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Moribundas alejandrías

correo.oele@gmail.com

sábado, 29 febrero 2020

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El sector al que se mudó la biblioteca es complejo por cuestiones de inseguridad. El agravante es, según una fuente cercana, que no se realizó ningún tipo de estudio que se preocupara, primero, por evaluar las consecuencias de llevar a la Biblioteca Pública hasta allí, y segundo, por realizar acciones encaminadas a la recuperación del tejido social. 

Pasas por ellos tus manos blancas, veteadas por la vida. Texturas lisas, rugosas, de terciopelo. Tapas azules, amarillas, cafés, negras. Diversas tipografías en los lomos insinúan orígenes, Szymborska, Vilariño, Kafka, Cortázar, Kawabata. Formatos cuadrados, rectangulares y apaisados. Historias de venganza, amor, guerra, muerte, traición… Espejos precisos de la condición humana. Tomas uno y repasas sus páginas mientras intentas recordar tus primeros encuentros con ellos; sonríes, un cariño tibio crece en tus entrañas. Lo poco que has logrado entender de la vida se lo debes a las bibliotecas. Lamentas que en esta ciudad de autobuses rojos, sonrisas plásticas, paisajes sin café y bibliotecas inexistentes, tú, lector, ahora solo eres una quimera, un extraño proyecto de hombre. “Acá ni arden los libros, acá apenas preexisten como un rostro para siempre olvidado”.

 Me hablas sobre una ciudad con mar en invierno, visitada en un antiguo viaje de tu juventud. Allí, tu tiempo era absorbido por la vida cultural y la exploración de esos gabinetes en los que habitaban páginas y páginas. Recuerdas el club de cine, las charlas con escritores que te revelaron secretos, el grupo de lectura por el que conociste a grandes artistas, los talleres de literatura que sumaban autores a tu canon, los niños que burlaban la condición de silencio y con risas interrumpían al animador de lectura y a ti, te quitaban un poco el peso  de existir. Te sientas, de espaldas a tus estantes de libros y me dices: “Víctor Hugo dijo que cuando se abre una biblioteca, se cierra una cárcel. Bukowski, en un poema que le escribe a la Biblioteca de Los Ángeles, afirma que ésta lo salvó de convertirse en suicida, ladrón o en un tipo que pega a su mujer.  ¿Te das cuenta, Alejandra?” No te importa si respondo, buscas la respuesta en el aire. Luego insistes, “¿qué pasa con las bibliotecas en Armenia?”

 Primera historia —de ausencia—:

Este año la Biblioteca de Comfenalco —carrera 15 con calle 9— cerró sus puertas: el edificio fue vendido —según fuentes de la biblioteca—  a una corporación del sector salud. De los libros a los que se podía acceder —únicamente préstamo en sala—, una parte, los de literatura infantil y juvenil, fue llevada para la nueva sede de la institución en el barrio Granada —Detrás de la Parroquia Sagrada Familia—. Dado que este espacio es reducido, se estableció allí la sala bebeteca, infantil y juvenil, de manera que los libros que no caben en la categoría anterior fueron llevados al Instituto de Comfenalco, sede El Bosque, donde permanecen para acceso exclusivo de los estudiantes. ¿Qué sucederá con las actividades culturales que se realizaban en la antigua sede? Al preguntar a Marisol Artunduaga, coordinadora del área de cultura y bibliotecas de la caja, me informó que en el momento: “se está generando una agenda con el fin de realizar conversatorios, encuentros con escritores, donde haya cabida para esos adultos que ya no cuentan con el espacio físico.” 

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Segunda historia —de insuficiencia y apatía—:

La ley 1379 de 2010, mediante la cual se organiza la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, obliga a las administraciones territoriales y nacionales a que en cada municipio haya una biblioteca pública. Por esto, las administraciones municipales realizaron un acuerdo con la Biblioteca Jesús Duque Restrepo —Sociedad de Mejoras Públicas— para que la Biblioteca Pública Municipal —alcaldía de Armenia y Corpocultura—, pudiese compartir el espacio con la primera y aprovechar su buena ubicación. Hasta abril de 2017, estas estuvieron en la Carrera 13 #19-19. En dicha fecha, la Biblioteca Pública fue trasladada a la Antigua Estación del Ferrocarril con el fin de reactivar este lugar como espacio cultural.

El sector al que se mudó la biblioteca es complejo por cuestiones de inseguridad. El agravante es, según una fuente cercana, que no se realizó ningún tipo de estudio que se preocupara, primero, por evaluar las consecuencias de llevar a la Biblioteca Pública hasta allí, y segundo, por realizar acciones encaminadas a la recuperación del tejido social. Esto como era de esperarse, causa que lectores nuevos o frecuentes no se animen a visitar las instalaciones de la Estación. Sobre esto conversé con Sandra Patricia Suescún, Coordinadora Nacional de la Red de Bibliotecas. Su opinión fue: “Las bibliotecas públicas deben estar próximas a las comunidades, deben procurar reducir al máximo las limitaciones y barreras que puedan incidir en que las personas no hagan uso de ellas.”

 Tareas de la nueva administración serán: resolver este problema —no hay en Armenia otro lugar que cumpla las veces de la biblioteca pública, ni siquiera en cuanto al préstamo de material— y entender que las bibliotecas no son armarios en los cuales esconder los libros sino que deben ser centros de encuentro social e intelectual. A propósito, Suescún dijo: “No contar con el servicio de biblioteca pública es esencialmente un tema de vulneración de derechos  fundamentales y culturales reconocidos por la Constitución Política y por la Ley”. Hay que pensar cuál es la verdadera importancia que se le da a la Biblioteca Pública Municipal, máxime  teniendo en cuenta que esta es el único lugar de acceso al conocimiento para cualquier tipo de público, sin distinción alguna.

Referente a esto, Angélica Agudelo, directora del programa de Ciencia de la Información y la Documentación, Bibliotecología y Archivística, dijo que las bibliotecas públicas: “ son escenarios de participación ciudadana, convivencia, inclusión social, son lugares propicios para la búsqueda de conocimientos.  Así que, querido lector, responder a tu pregunta sobre las bibliotecas en Armenia me condujo por este recorrido. Me despido, te dejo en tu biblioteca personal con la esperanza de que la próxima vez que nos encontremos tengamos un sapito contento entre las manos que trae buenas nuevas.

Por Alejandra Ovalle P.
malejandraovallep@gmail.com


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