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No se conoce hoy en día ningún ejemplar vivo de este árbol, toda vez que sus poblaciones fueron totalmente arrasadas.

A finales del siglo XIX se presentó en la región de Salento una intensa actividad relacionada con la explotación de árboles de caucho que, según los historiadores, fue una de las causas de los flujos de colonizadores al Quindío, que provinieron principalmente de Antioquia.

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James Parsons, por ejemplo, afirmó que “los informes exagerados de los primeros exploradores acerca de la abundancia del caucho del género Castilloa, trajeron la primera oleada de aventureros. En 1872 se enviaron de Salento muestras de látex a Manuel Mejía Santamaría, residente en Villamaría, quien estaba recién llegado del distrito cauchero de Esmeraldas, en el Ecuador. Tras un rápido viaje de inspección al Quindío, él viajó a Manizales y Medellín, anunciando que había caucho «no solamente en abundancia, sino de superior calidad». En pocos meses ‒siguió diciendo Parsons‒ la fiebre del caucho lanzó hacia el sur un número considerable de buscadores de látex [La Tribuna, Medellín, septiembre 25 de 1880]. Entre 1877 y 1880, Pereira fue centro de un comercio regular de caucho; pero los precios bajos de los mercados europeos y los métodos destructores de la explotación empleados, pronto acabaron con este breve capítulo de historia del Quindío”. Friedrich Von Schenck, por su parte, relacionó en 1880 el camino del Quindío con el comercio de caucho.

El botánico Víctor Manuel Patiño hizo las siguientes precisiones: “Decía de Cartago un autor a principios del siglo XIX: «Hay… caucho, con cuya leche se hacen buenos encerados o hules» (Campo y Rivas, 1823, 29). […] Se usaba encauchado para atravesar el paso del Quindío a mediados del siglo (Holton, 1857, 366). Pero se agotó rápidamente y para finales del siglo ya no se sacaba (Peña, 1892, 19; 20-21). A Manuel Pombo le fue informado en el Valle en ¿1855? que «los árboles de caucho formaban bosques» (Pombo, M., 1936, 98). En 1868 se ensayaron tanques de caucho para el transporte de aguardiente. El señor Eder fue uno de los exportadores de caucho del río Cauca (Eder, 1959, 394; 402). La guerra de 1876 paralizó la exportación (Aragón, 1940, 1, 282)”.

Fue el naturalista Andrés Posada Arango quien precisó de qué especie se trataba. Estas fueron sus palabras: “He aquí otro género… en el que hay también especies que dan caucho en abundancia y de buena calidad. Es exclusivamente americano (sic)… Por acá hace aun pocos años que se le descubrió. Nosotros creemos haber sido los primeros en determinarlo botánicamente. En efecto, desde 1880 dirigimos a la Sociedad Botánica de Francia, bajo el mote de Un nouvel arbre á caoutchouc [Un nuevo árbol de caucho], una noticia o breve memoria sobre el árbol que comenzaba a explotarse en el Cauca y en el Chocó, cuyo producto llamaban caucho blanco, y que designamos con el nombre de Sapium giganteum (Excoecaria, en aquella época en el que el Sapium se consideraba apenas como sección del otro gran género). Esa comunicación fue leída en París, en la sesión del 12 de noviembre de 1880 y se encuentra publicada en el Tomo XXVIII del Bulletin de aquella sabia corporación, de dicho año (página 310)”.

No se conoce hoy en día ningún ejemplar vivo de este árbol, toda vez que sus poblaciones fueron totalmente arrasadas y no existe noticia sobre la planta, con las características indicadas, ni en el Herbario Nacional de Colombia ni en ningún otro herbario. Como en la taxonomía vegetal es corriente la sustitución de nombres, es probable que este árbol hubiera quedado registrado con otra denominación, para lo cual al recuperar la descripción original de Posada Arango en el Boletín de la Sociedad Botánica de Francia, al que se ha hecho mención, pero nadie ha podido encontrar ejemplares de la especie en lo que queda de los bosques nativos de la región. Ninguno de nuestros herbolarios locales los ha visto, en muchos años de exploración.

