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Tras el incendio de 2009 del templo de Circasia, su diseño arquitectónico propuso un templo que simboliza identidad y esperanza, a la par y con acciones concretas construye templos espirituales.

La vida de Gonzalo Quiroga Gómez ha estado marcada por la fe, proyectos comunitarios y el servicio. Es Ingeniero civil, publicista, técnico pirotécnico certificado y actualmente aspirante a diácono permanente de la Iglesia Católica, se define como un “constructor de templos espirituales”, aunque también es la mente creadora detrás del nuevo templo de Circasia, levantado después del incendio ocurrido en 2009.

Circasiano de nacimiento, hijo de don Gonzalo Quiroga Trujillo, autor del himno del municipio, y de Luz Stella Gómez Acevedo, creció junto a sus hermanos Adolfo León y Luz Marina en un hogar cimentado en la fe, la unidad y el trabajo. De allí heredó la convicción de que Dios se manifiesta en el servicio a la comunidad y en cada obra bien hecha con el corazón y la más pura voluntad.

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Su paso por la Universidad del Quindío no solo lo llevó a graduarse como ingeniero civil, sino a destacarse como vicepresidente de integración de la Asociación Nacional de Estudiantes de Ingeniería Civil, Aneic UQ, cargo desde el cual organizó congresos, actividades culturales, fiestas, eventos deportivos y encuentros estudiantiles. Más adelante orientó su curiosidad hacia la publicidad en la Escuela de Administración y Mercadotecnia del Quindío, EAM, y exploró otras vocaciones, fue bombero y llegó a certificarse como rescatista con perro de búsqueda, una labor que ejerció con pasión hasta la muerte de su compañera canina, Atenea, perra pastor alemán certificada a nivel internacional.

Motivado por el ejemplo de su padre en la vida política, Gonzalo soñó con seguir ese camino, pero pronto se desencantó de las prácticas que encontró. Entonces, transformó su propósito y adoptó una nueva política de vida: el servicio como forma de liderazgo.

Ese mismo espíritu lo llevó a participar como ingeniero civil tras la tragedia del incendio del templo de Nuestra Señora de las Mercedes. Reconociendo el valor patrimonial del templo perdido, se vinculó al comité técnico de reconstrucción y, casi de manera fortuita, su propuesta terminó siendo la elegida. Desde entonces dirige la obra que busca devolverle a Circasia no solo un edificio, sino un símbolo de identidad y fe.

¿Cómo planeó el diseño de la nueva iglesia de Circasia, ahora en construcción?  

Fue un regalo de Dios con el que me sentí muy feliz, empezamos la reconstrucción el 28 de noviembre de 2012. Me gané el concurso del diseño arquitectónico y luego fui director de la obra.   No lo he vivido solo como un trabajo, sino como un acto de amor hacia mi pueblo y su patrimonio espiritual.  El templo no es solo un edificio: es un símbolo de fe y unión para los circasianos.

No podía ser igual al otro porque sería un falso arquitectónico, pero sí debía tener el aire del Circasia en el que crecí. En este nuevo templo lo más alto son las torres laterales, tiene la connotación de ser la casa del altísimo y no puede ser cualquier edificio. Hay muchos múltiplos de seis en las dimensiones del templo y no es a propósito y fue por casualidad.

En su estructura lo que faltan son las torres, pero ya está gran parte de la cimentación de estas. Si Dios quisiera que tuviéramos un templo físico hace rato estaría hecho, porque la plata se consigue, pero Dios lo que ha querido es reconstruir el templo espiritual de Circasia y los párrocos después del incendio se han dedicado mucho a eso. Una vez terminado el templo espiritual, habremos construido el físico.

¿Cuáles son las historias de servicio que sus padres le enseñaron en su infancia y a lo largo de su vida?  

La vocación de servicio siempre ha estado en mi familia. Mis padres, siempre ha tenido esa vocación de servicio, cuando llegaba gente desplazada a Circasia, mi padre siempre preocupado por conseguirles una casa, brindar un mercado, hacía jornadas en las veredas, llevaba médico, especialistas, ropa, medicinas. Hizo el barrio Adecco aquí en Circasia y cuando estaba estudiando ingeniería quise regalar juguetes a niños de bajos recursos en navidad y en 1998 realizamos la primera entrega y bautizamos la jornada como “Niños de Belén”, luego se sumaron amigos, conocidos y familiares, se convirtió en un programa que hoy se mantiene.  

¿Qué otros programas sociales ha liderado?  

Mi hijo Samuel, luego de padecer una condición médica de gravedad, luego de someterse a una cirugía a los seis años y permanecer en el hospital, ver los espectáculos de navidad que ofrecían a los demás niños tuvo la idea de regalar juguetes a los niños en navidad, este programa lo llamamos “En nombre del Niño de Belén“, para niños hospitalizados. Hace cinco años con mi esposa y mi hijo, creamos el programa llamado “El camino que lleva a Belén“, en el que entregamos natillas, buñuelos y detalles a migrantes que caminan por las carreteras del departamento en el día de navidad. Todo esto nace de pensar con mi familia que la Navidad no está completa si no se comparte con quienes más lo necesitan.  

Su empresa de organización de eventos y bodas ha ganado 4 veces consecutivas los Wedding Awards, ¿Cómo surgió esta organización familiar?  

Todo empezó casi por casualidad. El impulso concreto nació con los 15 años de mi sobrina María Camila. Organizamos la fiesta en un restaurante familiar, salió tan bien que pronto otras personas comenzaron a buscarnos para sus celebraciones. Al inicio dudaba, porque hacer eventos sociales es una gran responsabilidad: son los sueños de una familia, lo que han ahorrado con esfuerzo. Pero comprendí que ahí estaba la clave: hacer realidad lo que la gente quería y no lo que las casas de eventos querían vender.  

Con mi esposa María del Pilar Arias Duque somos wedding planners certificados internacionalmente, profesión que desarrollamos Grancolombiana Wedding and Event Planner. Más allá de organizar bodas, buscamos ser constructores de sueños y experiencias inolvidables y gracias a este estilo de trabajo hemos recibido durante 4 años consecutivos el Wedding Awards en matrimonios.com, como reconocimiento a nuestra calidad, honestidad y vocación de servicio.

¿Por qué eligió el camino del servicio a través del diaconado permanente y no optar por otras formas de servir socialmente?  

Porque el mundo se ha alejado mucho de Dios y toda la vida he estado rodeado de la iglesia, mi papá y varios tíos fueron hermanos maristas, tuve un tío sacerdote misionero vicentino, una tía es monja y a mí me gusta. Conocí la figura de diácono permanente que es el tercer grado del orden sacerdotal. La iglesia abre las puertas a hombres casados que quieren servir a la iglesia como diáconos permanentes. Siempre quise casarme y tener hijos, por eso no fui sacerdote, pero el diaconado permanente me permite servir como esposo, padre y ministro. Un diácono es ante todo un servidor, puede bautizar, celebrar matrimonios, acompañar a las comunidades y predicar, entre muchas otras cosas. Quiero poder construir puentes entre el Altar y la comunidad.


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