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Pese a operativos y comparendos, los residentes luchan para no perder su derecho a la calma y la seguridad

En las horas de la mañana, al mediodía y parte de la tarde, el sector de Laureles en Armenia respira calma. Adultos mayores caminan a paso lento por los senderos del parque, grupos de vecinos conversan, peatones pasan por el lugar, pero al caer la noche, el ambiente se transforma. El murmullo tranquilo se apaga para dar paso al estruendo de bafles instalados en la parte trasera de vehículos, el rugir de motos de alto cilindraje sin silenciador y el persistente consumo de estupefacientes.

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La situación se agudiza entre jueves y domingo cuando la afluencia de personas y el ruido se multiplican hasta altas horas de la madrugada.

Liliana Jaramillo, edil de la comuna 10, lo resumió con una mezcla de resignación y cansancio:   “Los problemas han disminuido, sí, pero no lo suficiente. Tenemos acompañamiento constante de la Policía y, en algunos fines de semana, operativos coordinados por la secretarías de Gobierno, de Tránsito y el Ejército. De alguna manera esto ayuda… pero el mayor problema sigue siendo el alto volumen de los bafles instalados en la parte trasera de los vehículos estacionados en la calle. Ni qué decir de las motos de alto cilindraje, sin exostos, corriendo por todo el sector”, expresó.

 

Al respecto, Daniel Jaime Castaño Calderón, secretario de Tránsito y Transporte de Armenia, dijo que desde la alcaldía se han ejecutado acciones permanentes y lo describió casi como una misión que no da tregua. “Todos los fines de semana, junto con la secretaría de Gobierno, la Policía y el Ejército, hacemos intervenciones. Y no solo sobre carros, sino también con motos que se estacionan en andenes y dentro del parque”, señaló.

Castaño Calderón aclaró que también se busca mitigar el riesgo de siniestralidad y controlar el consumo de bebidas alcohólicas y otras sustancias que se han tomado el espacio público. “Se hacen permanentemente controles en esa zona, de manera articulada con las otras instituciones de la alcaldía”, destacó.

 

El juego del gato y el ratón

En esos operativos, la presencia de la autoridad cambia el panorama, pero la calma dura poco. “Cuando la institucionalidad llega, todos corren. Media hora después, vuelven. Y no tenemos pie de fuerza para estar aquí toda la noche. El CAI Pórtico cuenta con solo dos o tres policías”, lamentó la líder comunal.

El parque, que debería ser un punto de encuentro familiar, se convierte entre jueves y domingo en escenario de consumo constante de estupefacientes. La edil lo describe como un ciclo sin fin: “Es un juego con la Policía. Ellos van, los sacan, ponen comparendos… y a la media hora están de nuevo allí”, repitió.

Para los residentes, el problema va más allá de la incomodidad del ruido o el olor del humo: se trata de una sensación de inseguridad latente que afecta el valor de las propiedades y el uso del espacio público por parte de niños, familias y adultos mayores.

Desde la Policía Nacional se enfatizó que este resulta ser un panorama complejo. “El tema de la regulación del ruido lo aplican las entidades gubernamentales, así como la invasión del espacio público”.

A pesar de ello, desde el cuerpo armado advirtieron que cuando un ciudadano incurre en este tipo de comportamientos contrarios a la convivencia, se aplica la Ley 1801 de 2016, Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana.

La institución reiteró que su misión es garantizar y proteger las condiciones de seguridad de todas las personas, sin distinción de género, raza, edad u otra condición, mediante patrullajes y revisiones constantes en los distintos sectores del departamento.

 

“Si se evidencia una conducta contraria a la convivencia, se actúa conforme a lo establecido en la norma. Estamos presentes las 24 horas del día, los siete días de la semana”, destacaron.

De la recuperación a la invasión

Stella Judith Olivero Márquez, miembro de la Junta de Acción Comunal del barrio, vive en Laureles desde hace más de dos décadas. Su casa, ubicada a escasos metros del parque —que alguna vez fue punto de encuentro para las familias— fue testigo de una difícil transformación. “Desde el 2020, cuando logramos la recuperación del parque, su arreglo y estructuración, comenzó también el problema”, contó.

Lo que en su momento fue celebrado como un triunfo comunitario coincidió con la llegada masiva de visitantes, el auge de nuevos comercios y, para sorpresa de muchos, el consumo de licor y drogas a plena luz del día.

“El olor a marihuana se siente desde dos cuadras antes de llegar. Y lo peor es que adultos, bajo los efectos de alucinógenos, se sientan en los juegos infantiles como si fueran bancas. Llegan en grupo, se instalan, y convierten el parque en su lugar de consumo”, relata.

Stella describe escenas que se repiten desde hace varios años: niños que deberían estar riendo en el parque, son reemplazados por hombres y mujeres que beben y fuman. La franja de la tarde, entre las 3 y las 4, que antes era ideal para actividades infantiles, hoy está tomada por adultos que consumen drogas sin mayor disimulo. “Es imposible llevar a los niños. Esa hora ya está perdida para las familias”, lamenta.

