LA CRÓNICA continúa su recorrido por estos puntos de encuentro de la capital quindiana, en esta ocasión por Los Aborígenes, Los Fundadores y Sucre.
Inseguros, sucios, descuidados, así describen algunos ciudadanos el estado de tres de los parques más representativos de Armenia: Los Aborígenes, Sucre y Los Fundadores, a lo cual se ha sumado la presencia permanente de vendedores informales, quienes, sin darse cuenta, contribuyen al deterioro de atractivos turísticos que hacen parte del patrimonio y la historia de la capital quindiana.
Como este medio informó recientemente, tanto el Club Rotario de Armenia como la Sociedad de Mejoras Públicas pretenden pasar una propuesta —independiente la una de la otra— para la administración de espacios públicos como glorietas y parques, las cuales estarán apoyadas con iniciativas de cultura ciudadana.

Según los vecinos, las personas en situación de calle, que duermen entre las zonas verdes son las que más ensucian el parque.
Parque Los Fundadores
Localizado entre las carreras 13 y 14 y las calles 1 norte y 4 norte, fue inaugurado en 1964 con motivo de los 75 años de la fundación de Armenia, se construyó en un lote que fue adquirido para tal fin en el año de 1937.
Se diseñó con la forma del croquis del municipio, con amplias zonas verdes, cascada y canales de agua utilizados para el esparcimiento familiar, recreación activa y pasiva. Hay diversidad de árboles como palmas de cera, cafetos africanos, pinos, palmeras, casco de buey, caracolíes, carboneritos, entre otros.
En este parque se encuentra el mausoleo de Jesús María Ocampo ‘Tigrero’ y su esposa Arsenia Cardona. El Tronco y el Hacha. Una placa en mármol alusiva a los gobernadores del Quindío desde Ancízar López López. El Tronco del Amor y una placa como homenaje a Antonio Nariño.
Durante el recorrido realizado por este medio se encontró que la gente, en términos generales, está contenta con la infraestructura del lugar, reconoce que todos los días hay operarios del aseo pendientes de recoger las basuras, sin embargo, advierte de la incultura de algunos ciudadanos que no les importa arrojar los desperdicios en las zonas verdes.
Aunque las bancas están en buen estado, muchas están rayadas y no todos las utilizan para sentarse.
Quienes permanecen en el parque alertan acerca de que personas en condición de calle tienen su dormitorio entre las zonas verdes. Además, sobre la proliferación de ventas ambulantes, especialmente de productos perecederos.
Sin embargo, lo que más les preocupa es la inseguridad, especialmente en las noches, pues la iluminación es tan escasa como la presencia de las autoridades, a pesar de que a pocas cuadras de allí hay un CAI.
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El ciudadano opina
Arturo Jiménez, visitante: “Es muy maluco pasar por ciertas zonas y percibir ese olor a orina y a heces, en especial donde se encuentra la placa de Los Fundadores. Yo creo que hace falta que alguien se apropie del lugar”.
Juan Gómez, visitante: “A mí me gusta venir al parque a leer, pero después de las 6 p. m. uno se siente inseguro, además porque es muy oscuro”.
David Vanegas, comerciante del sector: “Siento que hay un poco de descuido a nivel del municipio. Nos preocupa un poco la inseguridad, hace poco se presentó el robo de un muchacho en el paradero. Me parece que el parque está limpio”.
Ana Duque, visitante: “Nos falta mucha cultura ciudadana para cuidar los parques. El Tronco del Amor, el que trajeron de Maravélez, uno se asoma al interior y está lleno de basura, debería haber alguien pendiente”.
Lina Sánchez, visitante: “Yo visito cada ocho días la plazoleta de café, acá el ambiente es muy rico, pero el resto del parque no lo conozco. Yo trabajo por el sector y es relativamente seguro, aunque no sé cómo es la situación después de las 6 p. m.”
-Carlos Suárez, turista: “He venido varias veces y siempre he notado el incremento de las ventas ambulantes. Me gusta cuando el canal de agua servía, ahora es solo un criadero de mosquitos”.

