Alimento gratis, la gente que da limosna, expendios de estupefacientes con precios bajos y la permisividad de las autoridades, son los beneficios por lo que esta población prefiere la ciudad.
Los habitantes de la ciudad de Armenia han sido testigos de un incremento notorio en el número de habitantes de calle, una situación que ha comenzado a generar preocupación tanto en las autoridades como entre los ciudadanos.
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Esta problemática, que anteriormente se concentraba en sectores puntuales de la capital del Quindío, ahora se extiende por todo el territorio del municipio, evidenciando una expansión geográfica que refleja una situación social compleja.
En un recorrido realizado por La Crónica del Quindío se evidenció en imágenes, que esta población ahora se encuentra de norte a sur y de oriente a occidente.
“Antes no se veían en el norte de la ciudad, ahora rondan por todas partes. En el centro, en los parques, zonas comerciales, en diferentes barrios, por donde uno circula hay habitantes de calle, muchos de ellos consumiendo estupefacientes ante los ojos de todas las personas, incluidos niños, sin que las autoridades les digan algo, hay mucha permisividad en ese sentido”, aseveró Rosalba Pardo, ciudadana de Armenia.
La queja de la comunidad es general, pues estas personas no solo deterioran los entornos haciendo daños a la infraestructura, regando basuras y demás, sino que generan una percepción de inseguridad. Por esta razón piden a las autoridades llevar a cabo acciones contundentes frente al problema, sin dejar de lado la parte humana, pues estas personas, como todos, también tienen derechos.
Un problema generado por la misma ciudadanía
El alcalde de Armenia, James Padilla García, reconoció la problemática que tiene la ciudad, dijo que no es una situación nueva y que no es una responsabilidad solamente de la administración municipal, sino de toda la comunidad.
“En cada semáforo hay 3, 4 o 5 personas con el palo pegándole a las llantas o haciendo cualquier otra cosa, están en las esquinas o en la calle pidiendo plata y el problema es que a cada uno de estos habitantes de calle les llega su moneda o su billete, y esas mismas personas que dan limosnas son las que luego están criticando la situación”, mencionó el mandatario.
Además del dinero que reciben (la mayoría usado para el consumo de estupefacientes), el mandatario agregó: “Cómo se van a ir de Armenia estas personas en situación de calle, si todos los días a las 6 de la mañana tienen un desayuno gratis en la iglesia de San Francisco, si a las 6 de la tarde tienen comida gratis debajo de los puentes de la 26, si en las tardes los restaurantes del sector aledaño a la Cámara de Comercio les dan alimentos. No se van a ir nunca porque este es un vividero muy bueno y como si fuera poco el precio de los estupefacientes es el más bajo de toda la región”.
Aseguró que desde la Secretaría de Gobierno se ha prohibido la entrega de desayunos y alimentos en general en sitios públicos, como medida para evitar aglomeraciones de habitantes de calle.
Limitantes legales
Padilla García hizo referencia a una sentencia judicial del año 2006, que impide a las autoridades actuar de manera firme en estos casos. “La ley dice: cuando la autoridad va a tocar a una persona en condición de calle porque está cometiendo un delito contra la movilidad, el libre desarrollo, etc. La única competencia que tenemos es garantizar los derechos de estas personas”, expresó.
El alcalde pidió respaldo legal y normativo para abordar el problema de fondo, señalando que este fenómeno social no es exclusivo de Armenia. “Así están ciudades como Medellín, Cali. Si no cambia la legislación, este problema va a seguir y va a empeorar. Nuestra Constitución es muy garantista, da muchos derechos pero pocas obligaciones. Así es imposible resolver esta situación”.
Recursos para un centro de atención integral
James Padilla García reveló que la administración cuenta con un presupuesto de $1.200 millones destinados a la adecuación de un Centro de Atención Integral para Habitantes de Calle, el cual ofrecería atención médica, psicológica, alimentación, vestido y utensilios de aseo.
Sin embargo, lamentó que los esfuerzos sean infructuosos debido a la negativa de estas personas a ingresar voluntariamente a los programas de rehabilitación. “Vamos a los sitios donde hay veinte personas, todas consumidoras, y ¿cuántas levantan la mano para recibir ayuda?, ninguna”, afirmó.
