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De campesino a técnico empírico, Iván López lleva cuatro décadas devolviéndole la vida a freidoras, licuadoras y hasta sombrillas en su pequeño local, donde su experiencia lo convirtió en referencia obligada para las reparaciones.

Hace 40 años, Iván López dejó el trabajo en el campo para empezar una nueva vida en el pueblo. “Yo era campesino, trabajaba en el campo. Me vine cuando me conseguí la novia”, recuerda. Con el tiempo formó su familia, tuvo cuatro hijos, hoy todos mayores de edad, y construyó su propio camino en el mundo de las reparaciones.

Hoy, viudo y viviendo solo, asegura que el trabajo se convirtió también en su compañía.

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Un oficio aprendido con práctica

Iván aprendió lo básico en el Sena, pero fue la experiencia diaria la que lo convirtió en experto. “Al que va a aprender le queda enredado, pero cuando uno le coge la práctica ya es facilito”, explica mientras desarma una freidora sobre su mesa de trabajo.

Comenzó haciendo puertas y ventanas en carpintería, luego se fue inclinando por lo eléctrico y electrónico, hasta consolidar su pequeño taller en el Centro Comercial del Café, donde está ubicado en el piso 3, locales 10 y 11.

 

Las freidoras, sus pacientes frecuentes

Las ollas freidoras y las licuadoras son los electrodomésticos que más llegan a su local. Según cuenta, muchas freidoras fallan por un fusible interno conectado al temporizador. “Eso viene muy escondido y nadie lo destapa. Pero uno ya sabe por dónde va el daño. Se cambia el fusible y vuelve a quedar servible”, explica.

Los arreglos pueden costar hasta 20.000 pesos, dependiendo del aparato y la falla. La reparación de televisores la dejó a un lado, pues conseguir repuestos implica viajar a ciudades como Bogotá o Pereira, lo que encarece demasiado el servicio.

 

Historias detrás del mostrador

Anécdotas no le faltan. Recuerda a un cliente que volvió meses después a reclamar garantía por una freidora dañada. El problema no era técnico: la habían lavado con agua fría cuando aún estaba caliente.

“Eso hace un corte interno. El fusible es el que primero hace el ‘totazo’ y salva el resto del aparato”, explica. Para Iván, muchas fallas se deben al mal uso, y parte de su trabajo también consiste en enseñar cómo cuidar los electrodomésticos.

 

Sombrillas con “cirugía” incluida

Además de aparatos eléctricos, también repara sombrillas. Las varillas son lo que más se daña. Con herramientas manuales les hace “cirugía”: las endereza o las cambia por una nueva, trabajo que cuesta alrededor de 5.000 pesos. “Quedan como nuevas”, asegura.

 

Trabajo diario y clientela fiel

Iván abre su local a las 8:30 de la mañana y cierra a las 5:00 de la tarde. Los domingos trabaja hasta la 1:00 p. m. “No me gusta quedarme en la casa haciendo pereza. Mejor me vengo para acá, y siempre resulta algo que hacer”, dice.

Mientras otros comerciantes del sector se quejan por la baja afluencia de clientes, él afirma que su oficio es distinto: no vende productos, ofrece soluciones. “Aquí nadie sabe trabajar lo que yo sé. Entonces me mandan todo para acá”, concluye, orgulloso de un conocimiento que ha perfeccionado durante cuatro décadas.


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