​El mal estado de las sillas y la inseguridad son los reclamos más recurrentes frente a este parque.
Parque Los Aborígenes
Está localizado en la avenida Bolívar entre las calles 26 norte y 27 norte. Fue construido como homenaje a los antepasados porque en ese sitio se encontraron varias tumbas indígenas —1970—, durante el movimiento de tierra para la construcción del edificio de la Octava Brigada.
Se destaca una figura antropomorfa Quimbaya, Monumento a los aborígenes del barranquista Efrén Fernández Varón, donada por la Sociedad de Ingenieros del Quindío en 1989.
Según los vecinos del sector al parque pocas veces en el año le realizan mantenimiento de las áreas verdes y mucho menos de la infraestructura, lo cual se refleja en el mal estado de las bancas.
El ciudadano opina
Luis Alberto Nieto Patiño, empleado en una oficina del sector: “Por aquí hay mucha inseguridad, cuando se bajan las señoras de los buses les quitan las cositas. A pesar de que está la Octava Brigada en el sector, desde la garita no alcanzan a ver nada. Incluso se están metiendo al lote de enseguida a robar”.
María Arias, visitante. “Es muy triste ver cómo está de abandonado el parque, debería haber mayor acompañamiento de la alcaldía. Aunque, desafortunadamente, es un problema que se repite en todas las zonas públicas de Armenia”.

Junto al busto del Mariscal Sucre proliferan las ventas ambulantes día y noche.
Parque Sucre
Está ubicado entre las carreras 13 y 14 y las calles 12 y 13. Su construcción empezó en septiembre de 1910 por el señor Victoriano Villegas, se inauguró en 1918, pero en ese entonces fue conocido como Plaza Sucre, sin embargo, es considerado como el parque más antiguo de Armenia.
Lleva su nombre en homenaje al mariscal Antonio José de Sucre, héroe de la Batalla de Ayacucho. El dinero para la elaboración del busto del mariscal, que está en su interior, se recaudó con multas impuestas a los borrachos de la ciudad, es una obra de Vladimir Cortés.
Ha sido remodelado en varias oportunidades, pero siempre se ha destacado por su ceiba centenaria. También cuenta con una placa del poema A mi ciudad y el rostro de su autora, la poetisa quindiana Carmelina Soto. Además, hay una placa en homenaje a la artista María Teresa Hincapié. En el parque están instalados un reconocido café, el letrero gigante de Yo Amo Armenia, el cual está rayado y una fuente de agua con recreación para los niños.
Durante el paso por allí, LA CRÓNICA encontró la inconformidad de la gente con la incultura de parte de los comerciantes —formales e informales— en el manejo de basuras, algunos describen la situación como caótica por la constante presencia de ambulantes.
También expresan su desazón con la llegada de habitantes de calle, quienes utilizan algunas zonas como sanitarios.
A otros les preocupa la falta de sentido de pertenencia, la inseguridad y el consumo de sustancias sicoactivas a cualquiera hora del día.
El ciudadano opina
Asdrúbal Hurtado, visitante: “Este es un buen punto de encuentro, pero de un tiempo para acá, a uno le da miedo pasar por aquí de noche.
Hay muchos jóvenes como pendientes de quién se descuida. También hay mucha indigencia y gente pidiendo plata”.
Liliana Orozco, trabaja en el servicio público de baños: “Mucha gente se tomó el parque como el sitio para venir a beber y eso genera riñas. En el día uno ve la presencia de la Policía en ciertas horas, pero una vez se van los agentes, comienzan los problemas”.
Domingo Calle, visitante. “Acá a los señores de EPA les toca muy duro porque los comerciantes le pagan cualquier moneda a los habitantes de calle para que boten la basura en la zona y muchas veces se las dejan en el parque y como esas bolsas las abren, es muy común encontrar mucha suciedad, especialmente temprano en la mañana”.
Nora Cifuentes, quien trabaja en uno de los negocios alrededor del parque: “A mí me parece que una de las reparaciones que se deben tener en cuenta es que cada vez que llueve, la gente se cae por el mal estado del puente metálico que está sobre la fuente. Eso está lleno de rotos. Desde la alcaldía vienen y hacen remiendos, pero queda lo mismo”.
Jorge Rodríguez, turista: “A mí me gusta visitar el parque pero uno siempre se encuentra con personas que no lo quieren. Este letrero de Yo Amo Armenia parece que está destinado para que los niños se encaramen”.
