“Para mí, todo. Es mi profesión, lo que yo hago, lo que yo siento, lo que yo vivo. Por eso no volví a pintar; sino que cambié los pinceles por la cámara y vivo completamente plena”.
Olga Lucía Jordán nació un 14 de abril de 1949 en Riosucio, Caldas; “pero desde pequeñita nos venimos a vivir a Calarcá, Quindío. Allá estudié, me gradué, y luego viajé para Bogotá, y luego me fui para París”. Y en Bogotá, en la Universidad Nacional, obtuvo el título de Maestra en Bellas Artes-Pintura; mas, la fotografía, como ella misma cuenta, la enamoró para siempre: “Cuando estaba finalizando la carrera, yo en lugar de tomar los apuntes a lápiz, me conseguí una cámara y empecé a tomar las fotos, y me fue gustando mucho, y me di cuenta que me podía expresar mejor con la fotografía, que con la pintura, entonces, cuando quise volver a pintar, ya tuve problemas de técnica. Dije: ‘Ya no tengo tiempo’, entonces, seguí con la fotografía; pero me siento totalmente realizada con la foto”.
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¿Qué captura con su cámara?
Yo capturo el paisaje, todo lo que veo, me gusta mucho la gente. En un comienzo trabajé sobre problemas sociales: los derechos del niño, el desempleo, las viviendas; pero luego descubrí el color y vivo feliz…Los animales me gustan mucho, todo lo de la naturaleza. La arquitectura de la colonización antioqueña –corredores, ventanas, calados, puertas, portones, balcones-. El fuerte mío es el retrato; pero el agua, el sol, la luna, las estrellas, me gustan muchísimo… Toda la vida me ha gustado la ventana, entonces, yo trabajo todo a través de la ventana; como yo no uso, sino luz natural, uso es la luz de la ventana.
¿Qué siente cuando toma una foto?
Yo me emociono mucho cuando las tomo, cuando las muestro, cuando las revelo…Cuando se tomaba a blanco y negro, yo misma revelaba, yo misma preparaba los reactivos, yo me metía al cuarto oscuro, me estaba toda la noche hasta el otro día, y bueno, siempre fui muy feliz, y luego mostrándolas, la gente queda muy contenta, entonces, es una satisfacción muy grande. La mejor recompensa es ver la emoción de la gente, la parte más emocionante es como se siente la gente de feliz cuando ve sus fotos.
Usted habla de ‘La foto que tiene alma’. ¿Cómo así?
Yo me comunico mucho con los animales, con la gente, con las cosas…el alma de la gente, el alma de la flor, el alma del agua. Entonces, es lograr captar esa alma que tienen todas las cosas que uno toma en la foto…Yo le digo al Pavo Real: ‘Voltéese para este lado’, y él se voltea para ese lado; lo mismo las mariposas. Una vez fui al Jardín Botánico, y yo le decía a la mariposita: ‘Quédese quietecita que esto es para un libro de lujo’, y la mariposita se volteaba. Yo le decía: ‘A la derecha’, y se volteaba; le decía: ´’A la izquierda’, y se volteaba. Y el muchachito que iba con el conductor, le decía: ‘Tío, tío, ¿por qué le obedecen?’. Y verdad, sí me obedecen.
¿Anécdotas que no olvidará?
Botero me iba a posar en Paris; pero se enfermó, y yo me tenía que venir, entonces, él me dijo: ‘Tranquila, que las tomamos en Bogotá’; pero en Bogotá, fue prácticamente imposible. En Bogotá cometí un error, y fue ir con el entrevistador, y el entrevistador se adueñó del personaje y no me dejó tomar las fotos. Como yo no uso, sino luz natural, tuve problemas…Ya llegaba una visita que él estaba esperando, entonces, dijo: ‘Aquí es como las casas de cita, sale un cliente y llega otro’. Y ahí mismo llegó el otro, y me tocó rogarle a él que me dejara tomarle las fotos, entonces, no me fue bien, porque nunca había tomado una foto tan rápido.
Manzur me había dicho, que me daba una hora, y empezamos a tomarlas, y fuimos tomando y tomando, y después me dijo: ‘Olga, ¿sabe qué horas son?’. Y le dije: ‘Yo no cargo reloj, y menos cuando voy a tomar fotos’. Y dijo: ‘Ya son las ocho, y me había dicho que una hora’. ‘¡Qué pena maestro, me muero de la pena!’, dije. Y me dijo: ‘Te lo digo como una flor, porque yo nunca le hubiera posado a nadie tanto tiempo.
Esta poetisa de la imagen revela, que “Lo más importante es tener la sensibilidad y educar el ojo para ver lo que la otra gente no ve”.
“Siento mucho cada foto. Uno tiene que tener mucho amor para todo. Si uno quiere hacer una cosa, y la hace con amor, tiene que salir buena. Es como si usted es cocinero, si ama la cocina, le sale todo bueno, y lo mismo con esto, todo lo que uno haga queriendo y con amor, todo le sale perfecto”.
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