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El 31 de octubre, Marlon Sánchez recorrió la ciudad con su taxi decorado para revivir la tradición de Halloween y regalar sonrisas a niños y adultos.

Por las calles de Armenia, entre risas grabadas y luces parpadeantes, se escuchó durante todo el 31 de octubre el sonido peculiar de una carcajada. No era cualquier taxi. Era el de Marlon Sánchez, un conductor que decidió que su vehículo debía llevar algo más que pasajeros: debía llevar alegría.

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“Siempre me ha gustado ver a la gente reír, ver los niños contentos”, dice Marlon, con ese tono de quien hace las cosas por convicción. Él mismo diseñó y montó la bruja que adorna el techo de su taxi. Le puso música, luces y una risa que estalla cada vez que arranca el motor. “Me demore un día y medio subiéndola, pero valió la pena”, cuenta entre carcajadas reales.

 

Una alcancía para los dulces y los sueños

El 31 de octubre, mientras muchos se preparaban para pedir dulces, Marlon ya había contado las monedas de su alcancía. Durante varios días, los pasajeros que subían a su taxi podían dejar una pequeña donación: cien, doscientos pesos, lo que quisieran. Con ese dinero compró dulces que repartió él mismo en distintos barrios de Armenia.

“Yo no quiero que se pierda la tradición. Me gusta ver a los niños felices, porque muchos de nosotros no tuvimos infancia, ni alegría, y todavía hay quienes no la tienen”, explica.

La sonrisa como destino

Su iniciativa no pasó desapercibida. Conductores, transeúntes y hasta agentes de tránsito lo saludaban con sonrisas. Algunos le tomaron fotos, otros grabaron videos. “La gente me dice que qué bacano, que ojalá todos tuviéramos ese espíritu. Y eso es lo que quiero, despertar ese ánimo de reír y ver las cosas con alegría, no con preocupación”, dice mientras recuerda los rostros de quienes lo saludaron al pasar.

El taxi que maneja no es suyo. Pertenece a Jorge Leiva Autos, en la calle 19 con carrera 21. “Al principio mi patrón no quería, pero después me dijo: ‘Bueno, haz algo’. Me apoyó y eso fue una motivación muy grande”, cuenta agradecido.

De Halloween a Navidad, un mismo espíritu

La historia de Marlon no termina con Halloween. En diciembre también se disfraza de Papá Noel y decora el carro con el arbolito de navidad, con luces navideñas. Busca regalos para los niños de escasos recursos y los reparte con el mismo entusiasmo con el que conduce cada día.

 

“Yo fui niño y no tuve eso. Por eso me gusta verlos felices, ver a la gente sonreír. Nacimos llorando, pero deberíamos morir riendo”, dice con una sonrisa que resume su filosofía de vida.

 

El hombre detrás de la bruja

El 31 de octubre, cuando su taxi recorrió las calles iluminadas de Armenia, la gente lo reconocía al verlo pasar. “Ahí viene la bruja”, gritaban los niños. Y Marlon, desde el volante, sentía que su misión estaba cumplida: despertar el espíritu de Halloween y recordar que una sonrisa, por pequeña que sea, también puede ser un acto de amor.


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