Mucho se ha dicho sobre la inscripción de la iniciativa para revocar el mandato del alcalde de Armenia, José Manuel Ríos Morales. Como siempre, hay voces en contra y a favor, cada una con sus argumentos. Los mecanismos establecidos en la Constitución y la ley son para usarlos, por algo vivimos bajo un Estado Social … Continuar leyendo
Mucho se ha dicho sobre la inscripción de la iniciativa para revocar el mandato del alcalde de Armenia, José Manuel Ríos Morales. Como siempre, hay voces en contra y a favor, cada una con sus argumentos. Los mecanismos establecidos en la Constitución y la ley son para usarlos, por algo vivimos bajo un Estado Social de Derecho en el que la participación ciudadana es esencial.
Sin embargo, es pertinente ir más allá de las opiniones y preferencias personales, trascender a esa costumbre de repetir como un eco conceptos ajenos y entender que, una figura como esa, no tiene que ver con a quien le simpatiza y a quien no un personaje, sino con el nivel de cumplimiento de una plataforma programática, contenida primero en un programa de gobierno y luego, en un plan de desarrollo.
La revocatoria del mandato es una figura vinculada con el voto programático, que en su filosofía tiene que ver con las ejecutorias y capacidades de transformación de quienes asumen el liderazgo en lo público. Entendido que no se trata de afectos o resquemores personales, sino de un análisis objetivo; de entrada se aprecia que puede ser prematuro y subjetivo proponer una revocatoria, aduciendo lo que se dice.
Hubo una campaña reñida, en la cual se presentó un abanico de candidatos con merecimientos personales y profesionales. Es importante decirlo: cada competidor tenía sus méritos y habría podido brindar un aporte al desarrollo, en un momento de la historia en el que más que nunca, era necesario recobrar la confianza, en los políticos, la política y el Estado. Difícil e inaplazable tarea.
La mayoría favoreció a Ríos Morales por muchos motivos: su carisma, la confianza inspirada, la empatía con la gente y la capacidad administrativa, entre otros factores que inclinaron la balanza a su favor. Pasadas las elecciones, termina la contienda y lo que procede es que los habitantes de la ciudad, rodeemos al líder para que torne en realidades los sueños de progreso que incluyó en su ideario. Así debe ser: reconocer la victoria y avanzar, hacia el futuro soñado y compartido, entregando cada quien lo mejor de sí, dejando atrás las divergencias partidistas y personales, buscando en unidad y armonía las mejores maneras de hacer las cosas, inspirados todos en ese anhelado bien común.
No ha sido así… Desde el comienzo han existido bandos y acciones orientadas a debilitar la legitimidad. Entre mareas turbulentas ha debido capitanear el alcalde de Armenia.
Hoy, 25 de enero de 2021, se conmemoran 22 años del terremoto que cobró 1.125 vidas y generó destrucción física, económica y espiritual en nuestro terruño… Sería el momento para concentrarnos en lo importante: el presente y futuro de nuestra ciudad, las estrategias para hacerla más competitiva, el mejoramiento en las condiciones de vida, la superación de la pobreza, la inseguridad y el delito, la construcción de mejores niveles de convivencia familiar y ciudadana. Urge dejar de poner talanqueras y tomarnos de las manos, entendiendo que lo que nos une es más importante que aquello que nos distancia y dejar de atacar, porque se resta energía, se genera desgaste y se pierde tiempo… valioso tiempo en el que deberíamos estar pensando y edificando la Armenia que queremos. ¿Revocar para qué? ¿Otras elecciones? ¿Inversiones millonarias en procesos proselitistas? ¿Recolección de firmas en pandemia? Avancemos sin dilaciones y rodeemos al alcalde, para que dejemos atrás las divisiones y empecemos a mirar en la misma dirección, con idéntica intención y con toda la fuerza.
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