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Como caído del cielo

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sábado, 8 febrero 2020

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$1 millón de indemnización recibió la familia por el daño que causó el turista alemán.

Solo una serie de casualidades hicieron posible que la caída de un hombre desde el cielo terminara en anécdota, en lugar de tragedia. Todo comenzó la tarde del martes 4 de febrero, hacia las 3:30 p. m., una fuerte corriente de aire envuelve el parapente de Ramón Walter Citoler Harman, un ciudadano alemán que volaba en dirección al estadio Centenario de Armenia, la ráfaga lo sorprende y lo lleva a intentar un aterrizaje de emergencia, pero, a pesar de su pericia, su parapente se enreda en los cables del servicio público de energía y con su cuerpo atraviesa el techo de la vivienda localizada en la manzana B, número 29-09 del barrio 14 de Octubre de la capital quindiana.

Por fortuna para doña Luz Stella Sánchez, la casa se encontraba vacía, ni su esposo, ni su hijo, ni ella misma, porque cuando la llamaron a avisarle de que había un hombre herido al interior de su hogar, lo único en que pensaba era en que se encontrara bien. “A mí no me dio susto el daño de la casa, yo tenía miedo de encontrar una persona muerta”. 

Antes de llegar, los vecinos estuvieron a punto de derrumbar la puerta, porque la amiga donde doña Luz Stella suele dejar las llaves, casi no aparece.

Sin embargo, cuando los bomberos, los socorristas de la Cruz Roja y los policías lograron ingresar, se encontraron un hombre rubio, alto, de mediana edad, tirado en el suelo, que solo se sabía hacer entender por medio del dolor. Junto a él, restos de tejas, de icopor y de muebles. Una increíble precisión del destino evitó que en la caída dañara la pecera que alberga los 30 pececillos de la familia. 

Momentos antes, llegaba a su casa, localizada en los bajos de la misma vivienda, Juan Camilo Méndez, un joven licenciado en lenguas modernas, que trabaja como profesor de inglés en una institución educativa de Génova. Cuando vio el paracaídas sobre los cables de la energía y la romería alrededor de su casa, quiso tener una foto para el recuerdo, luego, cuando descargaba su maleta, unos vecinos lo llamaron para que sirviera de traductor. 

“Me preguntaron que si sabía hablar alemán, les dije que solo inglés y entonces me pidieron que subiera y les ayudé con el cuestionario”.

Gracias a él, los organismos de socorro se dieron cuenta de que el aventurero teutón había despegado desde Roldanillo, en el Valle del Cauca, que quería caer en el estadio, que se quedaba en el municipio de Pijao y que estaba bastante dolorido del pecho y de una pequeña laceración en la cabeza.

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Cuando doña Luz Stella, por fin pudo ingresar a su casa, respiró tranquila, el alemán estaba herido, pero vivo. Después de que salió en la ambulancia, empezó con la limpieza. “Teníamos miedo de que fuera a llover y ahí mismo compramos las tejas”, recuerda.

Horas más tardes, Ramón Walter regresó para recoger el paracaídas. Acompañado de otro ciudadano alemán, que hablaba mejor el español, le ofreció disculpas a toda la familia, les pagó $1.000.000 en efectivo por los daños causados y les contó, a través, del amigo, que la caída no pasó del susto.


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