Saltar al contenido

Uso de tapabocas

José Nodier Solórzano Castaño

viernes, 12 febrero 2021

COMPARTIR LA NOTICIA:

Las opiniones expresadas por los columnistas son de su total y absoluta responsabilidad personal no compromete la linea editorial ni periodistica de la CRONICA S.A.S

Más allá de las vicisitudes de la vida, la muerte es siempre un ramalazo imprevisto, que nos sumerge en el dolor. Es un epílogo paradójico de la vida, y nos pone frente a un espejo, ciego o luminoso. El deceso de dos personas que ejercieron el periodismo, Jorge Eliécer Orozco y Jaime Gómez Botero, debería … Continuar leyendo

Más allá de las vicisitudes de la vida, la muerte es siempre un ramalazo imprevisto, que nos sumerge en el dolor. Es un epílogo paradójico de la vida, y nos pone frente a un espejo, ciego o luminoso.

El deceso de dos personas que ejercieron el periodismo, Jorge Eliécer Orozco y Jaime Gómez Botero, debería permitirnos mirar en detalle cómo ha sido el papel de los periodistas, qué obstáculos tienen y la pertinencia de tener dos programas de comunicación social, con nociones privadas y cobros de ese significado, en el Quindío.

Nunca sentí como ejemplar el estilo de los dos periodistas fallecidos. Creía, y creo, que sus desempeños, uno en representación de unas élites y una ideología, y el otro como vocero de clase y de unos intereses particulares, distan mucho de la idea del periodismo constituido como un derecho ciudadano y, por lo mismo, pluralista e independiente.

La militancia política del periodista, afín en nuestro medio, es una limitante, en especial si ese comunicador por su inestabilidad laboral está condicionado, como ha ocurrido durante decenios, a ser autogestor de sus propios salarios. 

La venta de paquetes de publicidad por los mismos periodistas a políticos y a todopoderosos jefes de oficina —Corporación Autónoma Regional del Quindío, gobernación, alcaldías, cámara de comercio, Lotería del Quindío, universidades pública y privadas, y ya— ha constituido un vicio de procedimiento que altera la realidad. 

Mientras algunos políticos y dirigentes gremiales decían, con micrófono abierto, que el Quindío era y es un pedazo de cielo, para maquillar la realidad ante la unanimidad pedida por la demanda turística, y para minimizar sus desmanes callados o al descampado, sus conciudadanos viven un infierno o cuando menos un insistente purgatorio. Nuestro periodismo usó, y usa, el tapabocas con cierta alegría y acomodo.

Ante ese inventario de falencias de nuestro periodismo, encorsetado por nuestra época, me quedo con la imagen de un Jaime Gómez Botero que luchaba por las clases populares o con la capacidad, sin igual, de Jorge Eliécer Orozco de defender la cultura y la gestión cultural del departamento. Su apoyo a los músicos tradicionales, a las expresiones folclóricas, resumen un espíritu de servicio comunitario.

Las veces que en Calarcá necesitamos a Jorge Eliécer, para preservar la biblioteca de la casa de la cultura o para defender el propio funcionamiento de ese centro, jamás se escondió o ignoró las dificultades de los gestores culturales.

En el contexto de la crisis del periodismo colombiano, desfigurado por el poder de las redes sociales y por el corporativismo en sus medios, en el Quindío contamos con periodistas que intentan, a su manera, escribir su propia historia. 

Darío Fernando Patiño, Ángel Castaño, Juliana Duque, Natalia Baena, Juan Felipe Gómez, Victoria Arroyave, David Trujillo —reciente ganador de dos premios Simón Bolívar—, Sara Zuluaga y muchos otros y otras, desde la práctica del periodismo como servicio público, relatan las incidencias de un Quindío real. 

Ojalá algún día podamos eliminar la autocensura y dejar el tapabocas que hoy usamos. 


  • Temas relacionados :

junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  
Noticias relacionadas