Residentes de la zona norte de la capital quindiana alistan acciones con el objetivo de garantizar su derecho a la tranquilidad.
Uno de los sectores más conocidos y frecuentados en el norte de Armenia es el barrio Laureles, el epicentro comercial de la comuna 10.
Limita con otras zonas como Coinca, la sede principal de la Cruz Roja, la Octava Brigada, la Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ, y está cerca de escenarios de gran afluencia de público como el centro comercial Portal del Quindío, el hospital San Juan de Dios y la Universidad del Quindío.
Si bien este es considerado un sector residencial, se caracteriza porque se sitúa en la conocida zona rosa del municipio donde abundan discotecas, ventanillas y restaurantes, además cuenta con supermercado, almacenes de ropa, entre otros negocios.
De acuerdo con datos del Departamento de Planeación Municipal, en el 2017 estaba compuesto por un total de 43 predios, además se destacaba por sus zonas verdes que, incluso, se habían convertido en modelo de ‘diverciudad’.
Laureles comprende lo que eran los antiguos edificios de Coomeva —desaparecidos por efectos del sismo del 25 de enero de 1999— hasta la zona conocida como la Renault, de ahí se extiende hasta los edificios de Atlantis y parte de la carrera 19.
El problema del bullicio
El sector es una mezcla de comercio y área habitacional, una combinación que ha generado incomodidad en algunos de sus residentes, debido a la bulla frecuente.
Algunos de los establecimientos de entretenimiento como bares, ventanillas y discotecas existentes en el sector cierran entre 2 a. m. y 3 a. m., por lo que, el volumen alto de la música se volvió un ‘dolor de cabeza’ para sus residentes.
Liliana Jaramillo, presidente de la junta de acción comunal de Laureles, aseveró que el problema aumentó una vez las restricciones por la emergencia de la Covid-19 cesaron ya que se abrieron más establecimientos nocturnos.
“Cuando cierran los establecimientos comerciales la gente habla duro, hay personas en alto estado de embriaguez que generan conflictos o peleas, esto ha llevado a que los que viven en el barrio no puedan dormir y descansar como debe ser”, declaró Jaramillo.
Dijo que se atraviesa por un momento complicado. “Muchos residentes están enojados. Vemos que se han abierto muchos de estos lugares y no hay como un control a la hora de entregar permisos”.
Así mismo, Sonia Beltrán Franco, quien vivió por un tiempo en la zona y ahora cuenta con un negocio inmobiliario en Laureles, no ocultó que le gusta el barrio, pero señaló que se han presentado muchas dificultades.
“Se ha dañado mucho la tranquilidad que era su principal cualidad. Yo viví 7 años en la zona y conozco de muchos que ya están vendiendo sus propiedades porque están aburridos y las autoridades no se pronuncian o llevan a cabo acciones para que se mejore el aspecto”, dijo.
La problemática es frecuente desde los días jueves hasta las primeras horas del domingo o lunes cuando es festivo.
Además, los que están de fiesta, una vez cerradas las discotecas optan por ubicarse en el parque a seguir sus celebraciones.
Incluso de conjuntos vecinos como Altamira los han contactado con la idea de estudiar alternativas y medidas que lleven a la recuperación de la tranquilidad. La constante situación de bulla, de continuar la celebración en las calles ha generado también el aumento de la inseguridad en el sector.
“Hay presencia de habitantes de calle, de otros sujetos que no viven en Laureles por lo que uno empieza a sospechar y con problemas de consumo y venta de estupefacientes”.
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Acciones legales
De acuerdo con los habitantes del sector lo que más molesta es la falta de acciones de parte de las autoridades para contrarrestar estas problemáticas.
Inicialmente se avisó a la administración municipal, a través de la secretaría de Gobierno, así como a la gobernación y la CRQ —por el tema de los decibeles—, pero no recibieron la respuesta que los dejara satisfechos.
“Realizaron visitas a la zona para analizar la situación a partir de las querellas que presentamos, pero hasta ahora los resultados son pocos”, indicó Jaramillo.
La semana pasada sostuvieron reuniones con varios residentes con la idea de impulsar una nueva acción popular solamente respecto al ruido. “Hemos tenido en este caso la asesoría de la Defensoría del Pueblo para así entregar la queja y desde luego que las autoridades nos atiendan”.
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