Desde la Junta de Acción Comunal han intentado recuperar el espíritu del lugar. Se han realizado actividades culturales, jornadas de limpieza y campañas de sensibilización. Pero, según Stella, el beneficio no ha sido para la comunidad residente, sino para los negocios y visitantes que llegan de otros sectores.

En sus palabras, el sector dejó de ser un espacio familiar para convertirse en una “zona rosa” improvisada, donde el consumo de licor es habitual, el ruido se prolonga hasta altas horas y la tranquilidad de los residentes se ha desvanecido.

 

La raíz del problema, asegura, está en las autorizaciones otorgadas a establecimientos de alto impacto. “Planeación es quien nos debe ayudar a resolver esta situación tan difícil, pero sabemos que personas muy influyentes tienen negocios aquí, y eso complica todo”, denunció.

 

En medio de ese panorama, el alcalde de Armenia, Jaime Padilla García, reconoció que el ruido es uno de los principales dolores de cabeza. “Nosotros, con nuestro nuevo secretario de Gobierno, Carlos Arturo Ramírez, hemos hecho operativos constantes en estos sitios”, comentó.

 

Al mismo tiempo, dijo que han ingresado a diferentes establecimientos que alteran el orden público por el exceso de sonido. “Ya hemos tomado medidas. Tenemos comparendos y, junto con la secretaría de Salud, se realizaron recomendaciones importantes. En caso de no acatarlas, esos lugares serán sellados definitivamente”.

Balance de controles y sanciones

El secretario de Gobierno, Carlos Arturo Ramírez Hincapié, habló sobre las acciones emprendidas. “Desde la alcaldía, la secretaría de Gobierno y todas las entidades que participan en temas de seguridad, tránsito y convivencia, hemos estado muy pendientes. Se han llevado a cabo muchos operativos; incluso, cada fin de semana se desarrollan intervenciones”.

“Hicimos un operativo para la retoma de este sitio. Se impuso un sinnúmero de comparendos, se realizaron inmovilizaciones, identificaciones y requisas en la zona. Esto se hace cada ocho días”.

La rutina ya está establecida: “En Laureles, cada semana tenemos un componente de la Policía Nacional y de SETTA, desde las 9 p. m. hasta las 2 a. m. por el tema del flujo de vehículos y personas en el sector”.

 

Entre el 1 de mayo y el 5 de agosto de este año, desde la Secretaría de Gobierno se reportaron nueve comparendos en este sector. De ellos, cuatro fueron por “consumir, portar, distribuir, ofrecer o comercializar sustancias psicoactivas, en el perímetro de centros educativos, centros deportivos y en parques” y uno por “consumir sustancias prohibidas en estadios, coliseos, centros deportivos, hospitales y en general espacio público”. Estas conductas se clasifican como comportamientos contrarios al cuidado e integridad.

 

En la categoría de comportamientos que ponen en riesgo la vida e integridad, se impusieron tres comparendos por “portar armas, elementos cortantes punzantes o semejante, sustancias peligrosas en áreas comunes o abierto a público, se exceptúa a quien demuestre que tales elementos o sustancias constituyen una herramienta de su actividad deportiva, oficio o estudio”.

También se impuso un comparendo por “incumplir, desacatar, desconocer e impedir la función o la orden de la Policía”.

 

En el marco de los operativos, la secretaría de Gobierno destacó el Plan Operativo Interinstitucional en Parques, orientado a cumplir el Decreto Municipal 218 de 2024, que prohíbe el consumo de estupefacientes en espacios públicos como parques, plazoletas y escenarios deportivos.

Dentro de las acciones desarrolladas se incluyen puestos de control y vigilancia, con participación de la Policía Nacional, el Ejército, gestores de convivencia, personal de Espacio Público y, según el sector, apoyo de Bomberos, la Secretaría de Salud o la Cámara de Comercio.

 

Cuando el ruido y la inseguridad vencen la tranquilidad

Rigo Avelar recordó el día que encontró su apartamento ideal en Laureles. Era un viernes por la tarde cuando llegó a Armenia, y al día siguiente, sin pensarlo demasiado, hizo la compra. “Era el apartamento más bonito que había visto: 170 metros, en un edificio moderno, tranquilo. Pensé que había encontrado el lugar perfecto para pensionarme”, rememora.

Pero todo cambió el 28 de octubre, cuando se mudó. “La sorpresa fue enorme. Me sentí como si estuviera en un barrio muy bajo”, dijo. “El problema no son los vecinos del barrio, sino la gente que llega de afuera, con un comportamiento irrespetuoso”, agregó.

Las madrugadas se convirtieron en batallas contra parlantes a todo volumen. “A veces bajo a las 2 o 3 a. m. y les pido que bajen la música. Me dicen que me vaya para mi casa. Yo les digo: el problema es que estoy en mi casa, ustedes son los que invaden nuestro espacio”. La mayoría de residentes son pensionados que buscaban tranquilidad y ahora viven entre ruidos y fiestas.

