Una famosa lejos de los reflectores de Hollywood, que camina por las calles de Armenia.
En el imaginario colectivo, el nombre Jénifer López evoca alfombras rojas, diamantes y los reflectores de Hollywood. Pero en las calles de Armenia, lejos del brillo del Bronx, una mujer cercana y con calor de hogar firma autógrafos no por sus películas o shows, sino por la autoridad de haber sobrevivido a lo que otros llamarían el fin.
Lea también: “No soy un falso sacerdote”: Guillermo Zapata habla tras la controversia en Armenia
En esta ciudad camina una Jenni cuya fama no se mide en seguidores de Instagram, sino en batallas ganadas en silencio, ella no usa vestidos de diseñador; usa una armadura de fe, y su escenario no es un estadio lleno, sino la paz de un banco de iglesia.
La famosa como le dicen cariñosamente, camina por los pasillos de una iglesia y ha librado la batalla más feroz que el cuerpo humano puede sostener. Mientras el mundo admira a la diva, el Quindío debería conocer a la sobreviviente que, literalmente, le puso el pecho, un pecho a la vida.
Su apodo JLO, la ha hecho vivir momentos jocosos que como ella dice “la diva que llevo en mí la he formado por mi testimonio de fe, y aunque no me pidan autógrafos si llegan a mí a solicitar oraciones”.
Su hermana antes de presentarse a contar su vida en esta columna le dijo que ahora si iba a ser famosa e iba saltar del anonimato al estrellato, tal vez no por éxitos musicales, pero sí por cicatrices que han florecido como batallas ganadas reiterativamente en su interior.
Hay heridas que no sana la medicina, pero si las cura la fe y la “gracia de ser ella misma, de ser un milagro andante que sirve de testimonio constante de superación, resiliencia y fortaleza”.
¿Si la Jennifer de Hollywood es la “diva del bronx”, quien es la Jenni de Armenia?, – Soy la diva de mi iglesia y mis fans más fieles son mis hijos. Hablo desde el dolor y cuento mi historia de supervivencia como un testimonio de sensibilidad para mujeres que han desfallecido en la primera batalla, – afirma JLO.
JLO se define como una mujer fiel desde siempre, su infancia inicialmente no fue fácil y no porque haya querido ser artista y no lo haya podido lograr, sino porque el superar traumas de su infancia, intentos de abuso y enfermedades a lo largo de su vida se le volvió el reto más grande.
Tengo la gracia como lo reitera en innumerables ocasiones, esta frase comenta que la ha sostenido de un hilo entre la vida y la muerte. Desde muy joven experimentó el rechazo más grande según ella que fue por parte de su familia, incluso hasta más difícil de superar que el mismo cáncer que ese 7 de mayo de 2014 le cambiaría su vida.
Esta famosa, reafirma que le ha ‘puesto el pecho a la vida’, pero en ese mayo de 2014 esa frase dejó de ser una metáfora para convertirse en su realidad más fría. Mientras lidiaba con una ansiedad silenciosa que la hacía temblar por dentro, el diagnóstico llegó sin anestesia: cáncer de mama.
Pero Jenni, en lugar de reclamarle al cielo, hizo algo que solo una ‘diva de fe’ podría: agradeció. Agradeció que fuera ella y no otra mujer de su familia quien tuviera que cargar con ese desierto. Su lucha no empezó en una clínica; empezó en la intimidad de su hogar, tomándose fotos antes de entrar a cirugía con la mejor de sus sonrisas, queriendo ser la fortaleza de esos ‘fans reales’ que la esperaban con los brazos abiertos”, que ironía de la vida ella dice que le pone el pecho a la vida desde su infancia, pero en esta fecha; la vida le pidió un pecho a cambio.
Su trascender y caminar no ha sido amable. Hubo rechazos que dolieron más que cualquier quimioterapia y momentos donde el espejo se convirtió en un extraño. ‘Me siento medio hombre, medio mujer’, pensó alguna vez tras la cirugía, sintiendo que la diva se le escapaba por entre los dedos, no solo para sí misma sino también para quien en ese entonces era su esposo y años después se alejaría sin razón alguna dejando un profundo vacío, pero no infinito el cual la hizo más fuerte, como no, es una mujer inquebrantable.
Su reconstrucción no fue solo física; fue del alma. JLO de Armenia, entendió que las cicatrices no eran marcas de derrota, sino medallas de una guerra ganada. Hoy, cuando se mira, ya no busca la perfección de Hollywood, busca la bondad de Dios. Porque como ella misma dice con esa chispa que la caracteriza: “No soy una diva de físico, soy una diva de testimonio”.
Su fama en la ciudad de Armenia, comenzó mucho antes del cáncer, y de una forma que ella jamás imaginó. Jenni López fue la primera mujer en la ciudad a la que se le diagnosticó toxoplasmosis en los ojos; un hito médico que, lejos de ser un orgullo, fue el inicio de una vida marcada por ser la excepción a la regla. “Iba a ser famosa, pero no por canciones”, sonríe y bromea hoy. Este se convirtió en el primer aviso de que su cuerpo sería el campo de batalla de diagnósticos extraños, pero también el laboratorio donde su fe se convertiría en una muralla invencible.
Para esta famosa, la fe no ha sido un escudo estático, sino un camino de agua en medio de desiertos. Ni el cáncer, ni el rechazo familiar, ni la partida de su pequeña nieta Belén que iba ser la luz en medio de tanta oscuridad, han logrado derrotarla en este paso al que todos nombramos vida.
Hoy, su escenario son los bancos de la iglesia Cumberland y sus premios son los abrazos de sus hijos, amigas y parceras como llama a su grupo más cercano, tal vez No baila al ritmo de Hollywood o se presenta en el súper Bowl; ella prefiere en su interior escuchar canciones como ‘Gracias’ de Marcos Witt, esa que le recuerda que sigue aquí por un propósito mayor.
Al final de nuestro encuentro, que estuvo marcado por las lágrimas, pero también por las risas y comentarios emotivos, con la autoridad que le dan sus cicatrices, Jenni lanzó un mensaje que hoy extiendo a todo el mundo: ‘Quiero que las mujeres sepan que hay un Dios real que me sanó; soy su fan y Él es el famoso. Vivo en desiertos, pero recibo agua. Mujeres: ámense, valórense. Somos seres importantes, somos famosas reales, divas de amor y sostén del hombre’.
El Quindío está lleno de celebridades anónimas. Jenni no es la sombra de una estrella extranjera; es la luz propia de una mujer que aprendió a ser fiel a sí misma. Jenni López Muñoz, la diva de Armenia, es por fin la estrella absoluta de su propia historia.
- Temas relacionados :
- Jenifer López
- Jenifer López de Armenia
- Personas destacadas de Armenia