Y lo asombroso es que no sabemos aún de cuál árbol de caucho se trataba, a pesar de que ellos fueron fuente principal de la economía local del Quindío en el siglo XIX. Enigma total. Nadie da razón del árbol.

  1. Se trata de una especie diferente porque el género Castilla (sinónimo de Castilloa) solo se da hasta los mil metros de altitud y la altura promedio de Salento es 1800 metros.
  2.  James Parsons, 1950.  La colonización antioqueña en el occidente de Colombia. Versión castellana, prólogo y notas por Emilio Robledo. Imprenta departamental. Medellín, (reimpreso por Carlos Valencia Editores) p. 107.
  3.  Friedrich Von Schenck. 1953. Viajes por Antioquia en el año de 1880. Banco de la República. Bogotá. p. 51.
  4.  Cartago fue fundada originalmente donde hoy está Pereira, que en sus comienzos se llamó ‘Cartago viejo’.
  5. Víctor Manuel Patiño. 1967. Plantas cultivadas y animales domésticos en América equinoccial. t. lll, la. edición.  Imprenta Departamental, Cali, pp. 360-361.
  6.  Andrés Posada Arango. 1971. Estudios Científicos.  Biblioteca Schering Corporation USA, Ediciones Guadalupe, Bogotá. p.233. En el Boletín de la Sociedad Botánica de Francia, publicado en 1880, en la página 310, efectivamente está el texto del Posada Arango; se indica allí que la especie se llamará Excoecaria gigantea. En los archivos de la Lista Mundial de Plantas Seleccionadas (con iniciales en inglés WCSP) de Royal Botanic Gardens, Kew (Real Jardín Botánico de Kew, en Londres) hay 232 registros de Excoecaria, fechados todos en el siglo XX, y ninguno con el epíteto gigantea o giganteum. Aparece sí un Sapium giganteum Pittier, con sinónimo de Sapium glandulosum (L.) Morong, que es el nombre aceptado para la especie desde 1893. Se da área de distribución desde el sur de México hasta América tropical, con citas de muchos países de Centro y Suramérica, pero no se menciona a Colombia. Por los sitios de recolección es evidente que es un árbol de clima cálido, por lo cual, si bien los nombres coinciden, se trata de especies diferentes (http://wcsp.science.kew.org/home.do). En resumen, la especie Sapium giganteum, descrita por Posada Arango, no quedó como un nombre válido y no se sabe a qué especie corresponde, si es que la especie sobrevivió a la depredación a la que fue sometida.
  7. En la versión original en francés decía Posada Arango: “Hemos tenido ahora conocimiento de otro árbol de esta misma familia (Euphorbiaceae), muy abundante en Colombia, y que, en este momento (1880), es objeto de una gran explotación. Pertenece al género Excoecaria (Sapium) y constituye una nueva especie que llamaremos Excoecaria gigantea. He aquí los caracteres: Árbol de 20 a 40 metros de altura y más de un metro de diámetro, corteza levantada en forma de escamas. Hojas alternas, pecioladas, con dos sierras finamente dentadas, glabras, coriáceas, penninervias, nervios secundarios casi perpendiculares en la nervadura mediana y alternativamente larga y corta; sin puntos translúcidos o apenas perceptibles con lupa. El pecíolo mide 3 o 4 centímetros de largo. El fruto es redondeado, dividido en tres cascos. Las semillas son lenticulares, negruzcas, tuberculosas, con 8 milímetros de diámetro”.
    pero nadie ha podido encontrar ejemplares de la especie en lo que queda de los bosques nativos de la región. Ninguno de nuestros herbolarios locales los ha visto, en muchos años de exploración. 
  8. Tampoco se sabe dónde quedaron los exicados del herbario de Posada Arango, donde podría haber algún ejemplar.

 

         

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