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El confinamiento y la desesperación en los barrios

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lunes, 20 abril 2020

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Sigue el recorrido de LA CRÓNICA por las diferentes comunas de Armenia, escuchando a los líderes y habitantes sobre los desafíos de vivir un aislamiento social obligatorio en una ciudad donde la mayoría vive de la informalidad y la independencia.

Han pasado 29 días desde que el gobierno nacional decretó el aislamiento preventivo obligatorio para detener el avance del coronavirus, tratando de evitar así que el sistema de salud colapse como ocurrió en países del primer mundo como Italia o España, donde la pandemia ha dejado un rastro de muerte y desolación, cuya población aún no ha podido asumir.

Sin embargo, el confinamiento en una ciudad como Armenia, donde el empleo informal supera el 57 % y la desocupación laboral está por encima del 15 %, se convierte en una ‘olla a presión’ a punto de estallar.

 Desde hace 2 semanas se empezaron a observar los trapos rojos en las ventanas de los barrios más populares de la ciudad, un llamado de alerta acerca del hambre que ya muchos padecen. Así mismo, el pasado jueves la comunidad del barrio Miraflores Bajo bloqueó, por unos minutos, la vía que conduce de Armenia a Montenegro, una manifestación pacífica reclamando las ayudas de la alcaldía. Se cansaron de esperar y prefirieron exponerse al contagio que seguir escuchando a los hijos clamar por un plato de comida.

En esta tercera entrega del especial ‘La cuarentena en los barrios de Armenia’, LA CRÓNICA percibió que el desespero se ha incrementado y se refleja en pequeños robos en los barrios e incluso en las amenaza a líderes comunales.  

Simón Bolívar, a gritos pidiendo auxilios

Miryam Sofía Rincón Pinzón es la presidenta de la Junta de Acción Comunal, JAC, del barrio Simón Bolívar, ante la cuarentena se dio a la tarea de realizar un censo para identificar cuántos de los 4.000 habitantes del sector no reciben subsidios del Gobierno Nacional y descubrió que 826 personas requieren con más urgencia de las ayudas.  

“Cada día se va viendo más difícil la situación, este es un barrio de la reconstrucción, aquí la mayoría no tiene empleo, la gente está desesperada porque muchos viven de la venta de tinto, de arepas, de bolsas, de frutas y verduras”.

Lo más preocupante es que ya ha sentido la agresividad de algunos vecinos, quienes creen que por ser la presidenta, les tiene que responder. “Me han dicho que me van a tumbar la casa a piedra, para poderlos calmar me tocó prender una cabina de sonido para dar a conocer los audios del alcalde, porque yo tampoco tengo nada”.

Sin embargo, doña Miryam no los culpa, porque reconoce que es gente que nunca ha pedido ayuda, que ha salido adelante con el esfuerzo de sus propias manos, pero que el  encierro le impide trabajar.    

“Hemos tratado de calmarlos, pero es muy difícil teniendo una familia encerrada con niños. La semana pasada iban a salir a hacer una huelga, pero los convencí de que no la hicieran porque temo que con una protesta nos terminemos contagiando a todos”.

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Encontrones con los policías

Al otro extremo de la ciudad, Johana Andrea Arroyave Valencia, habitante del barrio La Mariela, critica  la intolerancia de algunos policías que visitan la comuna, pues, según sus palabras, imponen comparendos sin entender la fragilidad del momento que atraviesan las familias.  

“Aquí hay personas muy pobres que no tienen qué comer, entonces salen a buscar y tienen encontrones con los uniformados, pero qué más pueden hacer”.

En cuanto a las ayudas, el pasado domingo la alcaldía de Armenia entregó alimentos en este sector, lo que mitigará un poco la dura situación de las familias y, además, permitirá que estos ciudadanos puedan, por unos días, acatar la medida de cuarentena.

  El ingreso solidario que prometió el presidente aún no llega, aunque a muchos les avisaron por mensaje de texto que sí eran beneficiarios”.  

Desplazados, los más afectados

En el Jardín de la Fachada etapa I, la crisis tiene un componente adicional, pues de las 300 familias que habitan en el sector, 100 son desplazadas por el conflicto armado colombiano. 

“Son ellos los que más están padeciendo. Muchas de las viviendas tienen su trapo rojo colgado en la ventana como llamado de auxilio”, relató Julián Mora, presidente de la JAC, quien relató que en temas de seguridad, el consumo de drogas no ha cesado con la cuarentena.

“Hay muchachos en la calle, grupitos que se reúnen diariamente para consumir, por eso necesitamos más presencia de la Policía para controlar esto”.

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Robos menores

Por el barrio Bosques de Pinares, la alcaldía ya pasó entregando ayudas a los más necesitados, sin embargo, hay muchas personas que siguen clamando por el fin del confinamiento, para poder salir a trabajar.

“Me he enterado de muchos vecinos a quienes les suspendieron el empleo mientras pasa la cuarentena y ya se están viendo a gatas para poder mantenerse”, dijo Carlos Alberto García Castañeda, presidente de la JAC.

Pero ese no es el mayor problema que se vive en la zona, la inseguridad ha empezado a aflorar. “En las noches han tratado de forzar las rejas de las viviendas y han atracado a personas que van al supermercado o a las carnicerías, les han quitado los productos o las carteras. Son hechos menores, no trascienden mucho, por eso la recomendación que les hago es ‘no dar papaya’”.


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