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Asociación de deseos y utopías

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 27 septiembre 2024

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Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Calarcá, ya lo sabemos, ha sido territorio fecundo para el humanismo. Lo fue cuando sus primeros pobladores llegaron de Antioquia o de la meseta cundiboyacense , desbrozaron la selva, y además de medir por varas las trochas y las calles y las manzanas, fundaron escuelas de instrucción para el librepensamiento o también para el adoctrinamiento … Continuar leyendo

Calarcá, ya lo sabemos, ha sido territorio fecundo para el humanismo. Lo fue cuando sus primeros pobladores llegaron de Antioquia o de la meseta cundiboyacense , desbrozaron la selva, y además de medir por varas las trochas y las calles y las manzanas, fundaron escuelas de instrucción para el librepensamiento o también para el adoctrinamiento religioso. Había agitación intelectual desde Segundo Henao, pasando por Agripina Restrepo de Norris, y luego con José Jota Bustamante, Baudilio Montoya, Bernardo Ruíz, Elmer Marín, y tantos otros maestros que hicieron de nuestra aldea, de nuestro solar, un camino abierto a la contradicción pedagógica de ideas.

Los recuerdos llegan en tropel cuando de los colegios de Calarcá se trata. Resulta que el colegio Robledo fue el aula abierta de decenas de muchachos, que luego serían escritores, educadores o prestigiosos abogados, que llevaron el nombre del pueblo a los libros, a instituciones de educación superior o a las mismas barandas de los juzgados.

El Instituto Calarcá, a su vez, en la vereda de enfrente, formó a centenares de mujeres, que se hicieron a pulso un nombre en el ámbito nacional. Ellas, corajudas e inteligentes, marcaron un camino por los recodos de un pueblo que, como buena parte de la zona andina, miraba con sospecha el fru fru de las sayas y, en especial, las ideas expresadas con firmeza por las mujeres. 

Hace pocos días fui invitado por Martha Cecilia Bustamante De la Ossa, científica, y egresada del Instituto Calarcá a la conformación de la Asociación de Exalumnas y amigos de esa Institución educativa, con el objetivo de coadyuvar y consolidar una tarea que desde decenios atrás se realiza allí, en un lugar tradicional del norte de ese municipio.

Ya muchos saben que Martha Cecilia, Física e historiadora de la ciencia, es una connotada escritora de su campo, condecorada y exaltada por las autoridades francesas, quienes advierten en ella valores y manifestaciones propias de una mujer de nuestro tiempo: rigurosidad, valentía, inteligencia y un carácter autónomo, cuya independencia, observada en ella y en sus posturas conceptuales, es un orgullo para esa tradición del ejercicio del libre albedrío tan propio de otros momentos en nuestro pueblo. Martha Cecilia, se advierte, tiene y declara opiniones e ideas propias, horneadas y caldeadas en sus profusas lecturas de los clásicos y de las teorías del conocimiento.

Ella vino, se juntó con Stella Alzate, Leda Inés Arbeláez, Marllie Alonso Gaviria, Alba Lucía Arbeláez, Isma Luz Beltrán, Miryam Téllez, Esperanza Franco, Amparo Ángel, y otras personas,  y configuró a EXALINCA, una agrupación de gestoras que desean hacer reverdecer y vigorizar los procesos educativos, desde la cultura y la ciencia. 

Como  lo reitera la presidenta de EXALINCA, Martha Cecilia, la cultura y la ciencia son dos dimensiones de una realidad, toda vez que ambas conforman una entidad del conocimiento, solo separadas por la manía de algunos por escindir, por razones de uso o de conveniencia, lo indivisible. 

Ellas, las integrantes de la Asociación, de EXALINCA, pretenden sumar y agrupar deseos y utopías por Calarcá, ahora inmersa en la nueva administración en una dinámica de renacimiento.


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