La rana Centrolene savagei es endémica de Colombia y es una de las 163 especies de la familia Centrolenidae. Habita bosques montanos entre los 1600 y 2400 metros de altitud y se distribuye en los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío.
Las ranas de cristal, pertenecientes a la familia Centrolenidae, están presentes únicamente en América, en el Neotrópico, y se distinguen por su vientre translúcido, lo que permite observar algunos de sus órganos internos. La palabra del género Centrolene, de la cual la familia deriva su denominación, fue acuñada en 1872 por el zoólogo y explorador español Marcos Jiménez de la Espada, y proviene de los vocablos griegos κέντρον, kéntron, que es 'aguijón', 'punta’, ‘espolón’ y ὼλένη, ōlénē, que traduce ‘codo’, ‘antebrazo’, por cuanto los machos tienen una espina humeral, que la usan para defenderse. La familia fue descrita en 1951 por el herpetólogo1 estadounidense Edward Harrison Taylor.
Se han realizado muchas investigaciones relacionadas con su comportamiento referente al cuidado de los huevos, que ocurre especialmente en los géneros Hyalinobatrachium y Centrolene. Conductas complejas observadas en nuestra sociedad humana relacionadas con el cuidado de la descendencia, también se encuentran en otras especies animales, y de manera muy especial en las ranas de cristal. En la especie Centrolene savagei, los machos cuidan los huevos cubriéndolos con su cuerpo para mantenerlos hidratados y protegidos de la desecación o la depredación. Invierten mucha energía en esta tarea que incluso limita para ellos la consecución de su propio alimento.
La rana Centrolene savagei es endémica de Colombia y es una de las 163 especies de la familia Centrolenidae. Habita bosques montanos entre los 1600 y 2400 metros de altitud y se distribuye en los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío (presente en Armenia, Circasia, Filandia, Pijao y Salento). Fue descrita2 en 1991 por los herpetólogos Pedro M. Ruiz-Carranza, colombiano, y John D. Lynch, estadounidense, muy reconocidos por su significativa contribución en la descripción de una gran parte de los anfibios colombianos. El epíteto específico savagei es un tributo al científico norteamericano Jay Mathers Savage, quien ha trabajado la familia a la que pertenece este bello anfibio3.
Los machos de C. savagei miden entre 19,8 y 22,6 mm, mientras que las hembras son un poco más grandes. Para el cortejo, los machos cantan desde la vegetación cerca de las quebradas; y cuando una hembra se acerca, el macho empieza a realizar cantos más largos, flexiones corporales y movimientos rápidos en las patas traseras y delanteras que los investigadores llaman 'temblor de extremidades'. En esta especie la hembra prefiere generalmente a los machos más grandes. Una vez que ha elegido su pareja, ambos realizan un amplexo, que se refiere a la posición de apareamiento en anuros en la que el macho sujeta a la hembra rodeándola con sus patas delanteras.
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Inmediatamente después de que la hembra deposita sus huevos sobre la hoja de una planta próxima a una fuente de agua, el macho los fertiliza. Luego ella abandona el sitio y él se acomoda encima de ellos, cuidándolos durante aproximadamente 20 días, que es el tiempo en el que los renacuajos están listos para eclosionar y caer al agua corriente, donde se desarrollarán hasta la metamorfosis. Los investigadores han establecido que los machos que cuidan huevos son más agresivos en comparación a otros que no están haciendo esta tarea, y tal agresividad se manifiesta en patadas y mordidas para defender los huevos de posibles depredadores.
Las ranas de cristal desempeñan un rol muy importante en los ecosistemas. Dada su sensibilidad a cambios en el hábitat o en la calidad del agua, actúan como indicadores de la salud ambiental. La conservación de especies como esta ranita de cristal es vital no solo por su valor intrínseco, sino también porque su desaparición en una zona podría indicar problemas ecológicos mayores que podrían estar afectando a otros organismos biológicos. Aunque está catalogada en la categoría ‘preocupación menor’ (LC), es necesario preservar sus hábitats para asegurar su supervivencia a largo plazo.
Esto subraya la importancia de apreciar y profundizar nuestro conocimiento sobre la biota del Quindío, fomentando su conservación y protección.
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