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Investigador, gestor cultural y fundador del cineclub El Mohán, Jorge Hernando Delgado Cáceres ha dedicado su vida a recuperar la memoria histórica y audiovisual del Quindío, desde la arqueología y la colonización hasta los silencios de la Guerra de los Mil Días.

Nacido en Bogotá en 1958, Jorge Hernando Delgado Cáceres es docente, investigador y gestor cultural, además de miembro de la Academia de Historia del Quindío desde 2014. Ha sido clave en la recuperación del patrimonio audiovisual del departamento, especialmente la historia de los teatros, las primeras filmaciones y figuras como Jesús María Ocampo, Euclides Jaramillo Arango y Jesús Arango Cano.

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Fundador del cineclub El Mohán, lidera también la Muestra de Cine y Video del Quindío, donde se han rescatado archivos comunitarios y la película más antigua del departamento, de los años treinta. Su trabajo ha fortalecido la comprensión del Quindío como territorio de memoria e identidad.

 

¿De dónde viene su sensibilidad política y humanista?

Mi formación en Ibagué me mostró que la cultura y la política hacen parte de la vida cotidiana del ciudadano. Crecí en los años sesenta, rodeado de discursos revolucionarios como las lecturas marxistas, la Revolución cubana, los movimientos estudiantiles que impulsaban a creer que la transformación del país se lograba por la vía armada. Yo también estuve cerca de esos discursos, pero mi educación con los salesianos (religión) me dejó algo decisivo que me llevó a considerar la muerte como un absurdo, una ruptura que no construye país.

Por eso me alejé de los radicalismos y hoy creo que la polarización solo divide: necesitamos un mínimo acuerdo para reconocernos como sociedad.

 

¿Qué encontró en el Quindío y cómo nació el cineclub Mohán?

Llegué en 1978 atraído por mis raíces familiares y por un legado cultural, mi primo abuelo, Julio Alfonso Cáceres, poeta fundamental de las letras quindianas. Ingresé a la Universidad del Quindío y encontré espacios de cineclubes, revistas culturales, profesores inquietos como Álvaro Nieto Cárdenas y Manuel Gómez Sabogal.

Con Marta Lucía fundamos el cineclub El Mohán, que ya cumplió más de 44 años de actividad ininterrumpida. El Mohán se volvió un espacio para pensar el cine como lenguaje y como pedagogía. Siempre he dicho que pasar del celuloide a lo virtual fue solo un cambio de piel: la esencia narrativa y reflexiva sigue intacta.

A mí el cine me abrió el mundo. Mientras leer La montaña mágica puede tomar semanas, una película permite una síntesis mental poderosa, no sustitución. El cine es una puerta de acceso al pensamiento. Durante años usé el cine como herramienta para formar criterio en los jóvenes.

 

Usted insiste en que la identidad del Quindío está incompleta. ¿Por qué el patrimonio es su bandera?

El Quindío es joven como departamento, pero antiguo como territorio. Su nombre nos recuerda a los Quindos y a una raíz precolombina poco explorada. La arqueología ha sido escasa y muchas veces accidental: lo que se ha recuperado ha sido gracias a obras civiles o a hallazgos fortuitos.

En 2011 la Unesco declaró el Paisaje Cultural Cafetero, sin embargo, la apropiación comunitaria es mínima, mucha gente no conoce su historia. Para mí, el patrimonio cultural es nuestra gran muralla frente a la globalización; sin memoria, terminamos narrando historias ajenas.

 

Usted ha investigado durante décadas el papel del Quindío en la Guerra de los Mil Días. ¿Qué descubrió?

Descubrí un silencio enorme. Armenia, con solo 13 años de fundada, vivió un ataque, un consejo de guerra y un fusilamiento que fueron episodios importantes para la región, sin embargo, la historiografía lo borró casi por completo.

Me tomó 40 años reunir documentos, testimonios, periódicos, pequeños rastros. Encontré combates en Salento, prisioneros liberados a sangre y fuego, episodios que parecen una tragedia. De esa búsqueda nació mi libro, y siempre he creído que esta historia merecería una película, tiene drama, política, violencia y un territorio en construcción.

A lo largo de su vida, ¿Qué ha guiado su trabajo y qué obra lo representa mejor?

Mi hilo conductor ha sido siempre el patrimonio audiovisual y cultural. He investigado teatros, primeras filmaciones, fotografía, grabaciones y cineclubes, además de entrevistar a figuras cuya memoria podía perderse. También me preocupa la falta de archivos sólidos: sin documentos, la memoria se pierde.

En cuanto a mis obras, quizá la más entrañable sea una novela inédita que aún estoy escribiendo sobre los suicidas del puente de la Florida. También valoro el libro sobre Jesús María Ocampo y el libreto teatral del fusilamiento de la Guerra de los Mil Días. Al final, el tiempo dirá; lo importante es que la huella audiovisual quedó para que otros la continúen.




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