Fue uno de los fundadores de la Confraternidad Carcelaria del Quindío. Es pastor, capellán y fue tesorero de la Defensa Civil por casi 20 años, además de guía espiritual de cientos de personas privadas de la libertad que encontraron en él un camino de esperanza.
Nelson Gómez Peña tiene 93 años, es sevillano de nacimiento, en su juventud fue uno de los pioneros de la ONG Confraternidad Carcelaria del Quindío e incluso a nivel nacional, organización que se enfoca en apoyo a personas privadas de la libertad y sus familias a través de programas orientados a la reparación, reintegración y la reconciliación.
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En su casa ubicada en el sur de Armenia, conserva la misma convicción que lo llevó hace medio siglo a cruzar por primera vez las puertas de la cárcel San Bernardo. Habla despacio y piensa con suavidad, pero firme, como si cada palabra debiera ser puesta en su lugar exacto y predicada de manera amorosa.
Su historia es también la de un llamado espiritual que transformó cárceles, comunidades y vidas enteras. Aunque su cuerpo ya no le permite caminar con la agilidad de antes, su legado está vivo en cada testimonio de cambio, en cada interno que salió a predicar, en cada iglesia fundada y por quienes un día escucharon sus palabras tras las rejas.
Su vida ha estado marcada por el estudio “versículo por versículo de la biblia” y desde su ingreso a la Defensa Civil, por su sinceridad y vocación fue nombrado tesorero de la Defensa Civil del Quindío, cargo que ejerció hasta el 2020. Su vida ha estado marcada por la vocación de tocar los corazones de las personas privadas de la libertad y las más necesitadas, brindar amor mediante la oración, el compartir un aliento o un mensaje bíblico y ganarse los corazones de personas incluso señaladas por la sociedad como “malas” o “buenas para nada”, para él, cada vida merece un perdón y una segunda y hasta tercera oportunidad, tal cual como el lema de Confraternidad Carcelaria de Colombia “Más allá del crimen y castigo”.
¿Cómo nació la Confraternidad Carcelaria del Quindío?
La obra carcelaria inició en 1975, todo comenzó con una historia. Un día, mientras predicaba, recordé el caso de Gualdina López, conocida como La Pantera Negra, una guerrillera a la que un pastor visitó en prisión y que terminó convirtiéndose al leer la Biblia que él le regaló. Recordé y pensé: “Si ese pastor pudo tocar y convertir a una mujer tan peligrosa, ¿por qué nosotros no?”. Así, en 1975, junto a un pequeño grupo de adultos mayores de mi iglesia, fuimos a tocar la puerta de la cárcel San Bernardo y ese día comenzó todo. Luego nos constituimos legalmente y la convicción desde entonces ha permanecido intacta.
¿Quiénes hicieron parte del grupo fundador?
Éramos siete, Fernando Gutiérrez, un hombre de ojos azules que ya visitaba la cárcel, Alberto López, Blanca Lilia Rubiano, María Soledad, Olga Cardona, Diego Rodríguez, Vitelio y yo. Luego sacamos la personería jurídica y nació oficialmente la Fundación Confraternidad Carcelaria del Quindío.
¿Recuerda algún caso que le haya marcado la vida?
Uno muy especial es el de Aníbal Benítez, un interno considerado peligroso. Yo pedí que me dejaran entrar a su patio. Cuando terminé de predicar, él, un hombre muy temido, se arrodilló y me dijo: “Pastor, ore por mí” . Salió transformado, como un pastor, y hoy vive en Estados Unidos, predica la palabra y recorre América llevando el mensaje y su testimonio de vida.
También recuerdo a un antiguo lugarteniente de Pablo Escobar, que se convirtió y comenzó a dar su testimonio en las cárceles, logrando que muchos internos quisieran cambiar su vida .
¿Cuál era el objetivo principal de la confraternidad?
Predicar, tocar corazones y promover que los mismos internos replicaran el mensaje a otros. “Esto que yo les predico, háganlo ustedes con sus compañeros”, les decía. Nunca fueron obligados; los guardianes reunían a los voluntarios que querían escuchar .
Hoy la organización es internacional. ¿Cómo ocurrió ese crecimiento?
La organización local se afilió a la Confraternidad Carcelaria de Colombia y esta, a su vez, hace parte de Prison Fellowship International, con sede en Canadá. Desde allí llegan programas como justicia restaurativa, diplomados de crecimiento personal, material bíblico, reconciliación víctima–victimario y proyectos de prevención juvenil como Grona Sida, este último está enfocado a la prevención del delito en menores de edad a través del fútbol en sectores con alto índice de delincuencia y drogadicción .
Después de una vida tan dedicada al servicio, ¿siente que cumplió su misión?
Yo seguiré predicando el evangelio en las cárceles hasta la muerte, como aparece en el libro donde escribieron mi historia. Mientras Dios me dé voz, seguiré siendo pastor .
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