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La iniciativa surgió como una forma de llevar un mensaje de esperanza y una alternativa de vida a esta población.

Juan Felipe Ramírez Giraldo cree que las huertas caseras son una herramienta que puede contribuir a la transformación social y a la buena utilización del tiempo libre. Por eso, cuando se enteró de que en Cenexpo albergaban a 160 habitantes de calle, no dudó en buscar a Juan Carlos Patiño, secretario de Desarrollo Social de Armenia, para pedirle que le dejara un proyecto con esa población. Lo hizo acompañado de las abogadas Paula Andrea Álvarez y Laura Victoria Silva. 

¡Qué bueno enseñarles a cultivar para que produzcan su propio alimento! Fue lo que pensó este docente de ciencias naturales del Instituto Buenavista, al ver que esta población se estaba sosteniendo con las donaciones de otras personas y entidades. 

“El secretario de Desarrollo Social hizo una visita a la huerta que tengo en la casa y a otra que tenemos en Pueblo Tapao y le dijimos que esto no solo podría resolver asuntos de abastecimiento, sino que podría servir para entrenar a las personas, resignificarlas y darles nuevas alternativas para que inviertan productivamente todo ese tiempo libre con el que cuentan y el funcionario nos dijo que sí y empezamos hace 3 semanas”, reveló. 

 

Labor social sin esperar ‘cosecha de pagos’ 

Añadió que el pasado 19 de julio vendieron el producido de los cultivos que tenían en Pueblo Tapao y con eso les dieron almuerzos gratis a estas personas. “Allí les preguntamos a quiénes les interesaría trabajar con la huerta, pero por las restricciones de aglomeraciones podemos hacerlo máximo con 15 personas. Logramos que se inscribieran varios y hemos ido 2 veces después de eso. Plantamos y estamos ubicando un espacio en el que podamos trabajar. Sino es posible de que la Cámara de Comercio, que es la dueña de Cenexpo, nos facilite una zona verde, está la alternativa de hacerlo en huertas verticales o con la utilización de recipientes como envases, cajas de madera y demás elementos que se puedan construir en zonas de asfalto y que puedan ser fácilmente movidos en caso de ser necesario”, reveló el docente. 

Tenemos 15 plantuladores, unas bandejas en la que ponen semillas en tierra, en los que ellos han puesto semilleros para cuando estén grandes trasplantarlos. Hay hortalizas como cebollas, acelgas, lechugas, repollo y coliflor. Son los productos que uno puede obtener en periodos de 2 o 3 meses”, contó. 

Contrario a lo que podría pensarse, Ramírez Giraldo dijo que las 10 o 15 personas que tienen en el proceso se han mostrado muy comprometidas, con muy buena actitud, motivadas y respetuosas. El profesor contó que este trabajo ha sido completamente voluntario y no esperan recibir ningún pago a cambio. “Además nos financiamos con lo que logramos conseguir entre amigos que conocen de la idea y de alguna forma se vinculan”. 

Por ejemplo, un amigo de Palmira gestionó recursos y les ayudó a conseguir una donación de 100 tapabocas de alta calidad y lavables para compartir con ellos, junto con una ropa que recogieron para llevarles el próximo sábado. “Una amiga de Chile conoció el proyecto y esta semana me dio una donación para comprar insumos o lo que necesitemos para trabajar allí”.  

 

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Huertas que traen muchos beneficios

El gestor de la iniciativa ha venido trabajando una huerta familiar y comunitaria en el barrio La Mariela de Armenia desde hace 3 meses. Esta ha servido para la manutención de una fundación de la zona. 

“También tenemos otra huerta en Pueblo Tapao que nos ha dado el dinero para financiar parte del trabajo que hemos adelantado en Cenexpo y también motivo a los 94 estudiantes que tengo para que cultiven huertas en sus casas”. 

Ramírez Giraldo explicó que las huertas garantizan la seguridad alimentaria y el acceso oportuno a la comida. “Cuando uno tiene su huerta puede solventar problemas de desabastecimiento. Empezando la pandemia vimos que la gente compraba como loca en los almacenes y algunos alimentos se disminuyeron o encarecieron, pero al tener estos cultivos caseros podemos acceder a nuestra propia comida. Hay otro concepto que se llama soberanía alimentaria y es que yo garantizo la calidad, los procesos de producción, el impacto que dejan en el ambiente y la salubridad de los mismos. A nosotros en un anaquel nos ponen unas verduras muy apetecibles, pero, ¿cuántos agroquímicos fueron necesarios para garantizar que ese producto esté tan lindo?”, cuestionó el docente. 

Explicó: “Cuando cultivamos nuestros propios alimentos garantizamos que en términos sanitarios sean saludables para nosotros, cuando los sistemas son de alta producción se abusa de los agroinsumos.  Otro beneficio es que cuando tenemos nuestra propia huerta ayudamos a la mitigación del cambio climático, pues las plantas transforman el dióxido de carbono en alimento”. 

Agregó que al cultivar alimentos de esta manera se disminuye la contaminación de las fuentes hídricas, pues en los grandes cultivos se usan agroquímicos y con las lluvias terminan, por escorrentía, en los ríos y quebradas que están cerca.

“Si uno soluciona el asunto del hambre va a lograr que la gente cambie la forma de actuar y de ver el mundo”, concluyó el gestor de las huertas caseras en Cenexpo. 


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