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La arquitecta e historiadora María Eugenia Beltrán desmitifica la historia del ferrocarril en Armenia, explica el origen de sus bodegas, aclara la existencia de los llamados túneles y advierte sobre las deudas patrimoniales que persisten en la ciudad.

Durante décadas, el ferrocarril ha sido uno de los relatos más repetidos —y a la vez más confusos— en la memoria urbana de Armenia, túneles que muchos creen excavados como el de La Línea, estaciones que se asumen de carga cuando no lo fueron y corredores férreos cuya propiedad hoy sigue en disputa, para aclarar estos vacíos históricos, la arquitecta, historiadora y restauradora María Eugenia Beltrán, actual presidenta de la Academia de Historia del Quindío, recorre con rigor documental el pasado ferroviario de la ciudad.

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La llegada del tren y el edificio republicano

El tren llegó a Armenia en 1927, cuando aún no existía el edificio republicano que hoy es uno de los principales referentes patrimoniales del centro, dicha edificación fue inaugurada en 1929 y concebida exclusivamente como estación de pasajeros, no de carga, un dato que suele pasarse por alto en los relatos populares.

Posteriormente comenzaron a levantarse las estructuras que la ciudadanía conoce como “bodegas”, aunque técnicamente se trataba de galpones. Los primeros fueron construidos en materiales tradicionales como bahareque y guadua, reflejo de la tecnología disponible en la época. El conjunto se fue consolidando con tres galpones principales: el que hoy alberga la biblioteca, el del norte —actualmente con su techo colapsado— y, finalmente, el de mayor tamaño, hoy ocupado por el Maqui.

 

Un sistema pensado para el café y la exportación

Cada bodega tenía una función específica, la primera fue diseñada para el manejo de ganado menor; la segunda, para granos; y la más grande, para café, esta última cuenta con paredes más gruesas y un microclima interno que permitía conservar el grano sin mayores intervenciones técnicas, esa misma condición ha facilitado, años después, la adecuada conservación de las obras de arte que hoy reposan allí.

No es un detalle menor: Armenia fue una ciudad clave en la cadena exportadora del café. Las trilladoras se ubicaron estratégicamente cerca del patio de maniobras para facilitar que el grano pasara directamente de la finca al vagón del ferrocarril, rumbo a Buenaventura.

 

El recorrido férreo: conexiones y frustraciones

El tren conectó a Armenia con el Valle del Cauca, Risaralda y Caldas. Llegó a Montenegro, Quimbaya y Cartago, y una sola vez alcanzó Salento. ¿La razón de esta visita única? Nunca se terminó la conexión de rieles desde Ibagué, lo que truncó el proyecto de integración ferroviaria completa.

Los rieles recorrían lo que hoy es la carrera 16, pasaban por el sector del actual Centro de Convenciones y continuaban hacia Boquía. Muchas de estas trazas aún sobreviven, ocultas entre invasiones o cubiertas por el crecimiento urbano.

 

¿Había túneles? La desmitificación necesaria

Uno de los puntos más polémicos es el de los túneles. Beltrán es clara: en Armenia no existieron túneles excavados como se suele creer. Lo que hubo fueron tramos de trocha a cielo abierto que, con el tiempo, fueron cubiertos con bóvedas. En el recorrido ferroviario se identifican al menos tres de estos pasos, que hoy alimentan el imaginario colectivo del “gran túnel”.

El más conocido, que inicia cerca del intercambiador vial de la calle 26 y se extiende aproximadamente un kilómetro, sigue en pie. Está limpio, sin construcciones ni basura, y alberga un colector de aguas que no puede ser intervenido. Incluso se proyectó allí un museo lineal, iniciativa que nunca prosperó.

 

Patrimonio, disputas y deudas pendientes

La historia del ferrocarril también toca fibras administrativas y legales. Según Beltrán, el antiguo patio de maniobras fue rebautizado como “corredor férreo” por Invías, lo que ha generado una disputa por la propiedad del terreno, pese a que el municipio asegura haberlo pagado con recursos de la sobretasa a la gasolina.

Hoy, entre rieles invisibles y bodegas que resisten al tiempo, la historia del ferrocarril de Armenia sigue siendo una deuda con la ciudad: un patrimonio documentado, pero aún pendiente de ser plenamente reconocido, protegido y contado con la verdad que merece.


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