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Con más de tres décadas entre cámaras, riesgos, alegrías y lágrimas, John Jolmes Cardona Núñez o “John Crónica” ganó el premio Avanza Periodista 2025 con una imagen que resume su sensibilidad: el llanto de una niña que entregaba su caballo. Esta es la historia del hombre detrás de la foto y el registro fotográfico de los eventos más importantes en el Quindío.

Durante 24 años, quienes transitan por los eventos y calles del Quindío; desde una rueda de prensa hasta un levantamiento judicial, han aprendido a conocer un rostro muy representativo y apreciado de La Crónica del Quindío, una presencia particular, un hombre robusto, sonriente en toda su expresión, siempre con chaleco distintivo, cámara en mano y una mirada especial que no se permite parpadear porque sabe que el segundo que se pierde no vuelve jamás. No muchos conocen su nombre de pila; para la mayoría él es simplemente John Crónica.

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John Jolmes Cardona Núñez lleva más de 30 años ejerciendo como fotógrafo y reportero gráfico, aunque comenzó como un niño curioso que cogía la cámara de su padre sin permiso a los 10 años, disparando rollos completos que luego su papá encontraba desenfocados. Desde allí empezó la enseñanza, la técnica, la intuición y, sobre todo, la ética fueron forjándolo entre redacciones del viejo Hoy Quindío, La Patria, Nuevo Estadio, La Tarde y, finalmente, La Crónica del Quindío, su casa desde 2001. Sus conocimientos en fotografía los aprendió con distintos maestros que decidieron apostar por su talento, como su entrañable amigo Hugo Aldana, entre otros, convirtiéndolo en uno de los más respetados en el departamento con reconocimiento incluso nacional.

 

A lo largo de su trayectoria ha vivido la violencia de cerca, fue herido alguna vez, corrido bajo fuego cruzado y también con nostalgia su oficio lo conmueve con una que otra lágrima detrás del lente. Sus imágenes han contado tragedias que estremecen, pero también capturado sonrisas, gestos mínimos, instantes tan frágiles que solo aparecen ante un ojo entrenado para mirar más allá de lo obvio.

 

En julio de 2025 tomó la fotografía que lo llevaría a ganar el Premio Avanza Periodista. La historia fue la de una niña, Salomé, que llegó radiante con su yegua su compañera cómplice de aventura a la plaza principal de Circasia; pero terminó llorando desconsoladamente cuando comprendió que debía dejarla. Su rostro detenido en la imagen y lente de John Jolmes conmovió a todo un departamento.

 

El Premio Avanza Periodista es un homenaje sincero luego de casi toda una vida dedicada a retratar momentos y personas importantes para la historia del Quindío. John Jolmes se convirtió en el rostro insignia de La Crónica y uno de los fotógrafos más queridos por la comunidad quindiana.

 

¿Cómo comenzó su historia con la fotografía?

 

Desde niño. Mi papá, Rodrigo Cardona González, es fotógrafo, y dejaba las cámaras por ahí. Yo cogía los rollos y les tomaba fotos a mis hermanos, pero todas quedaban desenfocadas. Un día mi papá me explicó cómo mirar por el visor, cómo enfocar… y ahí empezó el gusto. Yo tendría unos 10 u 11 años.

 

¿Y cómo llegó a La Crónica del Quindío?

 

Entré el 9 de mayo de 2001. Había una convocatoria para reportero gráfico. Envié la hoja de vida y pasaron tres meses sin respuesta. Hasta que una periodista que me conocía, vio mi hoja en el montón y dijo: “Ese muchacho es bueno, llámelo”. Me contrataron. Desde entonces estoy aquí.

 

Usted aprendió este ejercicio empíricamente. ¿Qué lo formó como reportero gráfico?

 

Los años, la práctica, mi papá, y un jefe que recuerdo mucho: Fernando Elías Acosta. Él me enseñó ética, responsabilidad y que uno va a hacer la noticia, no a ser parte de ella. Eso lo llevo marcado.

 

Ha vivido escenas muy duras. ¿Hay alguna que nunca haya podido olvidar?

 

Dos siempre llevo en mi recuerdo y las cuento cada vez que me preguntan. Una niña, en Circasia, preguntándole al abuelo a qué hora llegaba la mamá, sin saber que la mamá estaba muerta a unos metros. Esa escena me rompió. Y la otra, fue una madre recibiendo el cuerpo de su hijo, un niño que pisó una mina antipersona en Córdoba hace años. Esa foto quedó entre las 50 mejores del concurso “Más Arte Menos Minas”. Han pasado 20 años y todavía la veo como si fuera hoy.

 

¿Cómo se prepara mentalmente para cubrir hechos tan difíciles?

 

Mi papá me enseñó a tener visión periférica, mirar todo lo que pasa alrededor, no perder detalle. Antes de llegar a un lugar ya me preparo mentalmente para lo que puedo encontrar. La mente llega primero, el cuerpo después.

 

¿Qué distingue a un reportero gráfico de un fotógrafo aficionado con celular?

 

La misión. Un celular toma fotos, sí, pero no captura el detalle, la velocidad, la intención. Un reportero gráfico transmite una historia: una alegría, una tragedia, un símbolo. Un celular es una herramienta; el ojo y la ética no se reemplazan. Aún hay personas que se decantan por el papel, imprimen y conservan sus fotos, muchas veces el registro fotográfico en el celular se pierde y no es lo mismo que usar la cámara y posicionarse para capturar un momento. Este oficio sin duda alguna se mantendrá aún y pasará mucho para que desaparezca o sea reemplazado.

Háblenos de la foto ganadora del Premio Avanza Periodista. ¿Imaginó que esa sería la imagen del premio?

 

No. Ese día, 19 de julio, estaba cubriendo la entrega de tracción animal en Circasia. Vi a una niña que venía feliz, mandando picos a todo el mundo. Pero cuando le dijeron que debía entregar el caballo, se rompió. Lloró como si se le apagara el mundo. La fotografié buscando el ángulo que mostrara esa historia. Luego la gente empezó a comentarla. Y dije: esta es.

 

¿Qué sintió al ganar?

 

Mucha gratitud. Nosotros vivimos el día a día, no preparamos trabajos especiales. Salimos cada mañana a buscar una buena foto. Cuando gané, pensé en Dios, en mi papá, en mis compañeros, y en la niña. Esa foto no era mía: era de ella.

 

Para muchos usted es la imagen de La Crónica. ¿Cómo vive ese reconocimiento?

 

Con orgullo. Me dicen John Crónica, y no me molesta. Yo siento que represento al periódico donde voy y me siento orgulloso de ello. Por eso siempre llevo el chaleco, porque es parte de mí. Procuro saludar a todos, tratar bien a todos, siempre. Nosotros somos la voz de quienes no tienen voz, y eso es una responsabilidad enorme. Uno no sabe el día de mañana cómo lo traten las mismas personas y ellos recordarán el trato que le di por eso mi sello es ser humilde.

 

¿Alguna vez soñó con ser fotógrafo?

 

La verdad, no. Siempre quise ser psicólogo. Creo que la fotografía me ha servido para eso: para escuchar a la gente, para entenderla, para conectar con su emoción. Al final, eso también es ser reportero.

 


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