Legado de Beatriz González: artista que pintó la realidad de Colombia.
Pintora, dibujante, grabadora, historiadora, crítica y curadora de arte, Beatriz González nació en Bucaramanga en 1932.
Fue en palabras de Luis Caballero la única artista que pintó a los colombianos, su obra es una traducción a la plástica de la realidad política, social y cultural de nuestro rabioso país, pintaba sobre todo y con todo, aguda artista que apuntaba con certeza a la médula de la tragicomedia latinoamericana, audaz, desgarrada, insolente y con una personalidad fuerte.
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“La maestra” no dejaba títere con cabeza, de su espíritu volteriano salieron piezas de arte urgentes como Los suicidas del Sisga, entre sus obras más críticas están las tres piezas referentes a los expresidentes: Alfonso López, Julio César Turbay y Belisario Betancur, obras que dan a entender su cuestionamiento permanente al poder y a aquellos que lo ostentan entre nosotros.
La obra Auras anónimas es una intervención en los columbarios del cementerio central de Bogotá. La artista Beatriz González cubrió 8957 nichos con la silueta de hombres cargando cadáveres.
«Yo había trabajado en lápidas previamente y pensé que se podrían hacer impresas en serigrafía manual, reproduciendo imágenes de un tema que abunda en la reportaría gráfica nacional: hombres cargando cadáveres producto de la guerra. Con esas figuras me propuse construir un símbolo que representara lo que pasaba en el país”, afirma González en su relato sobre la historia de esta obra.
Aunque se repiten 8 patrones, estas imágenes están realizadas a mano y se adecúan al tamaño, variable, de cada nicho. “Retomando la idea inicial del proyecto de hacer de los columbarios un lugar de memoria, aludiendo a las víctimas del conflicto armado del país y considerando que en Bogotá no había un lugar para realizar el duelo de las víctimas de la guerra, decidí llamar la obra Auras Anónimas, un monumento para las víctimas anónimas del conflicto armado en Colombia“, escribió González.
El 9 de enero del 26 murió Beatriz con su hermoso nombre de seda y melancolía, con su dibujo de caligrafía nerviosa, con sus colores planos, con sus motivos recurrentes: el hombre prehispánico, los nuevos ídolos pintados con rojos para uñas y esmaltes para carros retrataron campeones de ciclismo, cantantes, actores y todos los próceres que salían en el televisor Toshiba de nuestras casas, se fue Beatriz la mujer que se metió con el canon de la historia de la pintura europea universal, nos dejó los 10 metros de Renoir y con él la más aguda crítica al mercado del arte, se fue “la maestra” y es por ella que doblan las campanas, nos dejó con sus gestos subversivos , con sus preguntas incómodas, con sus “ copias “a las grandes obras universales y con este ejercicio su pregunta sobre la idea del objeto único y entra en relación con otra modalidad de la cultura visual de su tiempo. Así mismo, la artista crea una situación paradójica, al reunir las ideas de original –finalmente lo que vende es su autoría y no la de Renoir– y copia, en una sola pieza, cuando simula un producto fabril, que realmente está elaborado en forma manual”… nos explican los críticos Carmen María Jaramillo, José Alejandro Cortés.
Beatriz González descansa en paz, aquí queda Colombia y lo que nos están dejando de ella, Beatriz González de la tierra eres y a la tierra todos tenemos que volver, las 8.957 auras anónimas vuelan sobre un campo de amapolas agujereado por la noche como en un dibujo de Van Ghog, los 6.042 falsos positivos como en un cuento de Conrad sostienen el muro mientras la noche los desaparece, Beatriz, Beatriz, Bea …B..E…A….T….R…I …Z … descansa en paz.

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