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El obispo de Armenia invitó a reflexionar sobre las heridas que cada uno lleva en su corazón y deben ser sanadas para llegar al glorioso tiempo del perdón y la reconciliación.

Hoy, honrando la memoria de aquellos que ya no están y masificando la voz de valentía de quienes vivieron la historia para superarla, afrontarla y surgir de sus heridas, con el acto solemne de eucaristía y la ofrenda floral se conmemoró un año más de aquel terremoto que en 1999 sacudió las esperanzas de un pueblo, pero unió el valor y la fuerza para salir adelante toda una comunidad que renació entre las cenizas.

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El sector 20 del Parque Cementerio Jardines de Armenia, donde yacen los cuerpos inhumados de las víctimas del terremoto, fue el epicentro para que la iglesia católica, autoridades y gabinetes locales, las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y la comunidad en general, hiciera un alto en el camino y recordara el dolor de ese pasado, del que con resiliencia y fe fue posible renacer y darle un nuevo rumbo a la memoria presente y futura.

Así como lo expresó Monseñor Carlos Arturo Quintero durante su homilía, una de las reflexiones que surgieron durante este día que marcó la memoria histórica de la ciudad y el departamento, refirió a aquellas heridas provocadas por diversos episodios y problemáticas que no han sido sanadas; a superar el duelo y pasar la página de la historia para continuar viviendo sin la contaminación de un pasado doloroso e ingrato.

“Este momento nos permitió recordar el pasado doloroso, pero con un significado enorme el poder pensar en ese pasado y es que no nos quedamos en él, si miramos hacia atrás podemos ver todo lo que hemos hecho y lo mucho que hemos avanzado. El corazón del hombre tiende siempre a avanzar y a veces a bloquearse o retroceder, algo natural, pero que si es propio de los seres humanos avanzar, también es propio reconocer los errores y saber que aún no hemos elaborado muchos duelos de duros momentos que hemos tenido que afrontar en la historia”.

Partiendo del dolor del pasado, pero con la firme intención de edificar un presente digno de construir y escribir en los libros de la historia actual ‘con letras de oro y no de sangre’, el obispo trajo a colación la necesidad de sanar y asumir con valentía las heridas para convertirse en una luz capaz de alumbrar y ayudar al prójimo.

“Las heridas sanarán cuando cada uno asuma la responsabilidad como hijos de Dios, como ciudadanos, como miembros de una iglesia, cuando realmente cada uno se comprometa con su vida misma y con la de los demás siendo apóstoles y defensores de la vida, siendo luz para ayudar a hermanos que siguen la oscuridad. Nuestra actitud tiene que ser diferente, no es solo mirar hacia el pasado y reconocer los males y heridas, sino que tenemos que hacer algo para que esas heridas cicatricen y esos males no se vuelva a repetir en la historia”, acotó Monseñor Carlos Arturo.

Volver la mirada a la familia para transformar desde casa la realidad de la descomposición social actual, además, ponerle frente a las heridas y el dolor por las carencias materiales y espirituales que desencadenan en problemas de salud mental, latente en la sociedad quindiana, que son heridas del pasado, heridas del presente y de no curarse, heridas también del futuro; fueron temáticas cercanas y latentes en la actualidad que también hicieron parte de esta profunda reflexión.

“Hay que, desde la solidaridad, coadyuvar en la construcción de una sociedad más justa y humana, hay que comprender que articulándonos y ayudándonos todos podemos salir adelante y hacer de este departamento un paraíso o aquel ‘Edén Tropical’. Hay que recobrar la vista, abrir nuestros ojos y mirar hacia el pasado pero no para quedarnos allí, hay que mirar el presente y darnos cuenta de la belleza del paisaje quindiano, de la calidez de su gente, de la capacidad de amar que habita en cada uno de nosotros y así quedarnos con lo bonito, con lo que construye y no con lo que destruye; hay que quedarnos con todo aquello que embellece nuestra vida e historia”.

El espacio fue propicio entonces para extender la invitación a los mandatarios, y servidores públicos a trabajar por la unidad y la solidaridad para salvar las comunidades y superar las crisis y los momentos de dolor  y así lograr una paz auténtica y verdadera. Y a la comunidad, la invitación fue a ser testigos del amor de Dios, con una firme capacidad de no negociar los valores de la vida, la educación, la familia, defendiendo con alegría lo que se es, para evitar la contaminación de todo aquello que viene del exterior.

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“El camino es la unidad, de no ser así viviríamos desunidos, siempre, una iglesia dividida, fragmentada, sufre internamente pero también lleva sufrimiento y dolor a las comunidades. Cada uno de nosotros que estamos al frente de una institución, debemos ser garantes de unidad, porque la única manera de construir una sociedad es desde la unidad que no significa uniformidad, sino trabajar conjuntamente en la diversidad para superar los puntos álgidos de la sociedad”, expresó monseñor.

Así bien, la invitación final del obispo, incitó a la unión para construir conjuntamente un camino de fe y esperanza “convertirnos en peregrinos de esperanza. Cristo es la esperanza que no defrauda, levantémonos, unámonos, trabajemos juntos y hagamos de este departamento algo floreciente donde brille la justicia, el amor, la unidad y la paz. Hay que creer conjuntamente en que siempre es posible construir un nuevo amanecer; no hay que quedarnos mirando hacia atrás, por el contrario, démonos a la tarea de construir juntos un camino de fe y esperanza”, finalizó expresando Monseñor Carlos Arturo Quintero.

De la conmemoración religiosa a la artística y cultural…

Decidiendo pasar de la valiosa conmemoración religiosa, a una visión que integre la resiliencia de una comunidad que creyó en sus capacidades y se reinventó; el arte y la cultura, durante esta conmemoración se convirtieron  en el norte para hacer transición a aquellos hitos que marcaron el departamento del Quindío, como lo fue el terremoto.

Por ello se dispuso de una agenda de actividades enmarcadas en la conmemoración de esta fecha que trazó la memoria histórica de un pueblo, propuestas por la secretaría de Cultura departamental.

Felipe Robledo, secretario de Cultura departamental expresó que, “este sábado comenzamos a la 1:19 p. m., misma hora en la que comenzó este terremoto, con un mural denominado como ‘Epopeya de un pueblo’ entregado por Lisérgico; allí tenemos retratado a Hernando Gómez Agudelo, teniente coronel de los Bomberos Oficiales, quien además quedó bajo los escombros en este episodio tan trágico, pero sobrevivió; una muestra de la resiliencia y el empuje. Tuvimos el lanzamiento de ‘Rosas y Espinas’ de Alberto Rosas que conllevó también a una donación de libros y además, la lectura de los extractos de la novela ‘La vida en tiempos de muerte’ de la maestra Samaria Márquez”

Por su parte también se le dio apertura a las exposiciones del maestro Jairo Restrepo en el Mall Mogadores, adicional a las más de 33 exposiciones de artistas de talla nacional e internacional situadas en el salón Antonio Valencia. Mientras que en la Casa Musical del Quindío donde se retrataron artistas de talla nacional y aquellos locales como Därath entre otros que le cantaron a la resiliencia del pueblo quindiano en el terremoto.


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