discute en el Congreso y sobre la cual el sector ha planteado tantos reparos, por lo que requiere conocer a mayor profundidad el futuro que le espera frente al nuevo modelo. Las intenciones de reforma a la justicia que tanto puede incidir en el tema de la seguridad y hasta el anhelo de precipitar la consecución de una paz que puede conducir a lograrla sin las indispensables condiciones hasta ahora no logradas del anterior acuerdo, en materia de estabilidad, reparación, durabilidad, justicia y no repetición.
En resumen, es fundamental que el ministerio encargado de implementar tan importante capítulo del plan de desarrollo busque, además de la coordinación, conciliación con las diferentes entidades que se propongan introducir cambios que de alguna manera puedan afectar sus buenos propósitos en este campo de la producción y la productividad. Interesante el tema de la matriz dividida en tres componentes que inicia con el capital y financiamiento, basado en los recursos que se necesitan para orientarse hacia la transferencia de tecnología, la articulación con las cadenas de valor, el fortalecimiento de las capacidades humanas y lograr la sostenibilidad ambiental. El camino por lo pronto es bastante espinoso y ojalá se logre despejar para el bien de nuestra economía.
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