Saltar al contenido

Investigadora Emérita del Ministerio de Ciencia, profesora de planta desde 1987 y pionera en estudios de postcosecha, Magda Ivonne Pinzón Fandiño es una de las figuras más influyentes de la ciencia regional y un referente para la investigación en alimentos en Colombia.

Magda Ivonne Pinzón Fandiño quedará para la historia del Quindío como una mujer profesional con una trayectoria impecable como investigadora y docente de la Universidad del Quindío y, quien hace parte del selecto grupo de investigadores que, recientemente recibió desde el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación la clasificación de “investigadora emérita”, máximo nombramiento que puede darse a los investigadores colombianos.

Lea también: Luna y Toro Home Decor, marca quindiana que lleva arte y color a la mesa

Es Química graduada de la Universidad Nacional de Colombia e ingeniera de alimentos de la universidad INNCCA de Colombia. Su trayectoria investigativa y trabajo en el campo la empezó desde muy joven en el Instituto de inmunología con el Dr. Manuel Elkin Patarroyo, donde pudo ser parte de un grupo de químicos que desarrollaron un proyecto de principio a fin sobre la conservación de la yuca del Quindío empacada al vacío, pelada y conservada.

Durante más de tres décadas, la doctora Magda Ivonne Pinzón Fandiño ha tejido su vida entre la química, los alimentos, la investigación y la docencia.

Es bogotana de nacimiento, pero quindiana por convicción, es profesora de planta de la Universidad del Quindío desde 1987, fue la pionera y fundadora del Laboratorio de Investigaciones en Postcosecha y recientemente fue reconocida como Investigadora Emérita, el máximo título que otorga el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación. Su historia es la de una mujer que convirtió la curiosidad en vocación y la ciencia en un compromiso con el territorio y el futuro.

¿Qué significó para usted trabajar con el doctor Manuel Elkin Patarroyo?

Fue una experiencia maravillosa y formadora. Trabajé varios años en el Instituto de Inmunología, en el grupo de síntesis y secuenciación de proteínas, investigando enfermedades como la malaria y la tuberculosis. Allí aprendí lo que es la investigación rigurosa, la constancia, la perseverancia y el compromiso. Esa escuela marcó mi forma de ver la ciencia para siempre.

 

¿Cómo llegó al Quindío y a la Universidad del Quindío?

Llegué inicialmente por un proyecto de ingeniería de alimentos relacionado con la conservación de la yuca empacada al vacío. Ese trabajo me permitió conocer el departamento y me enamoré del clima y, sobre todo, de su gente. En 1986 se abrió una convocatoria en la Universidad del Quindío para el área de Química, me presenté y fui seleccionada. Todavía conservo el telegrama que me llegó en diciembre de ese año. Desde febrero de 1987 estoy vinculada como profesora de planta.

¿Cómo nació el proyecto del Laboratorio de Investigaciones en Postcosecha?

Desde que llegué tenía claro que quería investigar. Formulé un proyecto para Planeación Nacional que permitió crear el Laboratorio de Investigaciones en Postcosecha de Frutas Tropicales. Fue aprobado y conseguimos cerca de 800 millones de pesos, que en ese momento era una cifra enorme. Con eso se logró una infraestructura de punta que aún hoy sigue funcionando y generando conocimiento.

¿En qué se ha centrado su investigación a lo largo de los años?

El eje siempre ha sido prolongar la vida útil de frutas y vegetales. Empezamos estudiando respiración, maduración y cambios químicos, y con el tiempo evolucionamos hacia recubrimientos comestibles, nanopartículas y, más recientemente, al aprovechamiento de residuos de la agroindustria para crear empaques biodegradables. Hoy trabajamos con cáscaras, semillas y subproductos que antes se desechaban y ahora pueden convertirse en soluciones sostenibles.

 

¿Qué importancia tiene este trabajo para el territorio y el medio ambiente?

Es fundamental. Estamos aportando a la reducción de residuos, a la sostenibilidad y al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. La presión sobre el agua y la tierra es enorme y la ciencia tiene que responder a esas realidades, especialmente desde las regiones.

 

Fue reconocida como Investigadora Emérita. ¿Qué significó ese momento para usted?

Fue una sorpresa y una emoción muy grande. Es un reconocimiento a toda una vida dedicada a la ciencia, a la formación de estudiantes y a la investigación con impacto. Decidí ir a Bogotá por mis propios medios porque sabía que era una oportunidad única. Recibir esa distinción fue profundamente significativo, no solo a nivel personal, sino también para la Universidad del Quindío.

Ha representado la universidad a nivel nacional e internacional. ¿Qué papel cumple esa labor?

Es una forma de visibilizar la institución y el trabajo que se hace desde el Quindío. He sido presidenta de la Asociación Latinoamericana de Ciencia y Tecnología de Alimentos, vicepresidenta de ACTA Colombia y actualmente presido la mesa sectorial de cosecha y postcosecha del Sena. Todo eso suma y abre puertas para estudiantes, profesores y para la región.

¿Qué mensaje les daría a las mujeres y a los jóvenes que ven en usted un referente?

Que aprovechen todas las oportunidades que la vida les da y que no vean la investigación como algo lejano. La ciencia está cerca, se necesita y abre puertas a muchos mundos: la academia, la industria, el desarrollo social. Que amplíen sus horizontes, busquen oportunidades, se acerquen a los profesores y no tengan miedo de soñar en grande. Desde cualquier lugar se pueden hacer aportes valiosos a la sociedad.


septiembre 2026
L M X J V S D
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930