Mediante procesos avanzados y herramientas de generación profesional, el comunicador social Mario Alberto Pérez Galeano genera imágenes basadas en archivos, rescatando visualmente sitios emblemáticos del Eje Cafetero con rigurosidad, creando un puente generacional a través de la imagen.
La historia visual del Eje Cafetero aún enfrenta importantes vacíos, especialmente en los registros capturados antes y durante el terremoto de 1999 en Armenia, muchos de ellos deteriorados, incompletos o de baja calidad. Esa fragilidad documental motivó a Mario Alberto Pérez Galeano, comunicador social quindiano nacido en Calarcá, a explorar herramientas basadas en inteligencia artificial para reconstruir con fidelidad los escenarios que marcaron la memoria regional.
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Egresado de la Universidad del Quindío y apasionado por la producción audiovisual, Mario inició un proyecto educativo y de rescate de la memoria histórica denominado Reconstrucción Visual Avanzada. Su labor consiste en tomar material de archivo muy deteriorado, generalmente se encuentra en capturas de pantalla de videos antiguos en YouTube o imágenes borrosas en internet, donde los espacios son casi irreconocibles y utilizarlos únicamente como guía documental. Con esa base mínima alimenta modelos profesionales de inteligencia artificial, como APIs desarrollos avanzados de estudios como Google Pro, para lograr la mayor fidelidad posible y generar una imagen completamente nueva, respetando la arquitectura y los detalles verificables del entorno original. El resultado no es una interpretación libre, sino una reconstrucción hiperrealista y coherente con la memoria histórica.
Uno de sus principales logros es la reconstrucción del terremoto de Armenia en 1999, proyecto al que dedicó seis meses de trabajo. Para desarrollarlo, utilizó como referencia el registro documental del señor Jorge Hernán Arcila y, en el caso de Calarcá, videos de archivo del portal Calarca.net en Youtube. La obra fue presentada en enero de 2026.
“No veo la tecnología como un reemplazo, sino como una herramienta para repotenciar la capacidad creativa y periodística”, afirmó Mario Alberto Pérez.
“Con esto logro crear un puente generacional: le enseño historia a los más jóvenes en un lenguaje visual dinámico que no los aburre, y le devuelvo a los adultos la profunda emoción de caminar nuevamente por las épocas y escenarios que vivieron”, agrega.
Aunque la inteligencia artificial ofrece posibilidades para recuperar escenas del pasado, Pérez sostiene una línea ética estricta que guía cada reconstrucción. Nunca incorpora elementos que no pueda verificar documentalmente: si un edificio, una calle o un detalle arquitectónico no aparece con suficiente claridad en el material base, prefiere excluirlo antes que arriesgarse a distorsionar la realidad. A esta postura se suman los retos técnicos y económicos del proceso. Cada generación de imagen implica un costo, y cuando la IA produce errores o “alucinaciones” como fachadas alteradas, estructuras inexistentes o sombras imposibles, debe descartar el resultado y repetir el procedimiento, lo que incrementa el tiempo y la inversión. Este esfuerzo es el que le permite garantizar que cada reconstrucción sea fiel a la memoria histórica que busca preservar.
Más allá del valor estético de las imágenes reconstruidas, el proyecto de Pérez ha generado un impacto social significativo en la región. Más que interés técnico, es una vocación educativa que permiten a las nuevas generaciones comprender visualmente cómo eran los espacios que hoy recorren, acercándolos a una historia que rara vez encuentran en archivos tradicionales. Al mismo tiempo, para los adultos y sobrevivientes del terremoto, estas imágenes han despertado una mezcla de nostalgia y reconocimiento, al permitirles reencontrarse con lugares que marcaron sus vidas. Su trabajo no solo revive escenarios, sino que también educa a las nuevas audiencias en su lenguaje digital, acercándolas a sus raíces cívicas.
Pérez proyecta expandir la reconstrucción visual a otros municipios del Eje Cafetero donde la memoria fotográfica también es limitada, e incorporar explicaciones sobre qué había en cada lugar y por qué era fundamental para el desarrollo regional. Su intención es crear reconstrucciones verificadas para docentes, estudiantes, investigadores y ciudadanía en general. Asimismo, espera que la evolución de los modelos de inteligencia artificial permita alcanzar mayor precisión y acelerar procesos sin comprometer la rigurosidad documental que caracteriza su método. Su aspiración es que la tecnología siga siendo un vehículo para preservar la historia, no para reemplazarla.
Además de su dimensión educativa, el proyecto ha encontrado un espacio de divulgación en las redes sociales, donde despierta reacciones y comentarios que enriquecen el diálogo colectivo sobre la identidad regional. Para Pérez, estas plataformas no solo funcionan como vitrina de su trabajo, sino como un laboratorio vivo donde la comunidad aporta recuerdos, detalles y correcciones que fortalecen la fidelidad histórica de cada imagen. De esta interacción nace un proceso colaborativo que confirma que la memoria también se construye entre todos.
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