Ayer jueves 29 de mayo se celebró una eucaristía en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Armenia como homenaje póstumo a los miembros de la Universidad von Humboldt que perdieron la vida en el siniestro.
Ayer jueves 29 de mayo, monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, obispo de la Diócesis de Armenia, presidió la eucaristía como homenaje póstumo a los 10 miembros de la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt que perdieron la vida en el accidente de tránsito en el puente helicoidal de Calarcá, enviando un mensaje a las familias enfocado especialmente a no perder la esperanza.
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“Nos duele que ese grupo de jóvenes y docentes haya muerto en ese accidente… Consternación es la mejor palabra que identifica el dolor de toda una comunidad quindiana, de unas familias, de una comunidad universitaria. Nos cuesta quizás entender el misterio del dolor, el misterio del sufrimiento y el misterio de la muerte”, dijo Monseñor.
Relató que frente a la muerte siempre surge la pregunta: “¿Y por qué? ¿Por qué tuvieron que morir esos jóvenes que tenían la vida por delante, que estaban soñando su propia vida? Y se produce ese dolor tan grande, que genera una rabia que muchas veces es comprensible. Es una rabia contra la sociedad, una rabia contra las instituciones, incluso una rabia contra Dios. Pero hoy quiero decirles hermanos que no todo está perdido, tenemos que dar un paso significativo de ese dolor que estamos experimentando a la esperanza”.
Agregó: “¡Qué difícil! Pero debemos entender que la esperanza no defrauda y entender que la esperanza tiene rostro propio y que ese rostro se llama Jesucristo muerto y resucitado. Eso nos permite comprender que a pesar del dolor y el sufrimiento tenemos que seguir construyendo nuestra vida y nuestra historia”.
Reconoció que no es “Nada fácil para un padre y una madre que sienten que con la muerte de un hijo se ha arrancado algo de su vida. Cuando muere nuestro papá o nuestra mamá decimos que quedamos huérfanos, cuando muere la esposa o la esposa quedamos viudos, pero cuando muere un hijo, aunque hoy en España se viene promoviendo un término que es huérfilos, yo quisiera quedarme con ese sin nombre para decir que no se puede describir la muerte de un hijo, porque el dolor es desgarrador”.
Complementó: “¿Qué queda? Queda algo significativo y es la virtud de la esperanza. Pero también en esta eucaristía yo quisiera invitarles a pensar en valores fundamentales que debieran hacer parte de nuestra vida y nuestra historia comunitaria, como la fe, porque sólo desde la fe podemos comprender ese misterio de la vida y de la muerte y entender que hemos sido llamados a la vida y que nuestra vida se tiene que derrochar y construir al servicio de los demás”.
El obispo de Armenia señaló: “El apóstol Pedro decía que la esperanza es incorruptible, la esperanza es incontaminada y la esperanza es imperecedera, porque como decía el Papa Francisco, la esperanza sostiene nuestra vida, sostiene el camino de la vida a cuanto ese camino sea muchas veces tortuoso y difícil, porque la esperanza despierta una dimensión de futuro que no se queda en el mero optimismo, sino que despierta una dimensión de futuro en donde puedes darte cuenta que no puede haber pesimismo en la vida, porque la esperanza te hace ver el bien, incluso cuando piensas que es el mal que prevalece en el mundo”.
Monseñor invitó a dar el paso hacia la esperanza y a recordar a los seres queridos que ya no están, desde una dimensión espiritual. “Hoy es el momento para recordar con esperanza a estos hermanos y recordarlos significa cerrar los ojos y pensar en las cosas bonitas que nos dejaron en el corazón. Quédense con lo más bonito que recuerden de ellos, con una sonrisa, con sus travesuras, con sus ocurrencias, con la alegría, con los sueños que tenían. Hay que dar gracias al Señor por la oportunidad de haber compartido este tiempo con ellos, quizás no el que hubiéramos querido, pero hay que ser agradecidos”.
Concluyó que no se trata de olvidarlos. “No me estoy olvidando de esos seres amados, al contrario, los quiero recordar, los quiero traer a mi memoria, pero con una conciencia limpia y dejarlos descansar en paz”.

