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Desde las aulas del Laura Vicuña y la universidad, ha construido una vida dedicada a enseñar con rigor, cercanía y sentido, un camino reconocido con la Orden Etelvina López.

Desde hace más de dos décadas, Yeison Andrés Sánchez Cossio hace de la educación un proyecto de vida sostenido por la disciplina, la coherencia y una profunda vocación pedagógica. Licenciado en Matemáticas de la Universidad del Quindío, magíster en Ciencias de la Educación de la misma alma mater, su trayectoria recorre colegios privados y públicos, aulas universitarias y procesos académicos que hoy son referentes en Armenia y lo llevaron a ser reconocido en la Noche de la Excelencia de la secretaría de Educación municipal con la Orden Etelvina López.

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Nacido en Ibagué y criado en Armenia desde los cuatro años, Sánchez Cossio se reconoce quindiano por convicción y por historia. Es docente de la institución educativa Laura Vicuña desde 2015, profesor universitario en la Gran Colombia y creador del Proyecto Olimpiadas de Matemáticas Laura Vicuña, una iniciativa que pasó de ser una actividad interna a consolidarse como proyecto académico intercolegial, con participación de cerca del 50 % de las instituciones públicas del municipio.

Su trabajo, centrado en dignificar la enseñanza de las matemáticas y acercarlas a la vida cotidiana de los estudiantes mezclando los números con historia enseñanzas que imparte de manera natural y con entrega. El reciente reconocimiento, Sánchez Cossio lo asumió no como un punto de llegada, sino como un nuevo compromiso con la educación pública.

¿En qué momento descubre que la docencia era su camino?

Creo que la vida se encarga de mostrarle a uno el lugar donde debe estar. Ingresé a la Licenciatura en Matemáticas casi por descarte, después de no pasar a ingeniería electrónica, pero fue ahí donde me enamoré de la pedagogía. Entendí que siempre había sido docente, incluso antes de saberlo: mis compañeros iban a mi casa a que les explicara matemáticas y yo disfrutaba hacerlo.

Su trayectoria incluye colegios privados, universidad y educación pública. ¿Qué le ha dejado ese recorrido?

Muchísimo aprendizaje. Cada institución me enseñó algo distinto: desde metodologías, manejo de grupo, hasta entender contextos sociales muy diversos. He sido muy agradecido porque incluso de las dificultades uno aprende. La educación es una profesión compleja y cada espacio aporta a la formación del docente.

Usted suele decir que el ejemplo es fundamental en el aula. ¿Por qué?

Porque si el estudiante no le cree al profesor como persona, difícilmente le creerá como docente. Procuro ser coherente: si pongo un trabajo, lo reviso con rigor; si exijo puntualidad, también la practico. El ejemplo genera confianza y la confianza abre la puerta al aprendizaje.

 

Muchos jóvenes sienten rechazo por las matemáticas. ¿Cómo romper ese paradigma?

Mostrándoles que las matemáticas no son un castigo, sino una herramienta. No todos van a ser matemáticos, pero todos necesitan desarrollar pensamiento lógico y crítico. Yo intento que vean para qué sirve lo que aprenden en su vida diaria y que entiendan de dónde vienen los conceptos y para qué funcionan.

¿Cómo ha cambiado la enseñanza con la llegada de la inteligencia artificial?

 

La tecnología no es el problema, el problema es cómo se usa. La inteligencia artificial puede ayudar muchísimo si se entiende como una herramienta y no como un reemplazo del pensamiento. A los estudiantes les digo siempre que primero intenten resolver, luego pueden usar la tecnología para verificar o mejorar. La clave está en saber dar la instrucción correcta.

 

Las Olimpiadas de Matemáticas Laura Vicuña son hoy un referente en la ciudad. ¿Cómo nace este proyecto?

Nació de algo muy pequeño, casi artesanal. Empecé solo, con una olimpiada interna, comprando premios sencillos con lo que se recogía de las inscripciones. Con el tiempo, los compañeros se sumaron, el proyecto creció y hoy es un proceso institucional que convoca a decenas de colegios y cientos de estudiantes.

 

Buscamos que las olimpiadas sean un medio para que los estudiantes pierdan el miedo a las matemáticas, para que se reten, para que descubran y confíen en que sí pueden. También para democratizar estos espacios académicos y darles la oportunidad a colegios que muchas veces no son invitados.

¿Qué significó para usted recibir la Orden Etelvina López?

Fue un momento muy especial, sobre todo para compartirlo con mi familia y mis estudiantes. Pero no lo veo como un premio final, sino como el inicio de un reto mayor. Es una responsabilidad, para seguir haciendo las cosas bien y con sentido.

Agradezco a la institución educativa Laura Vicuña y a todas las demás instituciones educativas en las cuales he tenido la posibilidad de trabajar, en las que cada una de ellas y las personas que están dentro de ellas me han forjado, me han formado como docente, como persona, darle las gracias a los padres de familia que me han apoyado durante todos estos años, también expresar mi agradecimiento a los compañeros de trabajo del área.

Después de tantos años, ¿qué lo sigue motivando a enseñar?

Ver a los estudiantes crecer. Encontrármelos en la universidad o ya como profesionales y saber que algo de lo que aprendieron les sirve para la vida. Eso no tiene precio. La educación, cuando se ejerce con disciplina, responsabilidad y pasión, siempre deja huella.


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