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Las entrañas de la ‘Cueva del Humo’ también necesitan atención 

socialmedia@cronicadelquindio.com

lunes, 29 marzo 2021

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Este lugar de Armenia concentra dificultades sociales derivadas del consumo de estupefacientes.

Transitar por la ‘Cueva del Humo’ es llegar a una vasta zona donde confluyen los barrios Cincuentenario, Berlín, Salazar y Miraflores Bajo. Hace unos 40 años solía pasar el tren por esta zona, ahora transitan el olvido y múltiples necesidades del ser humano. 

Aquí, en improvisadas viviendas, algunas levantadas sobre las ruinas de lo que fueron casas de maquinistas, viven personas en condición de desplazamiento, habitantes de calle, pero también adultos mayores y niños, quienes no tuvieron más remedio que llegar a este vecindario. 

Para llegar al lugar existen varios caminos, uno de ellos rodea el edificio de color amarillo crema de una mentada trilladora, en la que hoy sus ventanas rotas, sumadas a los vehículos abandonados de los patios del Setta, estrechan el camino por el que diariamente solo transitan los que conocen la famosa ‘cueva’. 

El equipo de LA CRÓNICA llegó al lugar para caminar, palmo a palmo, conocer uno de los sitios más temido por los armenios, al ser catalogado como centro de expendio, delincuencia y consumo de estupefacientes. 

El centro y la palomera 

En un punto denominado el centro de la Cueva, también conocido como Miraflores Bajo, había no menos de 6 personas en condición de calle, quienes no se inquietaron de la presencia de extraños para continuar su consumo alrededor de una hoguera improvisada. 

Uno de ellos, conocido como el ‘Erre’, hacía movimientos extraños con su cuerpo, efectos del denominado síndrome de la abstinencia y que en el lenguaje callejero se le conoce como ‘torqueado’. Los demás acompañantes consumían otras sustancias, entre pegante, bazuco, sin sonrojarse por la cercanía. 

En algunos puntos, el pasto y la maleza han alcanzado los 2 metros de altura, lo que según las autoridades favorece que algunos delincuentes se escondan en estos lugares sin ser sorprendidos. Hace más de 5 años no se poda, sin embargo, la administración municipal anunció que pronto iniciará labores en la zona. 

Al avanzar, aparecen otros residentes y personas que transitan por el sector. Algunos observan con sorpresa, otros siguen de largo. Al fondo se escucha una grapadora neumática, nos cuentan que se trata del trabajo de sellado de las bichas o pequeñas dosis de estupefacientes que se distribuyen en el mercado del microtráfico. 

También hay toda clase de basuras y desperdicios a nuestro paso. Allí terminan no solo escombros, también vertimientos de las casas construidas con lo que fueron pendones políticos, retales de madera y otros elementos que, de alguna forma, cubren del sol y el agua. 

Luz Mery Arango García, habitante de la carrilera, permanece conectada a un concentrador que le suministra el oxígeno. Tiene 71 años y recibe el auxilio de Colombia Mayor, lo que le permite mercar y comprar el gas. Dice que su ranchito tiene todo tipo de goteras y no tiene a dónde ir. El piso es de tierra desde hace 55 años que habita en el sector. 

“No hay con qué pagar arrendamiento y entonces armamos el cambuche. A mi hija la mató un carro. Vivo con otro hijo y desde hace 12 años me recetaron insulina de por vida. Por aquí cuando llueve se nos vuelve un pantanero”, manifestó.   

Cecilia Sánchez, administra una improvisada tienda con mercancía. Cuenta que llegó desplazada de la violencia desde el departamento del Meta. Una hermana le sugirió que llegara a la ciudad. Asegura que cada vez que se inunda la Estación por un aguacero, el nivel de agua llega al doble para los habitantes de la antigua carrilera y de la ‘Cueva’. 

Tiene una chatarrería que funciona en ese punto, aunque dijo que, en realidad, era el negocio de su hermana. Afirma que la recolección de material ha sido difícil por estos días. “Hace 15 años vivo aquí. Soy desplazada de la violencia de San Martín, Meta. Mi hermana vivía en este punto hace más de 25 años y ella fue la que me ofreció que me quedara. Ella fue damnificada del terremoto de Armenia y no le dieron casa”, dijo. 

Y agregó: “Uno vive aquí resignado, por el lado pasa una tubería que se colapsa cada vez que llueve y esto está ocasionando que el rancho se esté hundiendo y ni siquiera por ser desplazada nos dan ayuda”. 

 

Un riesgo social 

Según cifras de la Policía en el departamento en el Quindío, hay 1.232 personas en condición de habitante de calle, de las cuales 942 se encuentran transitando en Armenia; de ese número 300 tienen asiento en este lugar de la ciudad. Aunque pueden ser más, según los propios estimativos de las autoridades. 

