Además de ingenuidad habría que considerar cierta complicidad en la creencia de la supuesta neutralidad o benevolencia de las tecnologías y de la industria. Sin lugar a dudas las tecnologías y los desarrollos industriales apoyados en estas han permitido a la humanidad desarrollar diversas capacidades y alcanzar algunas metas que sin ellas sería inimaginable; pero asimismo se han generado incidentes o efectos que en algún momento no fueron previstos y son emergentes o que fueron previstos y pueden ser controlables.
Charles Perrow (1952-2019) fue un profesor norteamericano de sociología de las organizaciones, que formuló el concepto de Accidentes normales, que divulgó en el libro Normal Accidents: Living With High Risk Technologies (1984). Los accidentes normales o accidentes del sistema, como el mismo Perrow prefiere denominarlos, se refieren a los incidentes provocados por tecnologías de alto riesgo que se relacionan en la industria y en otros sectores sociales y naturales y que pueden ser previsibles e inevitables.
Los sistemas tecnológicos actuales se caracterizan por su alta complejidad, es decir, relaciones de interdependencia, no linealidad en sus procesos y emergencia o incertidumbre. Las revoluciones tecnocientíficas de mediados del siglo XX pusieron en marcha ampliamente muchos de estos procesos, pensemos en casos como los desarrollos nucleares, la producción de ADN recombinante, el transporte de sustancias de alta toxicidad, entre otros. Con el propósito de responder y explicar estos hechos desde la sociología de las organizaciones es que Perrow genera el concepto de Accidentes Normales, demostrando que en sistemas tecnológicos de alta complejidad puede llegarse a disminuir o controlar los riesgos y desastres.
En un artículo posterior a la publicación del libro Perrow dice: “Lo que traté de mostrar en el libro fue que, por mucho que lo intentáramos, ciertos tipos de sistemas, los que tenían muchas interacciones no lineales (complejidad interactiva) y los que también estaban estrechamente acoplados, estaban condenados a fallar eventualmente. Si también tenían un potencial catastrófico, sería mejor cerrarlos (o aceptar vivir y morir con ellos si fueran tan únicos y valiosos) o rediseñarlos masivamente para que sean más lineales y poco acoplados.” (Perrow, 2004)
El concepto de Accidentes normales ha tomado relevancia en los dos últimos años gracias a la filósofa argentina Flavia Costa, que ha extendido esta explicación al fenómeno de pandemia provocado por el COVID-19: “De allí que, si queremos ubicar el acontecimiento de esta pandemia en una serie, sugiero incluirla en la de los “accidentes normales” de la nueva escala abierta con el Tecnoceno.” (2020. https://www.revistaanfibia.com/la-pandemia-accidente-normal/) Flavia Costa menciona que la densidad poblacional y la facilidad de interconexión humana a nivel global fueron factores claves en la rápida propagación del virus que terminó creando la pandemia de COVID-19. Importante explicación y análisis que nos lleva a considerar las responsabilidades políticas y éticas que tiene la humanidad en la actualidad y en especial los líderes políticos y académicos.
Al respecto tenemos entonces la importante tarea de promover la creación e implementación de políticas de disminución de riesgos, para lo cual se requiere de fortalecer cada vez más esa alianza necesaria entre política y académica, entre las organizaciones de poder y de industria con las universidades y centros de pensamiento. Se requiere de universidades en la vía de la tercera misión y de la apropiación social del conocimiento, para trabajar en la comprensión e intervención de sistemas complejos con el propósito de hacer inevitables los derrames de crudo en ríos y océanos; las inundaciones, derrumbes e incendios; la contaminación de playas y otros sectores naturales por cuenta del carbón y demás minerales; la contaminación de suelos y alimentos por cuenta de sustancias químicas, las masacres y demás conflictos violentos; entre muchos otros desastres humanos.
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