Escucharlos y buscar una manera de impulsar sus cualidades son los objetivos de la labor social en la zona, los niños son la prioridad.
Armados con una caneca de tinto que llevan a cuestas y galletas de paquete, Mariana Cárdenas Martínez y Marcial Apablaza se adentran en el sector de la carrilera, una tierra de nadie. Por donde alguna vez entró el desarrollo de Armenia, hoy solo camina la desesperanza y el miedo.
La ‘Cueva del Humo’ es sinónimo de miseria y delincuencia, menos para quienes como Marcial y Mariana, que hacen parte del programa Tejiendo Sueños de Esperanza y de la Pastoral Diocesana, se dedican a hacer más llevadera la cruz de quien ya no puede con ella.
De la nada, un grupo de niños corre y abraza a este chileno, radicado en el Quindío después del terremoto del 99. El hombre de barba los saluda con tranquilidad, aunque es un encuentro tibio, para los menores es la mayor muestra de afecto que pueden recibir.
LA CRÓNICA DEL QUINDÍO caminó con Marcial esta zona y conversó con quienes pasan los días en donde, en 2013, el presidente Juan Manuel Santos, acompañado del director general de la Policía, estuvo para anunciar lo que nunca pasó: erradicar el expendio de drogas y recuperar el sector.
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Marcial y Mariana visitan el lugar frecuentemente, de ahí que la mayoría sepa sus nombres y los reconozca como amigos con quienes pueden sostener una conversación sin prejuicios, relatarle sus cuitas sin el dedo acusador, ni la mirada hostil de quienes en las calles los ven como delincuentes.
Por eso cuando los ven los saludan por los nombres propios y los abrazan con cariño, sin temor, sin rechazo.
— “Marcial, ya se me acabó la metadona…”, le dice una mujer joven que se volvió indescifrable en el infierno blanco de la heroína, a lo que él responde que va a ayudarle para que no sea consumida por el síndrome de abstinencia.
No obstante, lo que más conmueve es ver que los niños ven este hombre a un ‘Viejito Pascuero’ que no reparte regalos ostentosos, sino ayudas indispensables para la supervivencia de las casi 80 familias que viven en la zona —En una sola vivienda subnormal del sector pueden convivir hasta 3 familias—.
“Más que asumir una acción victimatizante, lo que se busca con este tipo de contactos es potenciar los valores que se pueden encontrar en la gente. Hay que buscar ese potencial que tienen las familias del sector, de los adultos, los niños y adolescentes, es importante estar ahí y reforzarlos. No miremos tanto a la población como factor de drogadicción, busquemos sus cualidades”, dice Marcial Apablaza Yáñez, mientras saluda a la comunidad de la zona y les entrega alimento.
En esta misión social es primordial llegar a la población joven, niños y adolescentes que prácticamente nacieron y se criaron en el interior de esta cueva.
“Han depositado la confianza en nosotros, tanto los papás como los mismos hijos, ellos están enseñados a estar en un ambiente vulnerable y es un gran avance que crean en nosotros”, relata Mariana Cárdenas Martínez.
“Podemos asegurar que estas personas necesitan oportunidades y que sean tenidas en cuenta, necesitan mucho más el cariño, el respeto, la comprensión y el apoyo del resto de la sociedad. Aquí se empieza tan solo con una conversación y de ahí fluyen inmensidad de aspectos que se pueden empezar a suplir”.
Muchos de los niños tienen carencias afectivas, por eso, a través de Tejiendo Sueños de Esperanza se les ha brindado ese amor y calor: “A partir del amor y la escucha empieza todo este proceso”, concluye.
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Urge la institucionalidad
La presencia de la institucionalidad en el sector para prevenir y contrarrestar la habitanza de calle y el consumo de sustancias sicoactivas es urgente.
Marcial Apablaza Yáñez sostuvo que en esta área hubo una intervención en el 2013, se anunció que se iban a tener acciones constantes para el beneficio de la comunidad y la recuperación, pero solo se realizó una jornada de cine para los niños.
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“Tiene que haber más representación social, hasta ahora la administración municipal ha empezado a actuar junto con nosotros frente a esta comunidad. Si se tiene más presencia sin duda habrá más reestructuración del pensamiento, pero insistimos en que debe ser constante”.
“Sin un acompañamiento social, de nada servirán operativos, arrestos y demás labores si no hay prevención, a través de la comunicación y acompañamiento”.
La vivencia infantil
Juan David, de 12 años, es uno de los pequeños que habita la zona de Miraflores Bajo, y que acude feliz y animado a la sede de Tejiendo Sueños de Esperanza para disfrutar de un rato de sano esparcimiento.
Al escuchar el llamado de Mariana afuera de su vivienda para recibir de ella y Marcial un vaso de café y un paquete de galletas, no oculta su felicidad y sabe que es el momento de ir a esa casa ubicada en la carrera 13 con calle 15 esquina.
“Me gusta mucho estar en la sede de Tejiendo Sueños de Esperanza porque jugamos, practicamos deporte, nos enseñan música y demás, he aprendido muchas cosas”, indicó el joven de manera tímida, pero cordial a LA CRÓNICA y quien no ocultó su afición por el fútbol y el amor que siente por el Deportes Quindío.
A su corta edad, y aunque cuenta con el cariño de sus padres y su hermana, ha evidenciado que el ambiente no es el mejor para un joven a partir de lo que ha podido conocer en la sede del programa, pero siempre ha sido un chico que se la lleva muy bien con los de su edad.
“Por donde vivo hay personas de bien, ya más abajo de mi vivienda no es normal. Pero vivo con mis papás y mi hermana a los que quiero mucho”, puntualizó.
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Propósitos
Para lo que resta de 2022, son varias las actividades que Tejiendo Sueños de Esperanza tiene para los jóvenes que atiende.
En primer lugar, el 29 de septiembre se celebrará un banquete de amor para la recolección de fondos y así fortalecer y darle continuidad al programa.
Así mismo, en articulación con la Universidad Antonio Nariño se tiene previsto festejar el día de los niños para octubre. Mientras que en diciembre se celebrará la Navidad con las Novena de Aguinaldos y entrega de regalos.
Con esta actividad se buscan personas que puedan apadrinar a los jóvenes para así ofrecer un buen regalo, que tengan un espacio de alegría.
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Operativos en la zona
Son constantes los operativos policiales que se llevan a cabo en la zona con la idea de decomisar y detener a expendedores de drogas, sin embargo, el fenómeno del microtráfico parece una guerra sin final.
El operativo más recordado se llevó a cabo en el 2013 donde se involucró Miraflores Bajo y la ‘Cueva del Humo’, que por orden del gobierno nacional se procedió a su intervención.
El resultado, un total de 22 personas que tenían en su poder drogas alucinógenas. Un porcentaje importante de ellas eran expendedoras, estaban dedicadas al microtráfico.
Al lugar también se llevan a cabo acciones de atención sicosocial, de salud, vacunación, aseo, peluquería, alimentación y otros beneficios por parte de las autoridades locales, así como de fundaciones.
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