Alberto Gómez Mejía, presidente del JBQ, cuestionó el protocolo para intervenir árboles que amenazan la seguridad de las personas.
Según el Jardín Botánico del Quindío, no se desarrolla de forma idónea el mantenimiento y la tala a las especies arbóreas en áreas urbanas y rurales, y al tiempo se aumentó el riesgo de un accidente, voceros de la entidad hicieron un llamado al diálogo y la concertación, donde las autoridades y fuerzas vivas del departamento se reúnan y estudien ideas para una mejor mejor disposición de aquellas especies sin vida y minimizar la posibilidad de ocurrencia de un accidente.
Alberto Gómez Mejía, presidente del Jardín Botánico del Quindío, indicó que ha notado que es amplio y dispendioso el trámite ante las autoridades ambientales para el corte de una especie que está muerta o para el mantenimiento, mientras la amenaza para la población o la infraestructura se mantiene.
“Lo que queremos como Jardín Botánico es dialogar a través de una mesa cómo vamos a manejar este problema que se ha venido presentando y que se incrementó significativamente, a la hora de la verdad nadie tiene el manejo. Es que talar un árbol muerto requiere de un permiso a la autoridad ambiental, que hay que hacer un acta, se volvió una diligencia bastante complicada, mientras que los accidentes se presentan”, agregó Gómez Mejía.
Para empezar a analizar la coyuntura con los árboles, citó el especialista que es importante vincular a este diálogo a los organismos de tránsito, las autoridades ambientales, las administraciones públicas y las oficinas de gestión del riesgo de desastres.
“Considero que se deben asumir compromisos claros al respecto: árbol muerto, se tala y se debe sustituir. Nosotros en el Jardín Botánico tenemos un vivero con árboles nativos y ornamentales que incluso alimentan a las aves para que sigamos teniendo esa marca en el Quindío de contar con la mayor diversidad de pájaros y al tiempo podamos superar ese problema que está crónico”.
Aunque por el momento ha manejado la propuesta de manera informal, sí ha notado interés de parte del Instituto Nacional de Vías, Invías.
Reconoció que se requiere de recursos para el cometido: “Se necesita personal especializado para talar un tronco y sus ramas, que maneje el tema de altura como lo exige la parte de riesgos laborales. Además se debe dar un manejo especial a los desechos que resulten de la tarea”.
“El mantenimiento igual, a partir de la siembra de la especie, que es quizás lo menos complicado, se deben realizar por lo menos 2 o 3 años de revisión para que puedan después sobrevivir por su propia cuenta, eso muy pocos lo tienen presente”.
Riesgo en lo rural
Gómez Mejía señaló que esta situación no se vive únicamente en los perímetros urbanos, recordando lo ocurrido el pasado 19 de febrero cuando una rama de una especie del parque Sucre se rompió, cayó e hirió a 2 personas.
Reveló que en las áreas fuera de la ciudad también persiste el riesgo y nadie ha tomado en cuenta esta situación.
“Es que nosotros hace 4 años efectuamos un recorrido desde la glorieta cerca al centro penitenciario de Peñas Blancas de Calarcá y hasta el aeropuerto El Edén, contabilizamos 111 árboles muertos que estaban en orillas de la carretera. No sabemos cuántos hasta la fecha se han caído, pero varios siguen ahí, ojalá no ocurra una tragedia para atender esto”.
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Siembra de especies nativas
Alberto Gómez Mejía manifestó que desde que se activaron las alarmas por la presencia de la Covid-19 aprovecharon ese espacio para la siembra de especies arbóreas nativas.
En ese sentido, señaló que “hemos plantado en distintos puntos del Quindío 45.000 árboles nativos, es una cifra muy importante para empezar a poblar la región y a la vez generar seguridad”.
Aunque manifestó que “hay saturación de especies no nativas en el departamento”, esta situación es también “un problema a nivel nacional”.
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