El investigador neerlandés Thomas van der Hammen determinó hace algunos de-cenios que la cordillera Andes de Quindío (que algunos todavía llaman impropia-mente cordillera central) tiene mayor precipitación de lluvia en la ladera occidental que en la oriental, y aunque una y otra comparten la misma historia geológica y similares procesos de formación de suelos a partir de cenizas volcánicas, la prime-ra tiene, por aquella razón, mayor diversidad biológica.
El departamento del Quindío está localizado en la vertiente oeste, que es mucho más pluviosa, y de allí la presencia de muchas especies biológicas nativas, comparado con otras regiones de Colombia.
Precisamente en esta cuesta occidental dos naturalistas, el colombiano Pedro Miguel Ruiz Carranza y el estadounidense John D. Lynch, describieron en 1995 la rana de cristal Centrolene quindianum a partir de 24 ejemplares recolectados en la Reserva Forestal Bremen, en las quebradas Las Cruces y La Popa, en el municipio de Filandia, que es la localidad tipo. Este anfibio se da además en los departamentos de Antioquia, Cauca, Risaralda y Valle del Cauca, entre los 1197 y los 2060 metros sobre el nivel del mar .
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El nombre del género, del cual fue autor en 1872 el zoólogo y explorador español Marcos Jiménez de la Espada, se derivó de las palabras griegas κέντρον, kéntron, ‘aguijón’, ‘punta’, ‘espolón’ y ὼλένη, ōlénē, que significa ‘codo’, ‘antebrazo’, por la espina humeral que tienen los machos. Su epíteto específico es un homenaje a la etnia indígena de los quindos. Pertenece a la familia Centrolenidae, que agrupa a todas las ranas de cristal , exclusivas del Neotrópico, en América. La mitad de las especies de este taxón se da en Colombia.
Desde un tiempo se está estudiando esta especie, por parte de herpetólogos de la Universidad del Quindío: “Las nidadas contenían 26 huevos en promedio, y el sustrato para la oviposición era en su mayoría ramas de árboles cubiertas de musgo. La yema de huevo solía ser amarilla, aunque algunos huevos eran verdes. Además, registramos un intento de desplazamiento del amplexo y la asistencia de huevos por parte de una hembra inmediatamente después de la oviposición” .
Comparada con otras especies del mismo género, tiene tamaño mediano: la hembra tiene casi 3 centímetros. Es nocturna y su hábitat preferido son los arroyos.
El grupo de especialistas en anfibios de la Comisión de Supervivencia de Especies – CSE de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza – UICN evaluó esta especie en 2016 y concluyó que tenía categoría ‘B1ab (iii) vulnerable’ “debido a que su extensión de ocurrencia (EOO) es de 18.444 km2, se conoce de menos (sic) de 10 ubicaciones definidas como amenaza y existe una disminución continua en la calidad y extensión del hábitat debido a la expansión de la ganadería y la agricultura”. En el mismo sentido, la resolución 126 de 2024 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible establece que esta bella ranita de cristal tiene categoría ‘vulnerable’.
Es urgente preservarla.
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