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Tejiendo Sueños, niños y jóvenes están saliendo de su condición de calle

socialmedia@cronicadelquindio.com

jueves, 28 julio 2022

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La iniciativa es del programa de la Pastoral Social de la Diócesis de Armenia y busca apartar a esta población de las calles y demás riesgos.

En solo 6 meses, el programa Tejiendo Sueños de Esperanza, de la pastoral social de la Diócesis de Armenia, ha atendido en su sede a 23 personas, niños y jóvenes vulnerables o en situación de calle.

Además, durante los recorridos, que llevan a cabo sus integrantes, fueron impactados con la atención otros 40 del sector de La Carrilera.

Este programa tiene como objetivo rescatar a la población infantil y juvenil de riesgos como el trabajo infantil, la explotación sexual y la indigencia.

La sede del programa está ubicada en la carrera 13 con calle 15 de Armenia y su propósito es resignificar la vida de los muchachos.

Mariana Cárdenas Martínez, directora de la casa Tejiendo Sueños de Esperanza, dijo que, gracias al equipo interdisciplinario, en cabeza del obispo de Armenia, monseñor Carlos Arturo Quintero Gómez, donantes y beneficiarios se ha dado un paso importante para atender la población en condición de vulnerabilidad.

Proceso

El trabajo se lleva a cabo en 2 escenarios, el primero en la calle y el segundo en la sede del programa.

En la calle se adelantan rutas fraternas, es decir, el equipo se desplaza a puntos álgidos o las denominadas ‘ollas’, la Cueva de Humo en la parte de Miraflores Bajo, La Carrilera, así como la carrera 20, en el centro de la ciudad, los alrededores del CAM y La Aldea”.

Después se efectúa el proceso de visibilización y mapificación de niños y adolescentes, debido a que el trabajo con los menores es distinto al que se aplica con adultos, así estén en condición de calle.

Luego, se genera el vínculo con los menores, yaque al estar inmersos al rechazo no es fácil hacer el contacto, por lo que se requiere generar empatía, lo que exige mucha persistencia.

Cuando se logra el contacto se les invita a la casa de ayuda: “Son 23 jóvenes, quizás a muchos el número les parecerá bajo, pero nadie se imagina la dificultad que es llegar a ellos, de persuadirlos para que inicien su recuperación”.

Balance tras 6 meses

En el sector de La Carrilera se llevó gran parte del trabajo, se logró un proceso con 40 niños y adolescentes, de ellos 21 son niñas y 19 niños con rango de edades entre cero y 18 años.

“De cero a 5 años se han atendido 18, de 6 a 10 un total de 9 y de 11 a 18 años 13 niños. En cuanto a escolaridad tenemos que 15 están en primaria”.

Entre los servicios se les brindó activación de rutas de atención en salud, y documentos de identidad, en cuanto a asistencias se les dio ropa y alimentación.

Ya en la casa Tejiendo Sueños y Esperanza, de los 23 atendidos, 15 de ellos son hombres y 8 mujeres, en edades desde los 3 y hasta los 19 años.

“Tenemos un rango de edad que es de los 5 hasta los 18, pero los menores de 5 son hermanos de los que están en la población apta por lo que se les da acceso, son excepciones porque es una población que requiere una atención distinta a los de más edad. Ahora, en el caso de la persona de 19 años, es habitante de calle que nos dijo una edad, pero al verificar en la Registraduría nos enteramos que era otra, sin embargo, hicimos el proceso normal”, reveló Mariana.

“Detectamos a 2 niños que están en riesgo sicosocial, 7 en situación de trabajo infantil y 4 en habitanza en calle. Se identificó que 2 de los niños se dedican a cantar como “actividad económica”, 6 suelen vender dulces, 3 están en la mendicidad y los demás no practican ninguna actividad”. 

19 de ellos cuentan con acompañamiento familiar, los que no tienen esa compañía están en condición de calle. Además, se estableció que 15 son colombianos y 8 venezolanos. 

¿Cómo nació?

Tejiendo Sueños de Esperanza surgió a partir del interrogante de ¿qué se ha hecho desde la pastoral social de la Diócesis por los niños?, para ello se tuvo como ejemplo la experiencia de la pastoral en Pereira.

“Fuimos hasta esa ciudad a conocer el trabajo de primera mano, después nos reunimos y nos dieron capacitaciones para emprender”, dijo Cárdenas Martínez.

Acto seguido se comenzaron a hacer recorridos en perímetros álgidos de la capital risaraldense en horas nocturnas, ya que la habitanza en calle no dista mucho de la que se vive acá en Armenia.

Posterior a ello, se estudiaron los procesos de la casa en Pereira junto con la trabajadora social para planear el funcionamiento de la de Armenia y así comenzó.

El voluntariado es clave

Para que las acciones de Tejiendo Sueños de Esperanza sean exitosas, se requiere de un voluntariado preparado y atento a la hora de actuar.

El equipo lo conforman personas del común, quienes de manera desinteresada donan parte de su tiempo para el servicio de los niños.

En ese sentido, una vez se puso en marcha el proyecto recibieron capacitación para el manejo adecuado de la población objetivo: niños y jóvenes.

“Hay personas que nos colaboran, que nos ayudan, son voluntarios y benefactores. Ellos dicen que quieren aportar, los interesados pueden acercarse a la Diócesis de Armenia y manifestar su intención de cooperar con la casa”, resaltó en su momento el obispo Carlos Arturo Quintero Gómez.

Tejiendo Sueños de Esperanza opera de manera articulada con entidades como la Universidad del Quindío, ya que algunos practicantes de su programa de trabajo social realizan sus tareas, así como la Universidad Antonio Nariño que actúa con áreas de sicología y odontología que se presta a los jóvenes.

El GI School hace presencia con un grupo de padres de familia con recursos y actividades, la Escuela Normal Superior aporta 5 practicantes para apoyo académico, además con la Corporación Red Apoyar. 

La sede

El lugar donde se ubica Tejiendo Sueños de Esperanza fue donado por un empresario de la región, quien le indicó al padre Gabriel Arias que podría utilizarla sin problemas.

La casa es un lugar de acogida, los que quieran vivir la experiencia de Tejiendo Sueños de Esperanza encontrarán algunos espacios como una oficina central denominada Resignificando la Vida, una sala del saber donde los jóvenes cuentan con biblioteca.

Así mismo, sala de sistemas para que haya interacción con el ciberespacio. Un salón de juegos —denominado Diverjuegos— donde hay juguetes, área de música llamada Sonidos del Alma, zona de teatro Semillas de Esperanza y consultorio médico. 

Se cuenta con un comedor donde los jóvenes consumen sus alimentos en vajillas. Encontrarán un salón de clases, además del taller que es el lugar para el arte, se cuenta con un teatro para las manifestaciones culturales, baños con ducha y cocina, además de una oficina de atención sicosocial.

La idea es que los jóvenes estén en el lugar desde las 9 a. m. hasta las 4 p. m., desayunan, almuerzan y toman el algo. Todos ellos hacen parte de talleres para el crecimiento personal.


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