El teniente coronel Carlos Andrés Valencia, comandante operativo de la Policía Quindío, es oriundo de Quimbaya, conoce bien este sector y recuerda cómo el pasado 25 de febrero hubo un homicidio de una persona conocida con el remoquete de ‘Morocho’, quien se encontraba en una de las casas del sector y fue ultimado por desconocidos con arma blanca. 

Muchas personas sufren enajenaciones por el consumo de sustancias, no tienen cómo tomar decisiones por ellos mismos. La institución es la única que hace una presencia permanente en el lugar, aun cuando esta problemática debe ser contrarrestada como una política de estado”. 

 

Necesita atención 

La semana pasada, el departamento administrativo de Planeación de Armenia se comprometió con iniciar la poda del lugar, algo que para los policías es un asunto prioritario, pues son ellos quienes diariamente transitan por estos caminos, a pie o a bordo de una motocicleta o vehículo llegan hasta las entrañas de estos sitios. 

“Venimos trabajando de una forma integral con las dependencias del orden municipal y departamental para lograr generar espacios que permitan la rehabilitación de estas personas. Venimos pidiendo que este sector sea podado para tener una mejor visualización, de tal manera que una acción urgente de la Policía, ya sea ante un hurto, una lesión personal o -Dios no lo quiera- una afectación a la vida pueda ser atendida sin inconvenientes. La poda debe ser permanente”, reiteró el oficial. 

Los niños, vestidos de una sonrisa, saludan a la Policía. También lo hacen los adultos mayores quienes piden alimentos o algún tipo de ayuda. En cambio, los más jóvenes, entre ellos consumidores de droga, pasan de largo al observar a los uniformados. No dicen nada, los policías tampoco. 

“La ciudad no cuenta con centros de atención integral de los que refiere la norma. Espacios donde deben ser llevadas estas personas que hayan protagonizado algún hecho. Por ejemplo, se presenta una pelea y no tenemos a dónde llevarlos. Sabemos que no es problema de la alcaldía, sino de la ejecución fiscal. Hay meses como diciembre, enero y febrero en los que no hay ejecución”, expresó el comandante operativo. 

Armenia también carece de un centro de atención transitoria para habitantes de calle como lo establece la ley 1641 de 2013, lo que, a juicio de las autoridades, limita su accionar.

No se rinden 

Uno de los edificios contiguos a La Estación estaba abandonado. Cuentan algunas personas del sector y que prefieren conservar en el anonimato su nombre, que este era destinado al consumo de estupefacientes, para violar niñas y hacer toda clase de actos contrarios a la ley, un espacio aprovechado por sus difíciles condiciones de acceso. 

Ahora fue tomado por una fundación, cuyos líderes tapiaron puertas y ventanas, y lo adecuaron para alojar un grupo de adultos mayores, además de 25 jóvenes que están en proceso de resocialización. 

El Centro de Atención Inmediata, CAI, El Bosque es el cuadrante que vigila esta zona. La comandante es la subteniente Karen Pinilla Tole. Ella conoce este punto con detenimiento. Señala que los habitantes de calle son inclusive más respetuosos que algunos ciudadanos, pero advierte que se requiere de un trabajo de todas las fuerzas vivas para recuperar la zona. 

Comenta que, paradójicamente, en la noche el sector de la ‘Cueva del Humo’ es más tranquilo que durante el día. Confiesa que este sitio es de múltiples complejidades sociales que requiere una intervención social de fondo, pues a veces quisieran ayudar más, y aunque tienen la voluntad carecen de la capacidad. 

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Una intervención en el pasado 

El 17 de abril del año 2013 tuvo lugar el más más reciente de los operativos en la zona. Ese día, desde las primeras horas de la mañana, cientos de uniformados hicieron una redada en este sitio. Más de 100 personas fueron sometidas a verificación de antecedentes, 4.000 dosis de estupefacientes fueron incautadas. Durante las semanas siguientes se cerraron los ingresos con vallas. Sin embargo, el avance en la seguridad se quedó en la memoria. 

En lo corrido del presente año se han presentado 100 capturas por los delitos de porte y fabricación de estupefacientes, lesiones personales, porte ilegal de armas, entre otros. 

“Venimos haciendo control todos los días buscando una reducción de delitos y motivos de policía. Invitamos a la comunidad para que continúe denunciando y para que, a través de un gran bloque, no solo de seguridad, sino también de la comunidad, podamos lograr que este sector de la ‘Cueva del Humo’ pueda salir adelante”, puntualizó el comandante operativo.   


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