Durante el tedeum monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez instó a los armenios a ser sembradores de paz.
Trabajar unidos, dejar a un lado los egoísmos para mejorar como ciudad fue el llamado que hizo monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, obispo de la Diócesis de Armenia, durante la ceremonia de acción de gracias que se llevó a cabo este viernes en conmemoración de los 133 años de vida administrativa de la capital, acto en el que también recibió, en nombre de la Diócesis, la Orden Cordón de Los Fundadores.
La primera autoridad católica dijo que para ver una Armenia próspera es necesario que todos los ciudadanos derriben el odio, abracen la paz y siembren la justicia y la caridad.
“En ninguna parte del evangelio dice que Jesús viene a derribar al enemigo, viene a derribar el muro que nos separa. La sociedad quindiana, latinoamericana y mundial ha tenido momentos duros como la Covid-19, nosotros con el sismo de 1999, experiencias que han sacudido a la comunidad y despertaron la solidaridad. Cuántas personas siguen en nuestra sociedad esperando que se derriben esos muros que nosotros mismos levantamos”.
Dijo que para ello se debe pensar sobre qué está haciendo cada uno en su vida familiar y social: “¿Qué muros tengo yo que me están impidiendo un fortalecimiento de los lazos fraternos, que nos ayude a trabajar para que la sociedad crezca y sea próspera?, hoy tenemos que decir que en Armenia, el Quindío y los municipios hay un florecimiento profundo de que tenemos que salir a flote”.
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Agregó que es hora de actuar, de no quedarnos en el discurso: “No puede quedar esta tarea solo en el alcalde o el gobernador, debe ser una acción solidaria, que toque el corazón incluso de los más débiles, de aquellos que pueden ser indolentes”.
El obispo aseveró: “Algo debe pasar para superar nuestras indiferencias y la única manera es superar nuestras barreras es entender que es posible derribar esos muros. Quizás muchos de nosotros no somos capaces de tumbar esas barreras, pero es ahí cuando necesitamos la ayuda de alguien, de Cristo para derribar esos muros”.
Reconoció que en Armenia se levantaron muros y que cuando se logren derribar entenderemos el camino de la reconciliación, superar las indiferencias: “Cuando yo soy autoridad tengo que saber derribar ese muro, al aceptar al otro como hermano podemos emprender un camino a la reconciliación, remar juntos hacia el mismo lado”.
En segundo lugar, monseñor se refirió a que la paz y la justicia se deben abrazar. “Cuando hay caminos de reconciliación estos llevan a la construcción de la paz y la justicia. También es necesario entender que esa justicia social implica trabajar por los pobres”.
Agregó: “El único camino es unirnos, si no articulamos esfuerzos habrá un desgaste que nos consumirá y sentiremos que empezamos desde cero. Cada ciudadano es y debe ser instrumento de paz, ser un sembrador para la vida del otro, una tarea que no debe ser únicamente de los gobernantes”.
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En ese sentido, a los gobernantes los invitó a que “demos ejemplo, para no terminar poniendo al resto de la gente cargas que nosotros no estamos dispuestos a llevar. El buen ejemplo empieza en cada uno de nosotros”.
Y por último, motivó a la conversión, a ser sembradores de paz, justicia y caridad: “¿Qué le quieres regalar a la ciudad en sus 133 años?, importante pensar en el compromiso con los pobres, cómo superar el asistencialismo sin protagonismo. Lo podemos hacer, hay que reconocer el esfuerzo de los mandatarios, no podemos olvidar el pasado para no cometer los mismos errores. El presente es un regalo, es la oportunidad de levantarnos de nuestras miserias para luego, a través de la caridad, despejar grandes obras en favor de los necesitados”.
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