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Hoy, tras más de 30 años en la radio, dirige El Locutorio, un espacio donde se entrena el alma a través de la palabra.

La voz del quindiano Alexander Pinilla Muñoz ha acompañado millones de oyentes en emisoras como La Mega, Caracol Radio, La FM y en campañas de grandes marcas como Coca-Cola y Chevrolet, Colgate, NatGeo, entre otras.

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Nacido en Armenia, creció en el barrio Granada y estudió en la escuela Francisco José de Caldas, estudió en los colegios Rufino Sur y el Casd. Aunque comenzó Matemáticas en la Universidad del Quindío y luego en Contabilidad, su destino estaba escrito en las ondas hertzianas, así que se mudó a Bogotá a estudiar publicidad, negocios y comunicación estratégica. Su madre fue quien lo llevó por primera vez a una emisora a sus 17 años, aunque su acercamiento con la radio fue mucho antes, casi en sus 11 años, gracias a un gusto genuino por la música que escuchaba en las emisoras. Desde entonces, el sonido, el ritmo y la magia de la radio se volvieron su hogar.

Alex Pinilla creció grabando canciones en casetes, jugando a narrar partidos del Deportes Quindío e impostando su voz y soñando con estar al aire. Recuerda con alegría su primera vez en la extinta emisora Robles Estéreo y sus inicios dando la hora al aire. No solo ha conquistado las grandes emisoras del país, sino que ha hecho de la voz un puente entre la emoción y la acción. Su historia recuerda que la comunicación más poderosa nace cuando uno aprende a escucharse a sí mismo.

Hoy, con más de 30 años de trayectoria, Pinilla dirige El Locutorio, un espacio en Bogotá donde entrena voces, pero también emociones. Un “gimnasio de la comunicación” donde la voz humana sigue siendo una marca de lujo en tiempos de inteligencia artificial.

 

¿Cómo comenzó su historia con la radio?

Desde niño sentía una conexión especial con el sonido. Me encantaba grabar canciones en casete, escuchar partidos narrados por Gustavo Domínguez o William Vinasco, y jugaba a imitar voces. Mi mamá vio ese gusto y me llevó a una emisora. A los 17 empecé oficialmente, aunque mi primer jefe me dijo que no servía para esto. Me dolió, pero dentro de mí había una certeza y convicción de lo que quería hacer.

Luego gracias a Juan Manuel Gómez, conocido como ‘El Pecoso’, director de La Mega Eje Cafetero, me recomendó con Alejandro Villalobos, él sin conocerme, apostó por mi talento y así llegué a Bogotá, contratado por RCN.

 

¿Qué lo motivó a seguir cuando le dijeron que no tenía voz para la radio?

Creo que fue la fe. Mi mamá me consoló, me animó, y esa creencia de ella fue vital. A veces las palabras de quienes nos quieren nos salvan. Me aferré a la convicción de que podía hacerlo, aunque no sonara como los demás. Con los años entendí que la voz no solo está en la garganta, sino también en lo que uno cree de sí mismo.

Primero abrí un bar en Bogotá llamado Milagro, por la Ciudad Milagro, pero me di cuenta de que no quería un bar, sino un lugar donde la gente se sintiera en una cabina de radio. La idea de El Locutorio me empezó a rondar en 2009 y fue en 2014 que se pudo realizar, como un espacio para entrenar la voz y la comunicación. La idea era simple, si la gente va al gimnasio para verse bien, ¿por qué no un lugar para hablar bien? Hoy entrenamos a periodistas, empresarios y hasta candidatos presidenciales en comunicación efectiva y emocional.

 

¿Qué enseñanza le deja la radio luego de tantos años inmerso en este mundo?

La radio me enseñó a escuchar, a estar presente, a conectar. A improvisar cuando algo falla, a tener empatía con el oyente. También me dio a mis mejores amigos, a mi esposa, y el sentido de lo que hago. Es una escuela permanente de humanidad y conexión.


¿Qué ha sido lo más difícil de este oficio?

La falta de descanso. La radio no tiene domingos ni festivos. Pero lo más duro quizá es que nunca logras desconectarte. Uno se va de vacaciones, pero la mente sigue al aire. Es difícil separar la vida del trabajo cuando tu voz es también tu herramienta de vida.

 

Creció como un joven inseguro y sufre de rinitis ¿cómo la voz le ayudó a transformarse y superar los obstáculos y a sí mismo?

Sí, he sido una persona insegura. Sentía que no merecía estar donde estaba, o que mi voz no era suficiente. Pero la radio me fue rescatando. A pesar de la rinitis, de sonar tapado, de dudar, la voz me ayudó a creer. Creo que todos tenemos una voz interna que nos guía, y hay que aprender a escucharla con compasión. La voz me salvó de no creer en mí.

 

¿Qué diferencia encuentra entre una voz humana y una creada por inteligencia artificial?

El miedo. La inteligencia artificial ya puede imitar tonos, inflexiones, emociones, pero no siente miedo. Y el miedo es profundamente humano. Es lo que hace que una voz tiemble, que conecte. La voz humana será siempre un lujo, algo artesanal.

 

¿Qué mensaje dejaría grabado para las nuevas generaciones de comunicadores y locutores?

Que escuchen su propia voz. Que no busquen respuestas afuera, porque casi siempre las llevamos dentro. Escuchar con amor y confianza esa voz interior puede ser la mejor brújula.

 

¿Qué proyectos vienen ahora para usted y su marca Alex Pinilla?

Seguimos expandiendo El Locutorio a Centroamérica y Norteamérica, y pronto abriremos La Librería ‘El Arte de No Enloquecer’ con Alejandro Gaviria y Ricardo Silva. Un espacio para la lectura, la opinión y la conversación. También estamos desarrollando una herramienta para identificar el tipo de comunicador que cada persona lleva dentro.


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