En el 2020, según estadísticas del Dane, viajaron 25.207 mujeres del Quindío a países como Estados Unidos y España, los 2 destinos de mayor elección.
La migración es un torrente, una red que se extiende por todo el mundo. Un impulso que conlleva a que en Latinoamérica -aunque este no es un fenómeno exclusivo de esta región del planeta-, cada año, miles de personas abandonen sus hogares para emprender un periplo con la aspiración de un futuro mejor. Aquellos anhelos de conseguir un trabajo y lograr un porvenir distinto para los suyos, suelen empujarlos a destinos como Estados Unidos -en su mayoría-, España, Chile, Ecuador, Panamá, Canadá, Australia y México.
Las cifras para calcular cuántas personas migran son imprecisas debido a la ilegalidad y clandestinidad que con tanta frecuencia propicia esta práctica. Se estimó que en el 2019 había más de 2 millones de colombianos que vivían en el exterior. En las estadísticas de migración internacional del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, Dane, para ese mismo año, los indicadores demográficos de emigrantes del Quindío fueron 23.010 personas, de las que 12.360 correspondía a mujeres entre los 30 y los 34 años.
Para el 2020, los indicadores demográficos de emigrantes de este departamento se doblaron. Las cifras indican que fue de 47.922, de las cuales 25.207 eran mujeres, en su gran mayoría, entre los 30 y 34 años, seguidas en cantidad por mujeres de los 35 a los 39 y de los 25 a 29 años.
Las causas de la migración -tanto para hombres como mujeres- suelen estar relacionadas, buena parte de las veces, por la búsqueda de opciones laborales, el deseo de aprender un nuevo idioma y el acceso a una educación superior de mejor calidad. Se suman factores como la globalización, violencias internas y las crisis económicas y sanitarias.
Para llegar a sus destinos, algunas viajan como turistas y culminado su permiso en el país continúan de manera ilegal, otras viajan mediante programas de intercambio que prometen una experiencia increíble a cambio de trabajar como cuidadoras, pero también, hay mujeres que deciden atravesar las fronteras caminando, ocultas en camiones mientras ruegan no ser reportadas al llegar al límite de un país y el otro en el que palpitan todas las posibilidades para realizar sus sueños.
Estas son las historias de 3 jóvenes mujeres que desde hace un tiempo viven con la marca que, aunque invisible, divide siempre al migrante, al extranjero, de los otros.

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Katherin Serrato Holguín, nació en Bello, Antioquia, tiene arraigo en el Quindío porque su padre vive aquí. Tiene 23 años y vive en Estados Unidos desde hace 15 meses. Sus planes de viajar empezaron mientras terminaba su pasantía para graduarse como comunicadora social – periodista en la Universidad del Quindío. Contó que no tenía claro qué hacer tras finalizar sus estudios y como anhelaba mejorar su dominio del inglés y vivir la experiencia de estar en Norteamérica, decidió acceder al programa de Au Pair -interna en una casa-.
“Para esto, se realiza un proceso con una agencia, hay varias en el mundo. Me llevó casi 5 meses porque uno debe hacer entrevistas en inglés, enviar muchos documentos y elegir la familia. Los requisitos que se deben cumplir son tener menos de 28 años y estar cursando o haber terminado un pregrado, contar con experiencia en cuidado de niños y un dominio del inglés, como mínimo en B1”.
A Pensilvania llegó en agosto del 2021. Las familias suelen pagar a la agencia alrededor de mil dólares, pero a las niñeras les pagan $195 dólares por semana. Ella planeaba vivir 2 años allí, periodo en el que estaría en el rol de niñera, sin embargo, por dificultades de salud la obligaron a cambiar.
“Pasé por muchas cosas estando lejos. Uno se siente muy solo porque el inglés es una barrera enorme. Así uno conozca algo el idioma al escuchar a nativos no se entiende un carajo. Realmente fue una etapa muy depresiva, un reto enorme y mentalmente no estaba bien. A los 8 meses la agencia me echó porque estuve en el hospital entonces no era apta, según ellos, para cuidar niños y me cancelaron la visa. También hay un problema enorme de discriminación porque tú no puedes sentirte triste o enfermar porque eres un robot y eso no les sirve. No es la realidad que pintan que uno viene aquí y todo es felicidad”.
Como ellos culminaron su contrato, Serrato Holguín tuvo que cambiar su visa a otro estatus: turista. “Creo que estar en este país es suerte. No es fácil vivir aquí. La próxima semana expira mi visa. Una vez se vence entraré en un estado de ilegalidad, a menos que encuentre un abogado y me ayude, pero eso es muy costoso. Es muy complejo. No sé qué voy a hacer en este momento. Me da mucho miedo quedarme como ilegal. Dudo si volver a Colombia o continuar acá. Mi mamá me dice que haga lo que prefiera y mi padre que resista”.
Desde que salió de su rol de niñera, sus rutinas de trabajo, como mesera, titubean por las 14 horas diarias -entre viernes y domingos, días en los que hace 2 turnos-. El pago es tres dólares por la noche y doce por el día completo. “Ahora trabajo en restaurantes y todos mis compañeros son ilegales. Ellos me cuentan que han venido por el río, cruzando las montañas, saltándose el muro, caminando: es una parte muy humillante. Yo llegué en un avión y me pregunto cómo me voy a ir. Ya vi que puedo sostenerme sola, pero son tantas cosas”.
