El padre rompe el silencio. En entrevista exclusiva con La Crónica del Quindío, se refirió a la polémica tras el pronunciamiento de la Diócesis. Explicó su formación, su estado civil y cómo llegó a la iglesia San Juan María Vianney del barrio La Grecia donde ofició durante varios meses ceremonias religiosas.
El padre Guillermo de Jesús Zapata Arango rompió el silencio y tras el pronunciamiento de la Diócesis de Armenia donde aclararon que no pertenecía a su jurisdicción, explicó a qué comunidad religiosa pertenece y fue enfático en afirmar que no es ningún falso cura. Es un sacerdote y su único interés es profesar la palabra de Dios.
En la entrevista con La Crónica, publicada en el canal de Youtube. Zapata Arango asegura que su proceso formativo se dio dentro de una línea de tradición católica antigua. Según explicó, pertenece a la Fraternidad Apostólica María Madre de los Misioneros (IFAM), una iglesia veterocatólica con personería jurídica en Colombia.
Sobre su ordenación afirmó que la recibió y es válida dentro de esa estructura eclesial, la cual mantiene sucesión apostólica. “No soy sacerdote romano, pero sí soy sacerdote católico dentro de mi iglesia”, puntualizó.
Aclaró que su comunidad no está en comunión con el Papa ni pertenece a la jurisdicción de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, lo que marca una diferencia administrativa y canónica.
El padre se puede casar
El sacerdote explicó que su comunidad acepta el matrimonio de los curas, pero él particularmente ha sostenido el celibato. Sin embargo, señaló que si aparece su “Eva” no dudaría en formar una familia.
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Argumentó que dentro de la tradición veterocatólica a la que pertenece el celibato no es obligatorio para los presbíteros, a diferencia de la disciplina vigente en la Iglesia Católica Apostólica y Romana de rito latino.
“Mi estado civil no es oculto. En nuestra iglesia no es impedimento para el ejercicio ministerial”, afirmó.
Llegó a la iglesia por invitación
Sobre su presencia en la iglesia San Juan María Vianney del barrio La Grecia, donde permaneció durante varios meses oficiando ceremonias religiosas, sostuvo que fue invitado por el sacerdote que estaba a cargo en ese momento, con quien se conocía desde hacía muchos años y consideraba su amigo.
Allí comenzó colaborando en celebraciones litúrgicas cuando el párroco atravesaba una incapacidad médica. Negó haber ocultado su pertenencia eclesial y aseguró que su participación fue esporádica y de apoyo pastoral.
“Nunca me pidieron las credenciales, por eso nunca las mostré”, expuso el sacerdote, reiterando que en ningún momento actuó de mala fe.
Por su parte, la Diócesis de Armenia indicó públicamente que Zapata Arango no pertenece a la Iglesia Católica Apostólica y Romana ni cuenta con autorización para ejercer ministerio dentro de su jurisdicción.
A lo anterior sumó que si bien la comunidad es inocente frente a las ceremonias en las que participó no tiene responsabilidad moral. Sin embargo, las celebraciones no gozan de validez sacramental.
Celebró una ceremonia sacramental
Una de las situaciones que más preocupación suscitó fue un matrimonio que realizó. Sobre este punto, Zapata Arango sostuvo que el sacramento es válido dentro de su iglesia, en cuanto fue celebrado por un ministro válidamente ordenado.
Sin embargo, reconoce que dicha ceremonia carecería de validez canónica dentro de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, al no estar en comunión ni bajo su jurisdicción. Este hecho se presentó en julio del año pasado en Bosques de Pinares de Armenia.
Reconoció que al principio se negó a oficiarla, pero ante tanta insistencia porque no había quién la hiciera, la realizó de muy buena fe.
Lo que sigue para el padre
Tras la misiva de la Diócesis Zapata Arango aseguró que continuará ejerciendo su ministerio dentro de la fraternidad a la que pertenece y rechazando el calificativo de “falso sacerdote”. Pero asegurando que sabe que no puede poner un pie en la iglesia Católica Apostólica y Romana.
“No he engañado a nadie. Soy sacerdote, pero no romano”, enfatizó. Mientras la Diócesis mantiene su posición de desconocimiento, el caso ha abierto un debate más amplio sobre jurisdicción eclesiástica, reconocimiento canónico y las diferencias entre iglesias que se identifican como católicas en Colombia.
Al final, agradeció a todos sus feligreses, a todos quienes han comprendido su situación.
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