A sus 70 años, este abogado, poeta y director del taller de escritores Gabriel García Márquez continúa entre libros, versos y causas sociales, haciendo de la palabra y las letras un escudo imborrable.
Entre papeles jurídicos, versos y recuerdos de escenario, transcurre la vida de Hugo Correa Londoño, un calarqueño de nacimiento, pereirano de vivencias y bogotano por adopción, que a sus 70 años ha hecho del arte, la literatura y el pensamiento social una manera de existir.
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Creció, como dice jocosamente, entre dos notas, la hermana mayor Marta Cecilia y la hermana menor Ada María, él es un Do sostenido. Su dos hermanas y su madre viven en Pereira, su padre murió y desde 2024 reside en Cajamarca, Tolima, donde trabaja sus escritos. Es padre de dos gemelos y un tercer hijo que reside en Sevilla, Valle del Cauca.
Correa es una figura singular porque combina la rigurosidad del derecho con la sensibilidad de quien ha habitado los mundos del teatro, la docencia y la escritura. El pasado miércoles 29 de octubre presentó su libro Atrapados con salida, una compilación de ensayos, crónicas y semblanzas que nacieron del impulso por no dejar perder sus textos entremezclados en ensayos, investigaciones, semblanzas, crónicas y vivencias en municipios como Sevilla, Pereira y ahora en Bogotá.
Dirige desde hace 28 años el Taller de Escritores Gabriel García Márquez, legado del maestro Eutiquio Leal, y es autor del poemario Utopías de siempre, poemas y trazos, donde conjuga trazos de sus caricaturas y versos. Entre sus proyectos también se encuentra una novela sobre la historia de Pereira entre los años 50 y 80, y la reconstrucción de un crimen real que marcó la literatura de esa región.
¿Cómo llega el teatro a su vida?
Desde muy joven el teatro me tocó las puertas. Estudiaba en el colegio Deogracias Cardona en Pereira y allí conocí a dos alumnos de Antonieta Mercuri Vásquez, una maestra inmensa dentro de la dramaturgia colombiana. Ella formó a generaciones de actores en el Instituto de Bellas Artes y luego en la Universidad Tecnológica de Pereira. Con ella hice una investigación sobre El otoño del patriarca, de García Márquez, y terminé interpretando el personaje principal. Era una obra de monólogos de hora y media. Tenía 22 años y fue una de las experiencias más intensas de mi vida.
Del mundo del teatro pasó al derecho, ¿cómo se mezclan esos caminos?
No es una mezcla tan extraña. Los abogados de antes eran personas cultas, leían mucho, escuchaban música, estudiaban filosofía. El derecho exige sensibilidad y comprensión del ser humano, igual que el teatro. Creo que ambas disciplinas me ayudaron a entender la palabra como herramienta de transformación.
También es poeta. ¿Cuándo empezó a escribir?
Desde siempre escribo, pero con mayor disciplina en la universidad. El libro Utopías de siempre: poemas y trazos nació de un reto entre amigos. Me pidieron que regalara tres poemas, y al buscarlos me di cuenta de todo lo que había guardado. Reuní algunos textos y caricaturas mías. Ahí están mis vivencias, mis homenajes a maestros y personajes que marcaron mi camino.
¿Qué es para usted la poesía?
La poesía es la conciencia social de estar en el mundo. Así uno escriba sobre el canto de un pájaro o una hoja que cae, está hablando de la vida misma. Tengo poemas sociales, como Esta voz no tiene Dios, inspirado en el horror de la guerra en Palestina. La poesía es una forma de resistencia y de memoria.
Dirige el taller de escritores Gabriel García Márquez desde hace veintidós años ¿Cómo nació ese compromiso?
Fue un legado del maestro Otilio Leal, quien me dejó encargado del taller antes de morir en 1997. Me dijo: “Hugo queda al frente mientras regreso”, pero nunca volvió. Desde entonces asumí esa responsabilidad moral y afectiva. Hoy tenemos miembros en Colombia, Estados Unidos, México, Argentina y España. Nos reunimos todos los sábados; durante la pandemia pasamos a la virtualidad y eso nos permitió crecer. En el taller hay abogados, médicos, ingenieros, arquitectos, escritores… todos unidos por la palabra.
¿Qué temas aborda su libro Atrapados con salida?
Es una recopilación de textos de distintos tonos: ensayos, semblanzas, crónicas. No tiene una unidad temática, pero sí un hilo vital. Escribo sobre Pereira, sobre Sevilla, sobre la investigación de La Pola, sobre personajes como Eduardo Talero Núñez o sobre la vida en los años 70 y 80. Es una obra muy viva, muy cercana a la memoria personal y colectiva.
¿En qué proyectos literarios está trabajando ahora?
En una novela ambientada entre los años 50 y 80 en Pereira, centrada en el asesinato de don León María Lozano, conocido como El Cóndor y en un libro sobre la experiencia del taller, que se llamará Talleriando. También quiero dejar grabado un recital de poesía coral, Sin lágrimas para Manhattan, sobre el 11 de septiembre, que se publicó en su momento en revistas de París.
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