Para ella lo más complejo, además de las barreras del idioma y las dificultades para solicitar los documentos, es saber que regresa a casa y no habrá nadie quien le abra la puerta o la reciba, a pesar de que durante el día hay muchas personas que la rodean, la soledad, dice Serrato Holguín, es lo más duro.

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Jackeline Restrepo tiene 22 años. Antes de viajar trabajaba como dependiente en un almacén de ropa en Armenia y cursaba Licenciatura en Lenguas Modernas en la Universidad del Quindío. En diciembre cumplirá un año desde que culminó la travesía por la ruta conocida como ‘El Hueco’ por la que llegó a Estados Unidos.
“Quise migrar porque me sentía ahogada, atrapada. Pensaba que no iba a conseguir nada, ni iba a progresar en Colombia debido a las pocas oportunidades. Además de eso, me sentía súper insegura por las violaciones y desapariciones de tantas niñas allá en Armenia en el último año. Eran muchas las razones por las cuales no quería seguir allá”, expresó.
En un primer momento, planeó viajar a Bélgica, pero este destino le generaba dudas. Como su madre vivía ya en Estados Unidos y un tío proyectaba viajar por México, tomó la decisión de irse por la misma ruta con él. Para esto pagó a unas personas -que se comprometieron a llevarla de México a Estados Unidos- un total de cuatro mil dólares.
“Yo estaba muy consciente de todos los peligros y cosas que me podían pasar, pero yo quería lograr esto, quería estar acá y empezar de nuevo. Sabía que en este país podía cumplir lo que tanto he soñado. Viajé entonces el 16 de diciembre de 2021 a México. No obstante, me retuvieron 20 horas en un cuarto con otras personas, me quitaron mi celular, mis zapatos y mis pertenencias y me regresaron a Colombia, no me dejaron entrar al país. El 26 de diciembre volví a intentarlo y esta vez sí pude entrar a México, 3 días después viajé a otra ciudad que se llama Mexicali y fue allí donde crucé la frontera”.
Jackeline dice que le encanta Estados Unidos, ese es su sueño. “Me gusta el ambiente, las personas y las oportunidades que puedo tener aquí. Mi primer trabajo fue como distribuidora de papitas y dulces, pero la verdad es que, por ser mi primer trabajo, me explotaron muchísimo, pero salí de ahí y ahora llevo 7 meses trabajando en un restaurante italiano. Empecé haciendo las reservaciones y asignando mesa a los clientes. Después de 5 meses me pidieron que fuera mesera. Mi sueldo mensual depende de la cantidad de propina que me haga en un turno de trabajo, 7 a 8 horas diarias, a veces hago turnos dobles, pero solo una o 2 veces a la semana. No tengo garantías laborales porque no soy una persona legal”.
Por ahora, Jackeline Restrepo planea continuar en Estados Unidos. Desea hacer allí su vida, ahorrar, estudiar, conseguir una casa. Afirma que por ahora vive el presente y confía en que, en su momento, las cosas se irán dando.
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Lucía -quien prefirió no revelar su identidad- es tecnóloga en contabilidad y finanzas del Sena. Tiene 29 años y vive en Madrid, España, desde hace 3 años. Antes de viajar trabajaba para una empresa de colchones.
“Lo que me llevó a planear el viaje o a tomar tal decisión fue el deseo de una mejor calidad de vida para mi madre, ya que el dinero no me alcanzaba en Colombia. Mi madre necesitaba para ese momento una atención especial por parte de los médicos entonces decidí irme. La planeación se dio en 15 días. Comencé a organizar todo, visitando agencias y cotizando fechas”.
Viajó como turista. Por medio de un primo que vive allí conoció a unas personas, quienes le ayudaron a encontrar su primer trabajo. “Emigrar no ha sido fácil y más cuando vienes de un país que tiene una reputación tan mala. Lo catalogan a uno de muchas cosas antes de conocerlo o darle trabajo. Hay mucho racismo, a Colombia solo lo conocen por la droga, no por su belleza y cultura, aquí a las mujeres colombianas solo las piensan para estar en la cama”, relató.
Durante el tiempo que lleva en España ha tenido 3 trabajos, todos como cuidadora interna de personas mayores. Cuidó primero a un anciano durante 2 años y medio, tras la muerte de él encontró empleo con una señora -también mayor, en la que sufrió maltrato verbal y agresiones físicas-. Ahora acompaña a una pareja de ancianos. Allí solo accede a un salario mínimo, sin garantías como pensión o salud -si es una urgencia, puede acudir al sistema público, pero de no ser así, debe buscarla de manera particular-.
“En este trabajo no solo hago el papel de enfermera, sino también el de ama de casa y las costumbres son muy diferentes a las que estaba enseñada. No me pagan lo que debería porque soy ilegal y tampoco puedo reportar agresiones por este mismo motivo. Actualmente estoy en ese trámite para conseguir los documentos”.
Por ahora, Lucía sueña con volver a Colombia, no obstante, espera mantenerse en el país europeo. Allí quiere continuar su vida y construir una familia.
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