Habitante de calle hace su propia denuncia: maltrato, abandono y falta de prevención
Con lágrimas en sus ojos y con voz quebrada pero decidida, Javier Fernando Flórez, un hombre de 55 años nacido en esta ciudad, rompió el silencio para denunciar públicamente los abusos que, según afirma, ha vivido en carne propia como habitante de calle y consumidor de sustancias alucinógenas. Su testimonio revela una dolorosa realidad que muchas veces permanece oculta tras los estigmas y la indiferencia.
Aseguró haber caído en el consumo de estupefacientes hace 11 años y estar en condición de calle desde junio del año pasado, pero rechaza ser etiquetado como delincuente. “La mayoría de habitantes de calle terminan metidos en la delincuencia porque no ven otra salida. Yo no soy así. He cometido errores por desesperación para conseguir lo que consumo, pero jamás he atacado o robado a otras personas. Yo mismo, en el sector en el que mantengo que es el de la clínica La Sagrada Familia, trato de evitar que otros lo hagan”.
“Somos golpeados por los que deberían protegernos”
Frente al maltrato y abandono institucional, esta persona afirmó que, por el mismo hecho de actuar cuidando la zona, ha sido golpeado e incluso herido con armas cortopunzantes por otros habitantes de calle, pero lo más delicado es que la Policía, que debería proteger a todos los ciudadanos, lo permite, y por el contrario, también lo agrede.
“Uno de los episodios más graves ocurrió hace mes y medio en el parque El Bosque. Allí, mientras consumía con una amiga en una zona alejada, porque no me gusta hacerlo en público, un policía se acercó y nos atacó. A ella le pegó en el pecho y le quitó todo. A mí me dio una patada en las costillas y me tiró escaleras abajo, por lo que terminé muy afectado por ese golpe”, relató.
Intentó identificar al uniformado, pero no lo logró. “Fui varias veces al CAI del Bosque con la descripción. Me dijeron que hay muchos policías así y que no sabían quién era. Pero ellos sí saben quién es”.
Hace pocos días, aseguró haber sido abordado por dos hombres armados con cuchillo y machete, entre ellos un ciudadano que ya lo había agredido con anterioridad. “Me iban a quitar todo, hasta la comida que tenía. Justo pasó una patrulla policial y dije en mi mente ‘gracias Dios, me van a ayudar’, pero se quedaron mirando y luego siguieron su camino sin hacer nada”, denunció con frustración.
No hay prevención, “nadie piensa en los niños”
El testimonio de Javier también pone sobre la mesa el abandono institucional en materia de prevención del consumo de sustancias psicoactivas, especialmente entre menores de edad. “No hay campañas en televisión, radio o prensa como antes, Mientras tanto, todos los días aparecen nuevas drogas, nuevos expendios. Se vende como si fuera caramelo”, afirmó.
Relató haber sido testigo de menores de edad, incluso niñas, consumiendo drogas y siendo víctimas de abuso sexual a cambio de una dosis. “Eso es algo que incluso a una persona como yo, que ya estoy perdido en el mundo de la drogadicción, me parte el alma, me deja destrozado. Nosotros ya no importamos. Pero piensen en los que vienen, en los niños. Yo he visto cosas horribles con los niños”, dijo entre lágrimas.
“No somos delincuentes, somos personas”
A pesar de su situación, Flórez aseguró que muchas personas en la ciudad lo conocen y confían en él. “Recojo basura, cuido carros, hago mandados. Yo vivo cerca de la clínica Sagrada Familia y la gente que trabaja o vive en la zona me respeta. No todos los que estamos en la calle somos un peligro”, afirmó.
Combatir expendios de estupefacientes
Antonio Benavides, residente en la ciudad, señaló de manera puntual que, si las autoridades quieren comenzar a atacar la problemática de habitantes de calle en Armenia, deben comenzar por atacar los expendios de estupefacientes.
“Para nadie es un secreto que estas personas viven por y para el vicio, es lo que las ha llevado a la calle, si ven que ya no es fácil comprar sus dosis, si ven que las autoridades comienzan a ejercer control en las denominadas ‘ollas’, de seguro no van a querer estar en la ciudad”.
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