Durante el mes de agosto es tradicional elevar cometas, muchos niños y adultos disfrutan de esta actividad, en Armenia una familia se ha dedicado por más de 35 años a la venta de estos llamativos elementos.
Tradicionalmente durante agosto el cielo se viste de colores, de diferentes figuras y texturas, es el mes de las cometas y para la familia Fernández es una de las épocas más esperadas del año, ellos se dedican a la venta de estos elementos, una costumbre que data del padre “don Gerardo”, quien dedicó su vida a la elaboración de estos coloridos productos.
Con el fallecimiento de don Gerardo, sus hijos y nietos quisieron seguir con su legado, un oficio que ha pasado de generación en generación y en donde buscan seguir llevando diversión a través del vuelo de la cometas, Gerardo Fernández hijo, recuerda con nostalgia aquellos momentos “mi papá toda la vida hizo cometas y yo como desde los 10 años la ayudaba a él, quien falleció en el 2020 de Covid, y yo seguí con la tradición, antes había más ambiente, ahora el tiempo ha cambiado mucho, la tradición se ha perdido mucho, primero las elaborábamos y las repartíamos, ahora toca comprarlas para vender, nosotros trabajábamos desde comienzo de junio y surtíamos de cometas el Valle del Cauca, todo el Quindío, parte de Pereira y hasta Tolima, ya se trabaja es con las que se compran”.
El sector de la glorieta del Bolo club en la carrera 19 en Armenia, por estos días se convierte en una vitrina para exhibir las cometas de toda clase y para todos los gustos, donde se puede encontrar desde las pequeñas hasta otras de gran tamaño, con personajes como princesas, superhéroes u otros como animales.
Esta familia que en total tiene cuatro puestos, obtiene sus ingresos de la venta de cometas, desde muy temprano llegan al lugar a ubicar los llamativos productos, a la espera que arriben compradores, “en un día bueno-bueno se hace uno un millón o millón doscientos mil pesos, en día normal cuatro o quinientos mil pesos”.
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Otra integrante de esta familia oriunda del municipio de Calarcá, es Michelle Fernández, hace parte de las nuevas generaciones, y junto con su esposo y su pequeña hija se ubican en otro sector de la glorieta, ella también recuerda cómo su infancia estuvo marcada por la elaboración de las cometas “yo crecí en medio de las cometas, en medio de los plásticos, ayudando a poner hilos, a poner colas, todos ayudábamos y poco a poco se ha ido perdiendo la tradición, pero es un trabajo muy complejo, lo que pasa también con la cometa plástica es que se daña muy fácil es muy delicada”.
Duván Alexis esposo de Michelle, “nos ha ido bien gracias a Dios, llevan mucho la cometa pequeña porque las están pidiendo en los colegios, un domingo si piden mucho las grandes porque se van a volar a otras partes más despejadas, los precios varían de acuerdo al tamaño, desde 15 mil las más sencillas y pequeñas hasta las de $70.000 mucho más grandes, entre más grandes mejor para volar”.
Señalan además que el clima y los pocos eventos como festivales de cometas hacen que sus ventas ya no sean las mismas en comparación a otros años, en donde por estos días se vivía una verdadera fiebre de cometas y el plan obligado para todas las familias era salir y aprovechar los vientos de agosto para para ver cual se elevaba más.
Arlen Ferro es otro vendedor del sector, pero a diferencia de los otros no está en el negocio familiar, él fue contratado por otro particular que se dedica a la comercialización de las cometas “yo soy un empleado, este producto lo traen de China, yo apenas llevo un año trabajando con esto, todos los puestos han vendido durante esta temporada, a mí me pagan por comisión de acuerdo a lo que venda”.
Hasta la última semana de agosto estarán ubicados en este sector, y se empiezan a preparar para la temporada navideña, otra de sus tradiciones es vender los famosos muñecos de año viejo. El resto de año esta familia se dedica a otros oficios, “nos dedicamos a la construcción y a prestar plata, uno tiene que buscársela por todos los lados”, agregó Gerardo Fernández.
La familia Fernández espera poder seguir con la tradición de su padre, su misión es que con el pasar de los años los cielos se sigan engalanando con las cometas de agosto.
Pocos lugares para elevarlas
Tal y como lo señalan los vendedores hay pocos lugares aptos para elevar cometas, por lo que las personas buscan lotes o sitios al aire libre donde puedan hacerlo, sin embargo esta actividad familiar puede generar congestión vehicular, es el caso que se presenta en la vía Armenia – Circasia, en donde muchos llegan a aprovechar los fuertes vientos, no obstante este lugar no tiene un sitio de parqueaderos y los carros son dejados a un lado de la vía generando un riesgo para quienes transitan la zona.
Control al espacio público
La otra cara de la moneda es la utilización del espacio público en estas zonas de gran afluencia vehicular, desde la secretaría de Gobierno municipal vienen realizando controles “nosotros tenemos una afectación que se genera por temporadas, cuando hay partidos de la selección Colombia y ahora con las cometas, los vendedores muchas veces impiden la visibilidad para las personas que conducen y nos generan un riesgo a la seguridad, desde la secretaría estamos haciendo el requerimiento a los que ocupan estos espacios para que reduzcan al mínimo esa ocupación irregular y la movilidad sea fluida, no vamos a salir a quitarles las cometas, pero sí el llamado para que la ubicación de los productos sea de una manera ordenada”, indicó Andrés Buitrago jefe de esta cartera.
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