 

Usos del suelo y convivencia

Víctor Hugo González Giraldo, subdirector del Departamento Administrativo de Planeación Municipal, aseguró a La Crónica del Quindío que en cumplimiento de las funciones misionales, asignadas mediante el Decreto Municipal 264 de 2018, y en ejercicio de la actividad de Control Urbano de la que trata el Decreto Nacional 1077 de 2015, Planeación ha realizado y acompañado diferentes operativos en el sector del Parque Laureles; operativos en los que según González, se ha verificado que las actividades económicas que actualmente se desarrollan en los diferentes establecimientos de comercio guarden estrecha compatibilidad o relación con los usos del suelo permitidos para el sector normativo correspondiente.

“Esta actividad se realiza contrastando los certificados de Cámara de Comercio en cuanto a la actividad económica con las fichas normativas definidas para cada sector, en el caso específico del sector Laureles, le corresponde la ficha normativa “SN 4 – Sector Residencial en Renovación Urbana”.

No obstante, sostuvo que pese a que el uso principal para este sector normativo corresponde a un uso Residencial destinado a la vivienda unifamiliar, bifamiliar, multifamiliar y/o colectiva, también existen diferentes usos denominados compatibles tales como de servicio social (salud, cultura, educación, entre otros) y/o comerciales tales como hipermercados y grandes superficies, centros comerciales, superficies comerciales y supermercados, tiendas de proximidad, servicios de proximidad, locales de servicios personales y gastronomía, servicios de parqueo, entre otros.

Según el funcionario, las fichas normativas, definidas para los diferentes sectores de la ciudad se encuentran establecidas por el Artículo 14 del Acuerdo Municipal 304 de 2024, el cual modificó el Artículo 64 del Acuerdo 019 de 2009, (Plan de Ordenamiento Territorial de Armenia).

Detrás de la sede de la Cruz Roja vive Carlos Arturo Parra Ocampo. Entre pausas y reflexiones, insistió en que la salida no es cerrar todos los negocios. “Tanto los edificios como los residentes debemos participar en un programa de reconciliación y establecer reglas. Los establecimientos son necesarios, pero si tenemos un compromiso con la comunidad, tenemos que lograr que esto funcione bien. Obviamente, tienen que participar todos los sectores”.

El problemaque alrededor del parque muchas casas se venden y en su lugar abren establecimientos. “Ponen música hasta tarde y uno oye los comentarios de los vecinos… cualquiera pierde la paz que creía tener. No se puede convertir esto en un lugar para bafles estilo la costa. La idea es tomarse unos tragos y conversar, no invadir con ruido”.

 

“Además, el POT del 2009 ya no responde a la ciudad que tenemos hoy. No hay definiciones claras. Y quienes determinan qué establecimiento puede existir deben ser transparentes. No se puede permitir que registren un negocio como venta de comida y copas, pero cuando llega la Policía ni siquiera encuentran cocina. Eso es manipulación”.

 

Para él, la solución requiere medidas concretas: “Hay que establecer puntos residenciales claros, instalar cámaras, alarmas, contar con presencia policial o algún mecanismo que funcione. Incluso pensamos en tener un control ambulante los jueves, viernes y sábados por la noche. La mayoría de la gente que hace escándalo no es de este barrio; vienen de otros sectores y otras localidades porque aquí encuentran el escenario para hacerlo”, expresó.

“El control está en manos de la alcaldía y Tránsito”

En medio de las quejas constantes por el ruido en distintos sectores de Armenia —y con el Parque de Laureles como uno de los puntos más señalados—, la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) describió cuál es su papel en esta problemática.

 

“Nosotros hacemos mediciones de ruido ambiental y, para una ciudad con más de 100.000 habitantes, esa tarea implicó elaborar mapas de ruido, actualizados el año pasado, que incluyeron un nuevo punto de monitoreo en Laureles. Aunque, los resultados, se conocerán a finales de agosto”.

Pero advirtió   que el control no está en sus manos. “Es la alcaldía municipal quien tiene toda la competencia de vigilancia y control del ruido, especialmente en establecimientos comerciales, discotecas u otros lugares que lo generen. También le corresponde aplicar las medidas sancionatorias”, precisaron.

 

La historia es distinta con las motocicletas y los vehículos. En Colombia no existe una medición oficial de ruido para este tipo de transporte, y la única autoridad para actuar son las secretarías de Tránsito, que pueden detener un automotor bajo el Código Nacional de Tránsito.

 

“Si la moto o el vehículo está generando un ruido diferente al que debería, es Tránsito quien debe hacer los comparendos. Existe una sanción por modificación al exosto o modificación al pito. Nosotros, como Corporación Autónoma y según las normas ambientales vigentes, no tenemos competencia en ese tipo de mediciones”, puntualizaron.

 

Mientras tanto, la comunidad sigue esperando que el cruce de responsabilidades no se convierta en excusa para que el ruido —ese visitante constante en Laureles— continúe sin control.


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