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Desde una reunión alrededor de una taza de café en 1976 hasta convertirse en una institución clave para Montenegro, los bomberos voluntarios narran cómo la mística bomberil ha cambiado, pero no ha desaparecido.

La mística bomberil es mucho más que un uniforme o una función operativa. Es un estilo de vida regida por la vocación, el sacrificio, la hermandad y el servicio desinteresado; un compromiso en el que el bombero antepone el bien común a su propia seguridad. Ese espíritu, alimentado por el amor al prójimo, sigue latiendo en el Cuerpo de Bomberos Voluntarios Los Fundadores de Montenegro, institución que cumple 50 años de historia al servicio de la comunidad.

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Nacido en 1976, tras la decisión de un grupo de ciudadanos que se reunió en medio del compartir de una taza de café para responder a una necesidad urgente del municipio, este cuerpo bomberil comenzó como Asociación de Bomberos Voluntarios. En 2012 adoptó su nombre actual como homenaje a quienes sentaron las bases de la institución.

Hoy, atravesado por los cambios sociales, económicos y culturales, la vocación persiste, aunque ya no con la misma fuerza de décadas atrás. De cerca de 100 voluntarios, la institución pasó a contar en la actualidad con 40 bomberos, de los cuales 32 son voluntarios entre oficiales y suboficiales, y 8 son pagos.

 

Al frente del cuerpo bomberil se encuentra Carlos Hernán Méndez Marín, comandante desde hace 11 años y voluntario desde hace 35. En diálogo con La Crónica del Quindío, reflexionó sobre la historia, los retos y el futuro de una institución que ha marcado la vida de Montenegro durante medio siglo.

 

¿Qué momento marcó la decisión de crear este Cuerpo de Bomberos Voluntarios?

 

Algunos de los fundadores vieron que era insuficiente contar con un solo cuerpo de bomberos para atender cualquier situación, porque se requería más personal. Por eso decidieron fundar este cuerpo.

La mayoría de los fundadores hizo parte del Benemérito Cuerpo de Bomberos, pero por diferencias internas de ideología y pensamiento se retiraron y tomaron la decisión de crear otra institución. Siempre nació de la necesidad de proteger a la comunidad, sobre todo frente a los incendios estructurales, porque en ese entonces las viviendas estaban hechas de bahareque, un material de alto riesgo.

¿Cómo ha visto el cambio de la mística bomberil de antes a la de ahora?

 

Ha sido un cambio significativo y, en algunos aspectos, negativo. Antes sí había mística bomberil: al bombero le gustaba estar en la institución, entregaba lo mejor de sí, llevaba la vocación en la sangre y el servicio era completamente voluntario, sin recibir ningún pago.

Con el paso del tiempo y los nuevos estilos de vida, esa mística se ha perdido mucho. Hoy hay personas que quieren ingresar, pero lo primero que preguntan es por el pago. El bombero moderno busca el salario, y eso es un cambio considerable. Antes había más entrega, más compromiso institucional y mayor sentido de pertenencia. El cambio de los tiempos en el ámbito socioeconómico, sociodemográfico y sociopolítico ha influido en la pérdida de esa vocación.

 

En estos 50 años de historia, ¿recuerda alguna emergencia significativa?

 

Aunque no me tocó directamente, aquí hubo incendios de gran magnitud. Recuerdo el incendio de Petrogas, un lugar donde se vendían pipetas de gas, gasolina y petróleo, fue una emergencia muy fuerte.

También hubo otro incendio en un granero donde, además del trabajo de los bomberos, fue necesario pedir apoyo del departamento.

El terremoto fue una experiencia inigualable, ver parte del pueblo en ruinas, atender emergencias incluso cuando algunos bomberos tenían familiares afectados, fue algo que marcó profundamente nuestro trabajo.

Otro hecho recurrente en algún tiempo fue la recuperación de víctimas mortales que se ahogaban en los ríos La Vieja y El Roble.

¿Cómo gestionan los recursos para garantizar la sostenibilidad de la institución?

 

Contamos con un salón social amplio en el lote donde funciona el cuartel. Lo alquilamos y también lo prestamos a nivel social. Actualmente, por ejemplo, un grupo de adultos mayores se reúne allí tres veces por semana para realizar trabajos manuales, y les cedemos el espacio de manera gratuita.

También lo prestamos a la Policía Cívica Juvenil y a las Juntas de Acción Comunal. Además, realizamos actividades como la venta y recarga de extintores, e inspecciones de seguridad humana a establecimientos de comercio, de acuerdo con la Ley 1575 de 2012, no solo para certificar requisitos, sino para proteger el recurso humano que trabaja en esos lugares.

¿Cómo es hoy la relación entre los Bomberos y la comunidad de Montenegro?

 

Hay un apoyo total por parte de la comunidad. Yo diría que la gente quiere a su Cuerpo de Bomberos y a nuestros hombres y mujeres. Cuando hacemos actividades para recolectar fondos, se siente el respaldo: la comunidad compra el bono y colabora.

Claro, también hay momentos de descontento, cuando el servicio no se puede prestar de manera oportuna porque estamos atendiendo otra emergencia o cuando algún vehículo está fuera de servicio. A veces las personas no comprenden, pero la credibilidad se mantiene y el apoyo sigue presente.

 

¿Cuál es el mayor reto que enfrentan actualmente y qué sueñan mejorar?

 

A largo plazo, el principal reto es mejorar la infraestructura del cuartel. Se requieren adecuaciones, una mejor batería sanitaria y mejores alojamientos tanto para los bomberos pagos como para los voluntarios. Es una inversión compleja y también implica cumplir con la norma sismorresistente.

Otro reto permanente es la capacitación. Cada día debemos prepararnos más para mejorar la atención de emergencias y hacer más idónea la labor bomberil.

¿Cuál es su mensaje en estos 50 años del Cuerpo de Bomberos Voluntarios?

 

Mi mensaje es de agradecimiento a la comunidad de Montenegro y a la administración municipal por el apoyo. Comunidad y administración van de la mano para que podamos prestar el mejor servicio.

También agradezco a mis unidades, a mis oficiales y suboficiales, porque ellos son la razón de ser del Cuerpo de Bomberos. Celebramos a quienes trabajan y prestan el servicio, porque sin ellos esta institución no existiría. Seguiremos luchando para ser mejores personas, en primer lugar, y mejores bomberos.


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