El mensaje leído por Diego Fernando Jaramillo López, rector de la CUE Alexander von Humboldt
Familias, amigos y acompañantes,
Con el corazón cargado de duelo y tristeza, la Corporación Universitaria Empresarial Alexander von Humboldt y la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, honramos a quienes con su ilusión, esperanza y alegría fueron parte de una comunidad académica que hoy, desconcertada por la tragedia y compungida por lo inexplicable, se reúne en un solo llanto, se solidariza con las familias y eleva una súplica por el eterno descanso de las almas de nuestros estudiantes, docentes y administrativo fallecidos en tan lamentable circunstancia.
Con cada uno de los estudiantes que perdimos, se va la ilusión y la vida de una familia, el potencial de una juventud de esperanza y el aporte de una inteligencia en formación; con cada docente que parte, las familias pierden un ancla y un soporte, y la academia, la propuesta de valor de una experiencia; con la pérdida de nuestro compañero de labores en la planta administrativa, su familia pierde su motor y la institución una vocación de servicio y un futuro de realizaciones.
La ausencia de todos ellos será un vacío permanente en nuestras vidas y en nuestra institución. Este es un punto de quiebre a partir del cual deberemos continuar con la misión irrenunciable de perseverar sus valores y propósitos misionales desde ahora, llevando en alto la presencia moral de quienes han partido dejándonos el claro ejemplo de su valor humano, de su juventud, de su dedicación, de una labor destacada y de un horizonte de realizaciones en construcción.
A toda la comunidad académica que hoy llora a los suyos, el llamado indeclinable a llevar como ejemplo de vida y de consagración a quienes hoy nos dejan; no existe mejor homenaje a una vida truncada que una propuesta de vida de esplendor, sacrificio, realizaciones y éxitos, sin abandonar nunca el amor entrañable a las familias, sin olvidar que la vida es un prodigio, un don y una responsabilidad que debemos enfrentarla con determinación y enfoque, más aun si vemos cuán fácil e inesperadamente se nos puede ir de las manos.
Para las familias, nuestro mensaje de sinceras condolencias; de ustedes conservaremos el recuerdo de quienes pusieron su fe y confianza en nuestro modelo educativo. Sabemos que nada podrá recuperar esta pérdida, sin embargo, mantendremos nuestro compromiso de acompañarlas en lo que esté en manos de la institución.
Nuestra Universidad está de lado de las familias, en ese sentido, exigimos a las autoridades celeridad y rigurosidad en las investigaciones, que permitan esclarecer los hechos que causaron este infortunado suceso.
Pensando en las familias de nuestros estudiantes que ya no están con nosotros, nuestra Universidad y la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, fundadora de esta institución de educación, decidimos realizar una ceremonia para otorgar grado póstumo a nuestros estudiantes que ya no nos acompañan.
Y a pesar del dolor por la pérdida de aquellos que nos dejaron, hoy damos gracias por la vida de nuestros 13 estudiantes sobrevivientes, a quienes seguiremos acompañando en su proceso de recuperación.
En nombre propio, como padre, docente y directivo, quiero expresar mi sentimiento de dolor y acompañamiento a las familias, cabe en mi alma el dolor que los aqueja; un llamado a mis compañeros de lides en la universidad a levantarse de este terrible suceso y retornar con fe y decisión a nuestra labor y, desde el fondo de mi corazón, a la juventud representada en nuestros estudiantes, el llamado a continuar con dedicación sus estudios; sin duda alguna, solo un camino de éxitos y realizaciones es merecido homenaje tanto para quienes partieron como para quienes hoy están con nosotros.
Mensaje desde la alcaldía de Armenia
Ninguna palabra alcanza a abarcar la inmensidad del dolor que deja la partida repentina de un ser amado. Incluso, ni siquiera el paso del tiempo suaviza la herida y con toda seguridad nunca borrará los recuerdos, los gestos, las sonrisas ni la presencia entrañable de quienes con profundo dolor despedimos.
Hoy, Armenia es una ciudad triste, profundamente conmovida, que se une en un abrazo solidario, desde el corazón, compartiendo el silencio y la oración.
Y es que en Armenia sentimos la ausencia de estos seres tan valiosos. Su partida no solo deja un vacío en sus hogares, también en el alma de nuestra ciudad, que los reconoce como hijos propios y por eso, también lloramos con ustedes.
Estamos seguros de que su memoria permanecerá como guía, como la luz que acompaña el camino que ahora continúa, con dificultad, pero también con la certeza de que el amor no muere: se transforma en fuerza, en presencia silenciosa y eterna.
Aquí estamos con ustedes, para que la esperanza y la paz les abracen cuando más lo necesiten y para que, con el tiempo, el recuerdo se convierta en honra y el dolor en amor agradecido.
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