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Hombre y mujer

Óscar Piedrahíta

lunes, 22 marzo 2021

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El 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la Mujer, en medio de flores y dulces, reconocimientos y palabras hermosas, para exaltar la parte dulce de la creación, lo femenino. También para ratificar el compromiso de la sociedad con la renuncia consciente a toda forma de violencia, explotación o exclusión y la búsqueda … Continuar leyendo

El 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la Mujer, en medio de flores y dulces, reconocimientos y palabras hermosas, para exaltar la parte dulce de la creación, lo femenino. También para ratificar el compromiso de la sociedad con la renuncia consciente a toda forma de violencia, explotación o exclusión y la búsqueda de la igualdad en cuanto al respeto de la dignidad y el acceso a derechos.

El 19 de marzo se conmemoró el día del Hombre, como un propósito de igualdad y reconocimiento del género masculino, que tiene lugar en esta fecha por San José, padre adoptivo de Jesús y patrono universal del catolicismo, proclamado por el Papa Pío IX en 1621. Aunque tiene conexión con la religión, se ha convertido en la fecha para exaltar a estos seres, que se identifican con la fuerza y el apoyo, que son baluartes de los hogares y semilla de la cual surge la vida.

Debemos pensar en la relación entre hombres y mujeres, apreciar las diferencias que existen entre nosotros y que lejos de confrontarnos deben unirnos, en una mutua capacidad para el asombro y la admiración, el reconocimiento y la comprensión del sentido de complementariedad y equipo que debe regir nuestras interacciones en todos los niveles. 

¿Cómo construir equidad, respeto y valoración desde las diferencias?

Primero. Combinar fuerza y vulnerabilidad. El hombre se caracteriza por ser recio, con capacidad para el trabajo físico y resistencia muscular. Esto en muchos casos va acompañado de dureza emocional y dificultad para experimentar y expresar sentimientos. La mujer es suave, esto se puede traducir en debilidad, pero también en vulnerabilidad. Necesitamos hombres que sigan siendo fuertes y se den el permiso de la fragilidad, especialmente en el plano emocional, y mujeres que sin perder delicadeza, sean más fuertes en su carácter y decisiones.

Segundo. Equilibrar razón y emoción. En teoría el hombre destaca por su cerebro y la mujer por el corazón. Puede decirse que el primero es más racional y la segunda, más emotiva e instintiva. Se trata de poner mente al corazón, para que el amor vea con claridad y también de iluminar con lo emotivo, la frialdad que a veces tiene lo meramente racional.

Tercero. Enriquecer la multifuncionalidad con orden y enfoque. Las mujeres somos multitarea, tenemos la habilidad de atender múltiples cosas de forma simultánea, debido a los roles que con éxito debemos cumplir. El hombre es más centrado, direccionado en su tarea, hace una sola cosa al tiempo, con precisión. La idea es crear diálogos de habilidades, donde el orden que es propio de los hombres, apoye la capacidad femenina y siendo equipo, desde el respeto y reconocimiento de la identidad particular de cada cual, se logren buenos resultados.

Cuarto. Abriendo el corazón y la mente. Para entendernos en las diferentes formas que tenemos de ser, ver el mundo, expresarnos y hacer las cosas, es necesario que seamos francos y honestos, con sentido de aprecio por el otro, viéndolo como un igual, no como alguien a quien sobrepasar o maltratar, tampoco de quien aprovecharse o servirse, sino como un ser único, valioso, insustituible; diferente en muchas características, idéntico en dignidad, con quien se puede construir en mutua confianza y cooperación. Hemos de encontrar caminos para la armonía y edificar juntos, no enfrentados, un mundo mejor.


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