El Quindío está colmado de magia y hermosura, preciosos parajes, paisajes incomparables y manifestaciones sobrecogedoras del talento del Gran Artista, que ha pintado con derroche y casi con descaro diversos colores, sobre las alas de aves y mariposas, los pétalos de las flores, los tapices de césped y las copas de los árboles. Cada territorio … Continuar leyendo
El Quindío está colmado de magia y hermosura, preciosos parajes, paisajes incomparables y manifestaciones sobrecogedoras del talento del Gran Artista, que ha pintado con derroche y casi con descaro diversos colores, sobre las alas de aves y mariposas, los pétalos de las flores, los tapices de césped y las copas de los árboles.
Cada territorio posee particularidades que lo hacen digno de las miradas más exigentes, sería necesario escribir un libro – o muchos – a cada uno de estos 12 municipios, que resumen lo más hermoso de la naturaleza, la arquitectura y la tradición.
Y en la mitad del paraíso, como gema preciosa de la Cordillera, en el sur del Quindío; en lo alto de la montaña, donde se reciben con la misma intensidad el aire frío y el calor de los rayos del sol, está un balcón al infinito, un lugar asombroso que aunque pequeño en extensión, es inmenso en posibilidades.
Se trata de Buenavista, a donde se llega disfrutando un camino de heliconias y guaduales, que ponen de fiesta al corazón con sus múltiples tonos de verdes, rojos y amarillos. La entrada al Municipio es un abrazo de calidez y recorrerlo, un deleite para los sentidos, porque mientras va llegando al olfato el aroma del mejor café, recién molido, van entrando por los ojos los tonos brillantes de la arquitectura, que hace parte de la expresión del Paisaje Cultural Cafetero.
Cada edificación es un balcón natural, pues desde todo lugar se puede contemplar la inmensidad, ese sur quindiano que atrapa el alma desde el primer encuentro y la planicie de los municipios del norte del Valle – hermanos nuestros –.
También los cultivos del café más suave – esos que nos definen, nos proyectan al mundo y nos enorgullecen – y los lugares que se han ido consolidando, en la mitad de los cafetales y platanales, como un hospedaje desde el que se puede contemplar el cielo estrellado e ingresar al mundo de los sueños, mientras la mente divaga por mágicas constelaciones.
El legado de los abuelos fundido en las calles, junto con los ecos de las risas y los pasos de los niños… Las flores derramándose por las ventanas, guayacanes, san joaquines y veraneras, el aroma del oxígeno limpio, que al ingresar a los pulmones, acaricia y la autenticidad dispuesta en cada café de plaza, donde los campesinos arriban en día de mercado para refrescar el sudor de la siembra con una bebida, ahogar las penas del día o mojar la palabra en el incomparable café…
La Madre Tierra extendida en la plenitud de la vida, preparada para los aventureros que vuelan en parapente, solo para mirarla mejor y los paladares dispuestos para la gastronomía del lugar, helados de frutas exóticas y sabores impensables: chontaduro, chulupa y aguacate, hacen parte de un abanico sin igual…
Un lugar para visitar, regresar y mantenerse, para conectar con la esencia de lo que somos: montaña y aventura, devoción y peregrinaje, audacia y asombro, alegría y hospitalidad, recogimiento y mística, amor por la tierra.
Este balcón al Infinito resume lo maravilloso, es orgullo del Quindío y el lugar a donde cualquiera quisiera llegar, para no marcharse nunca.
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