La cultura, entendida como manera de ser compartida, constituye un concepto tan enorme que resulta difícil de abarcar. Pensar en ella, lleva a conectar con la historia, la sociología, las creencias, el arte, la escritura y lo que refleja la condición de humanidad. Nos referimos a lo que nos enaltece: la alegría, que nos es … Continuar leyendo
La cultura, entendida como manera de ser compartida, constituye un concepto tan enorme que resulta difícil de abarcar. Pensar en ella, lleva a conectar con la historia, la sociología, las creencias, el arte, la escritura y lo que refleja la condición de humanidad. Nos referimos a lo que nos enaltece: la alegría, que nos es propia, la hospitalidad y recursividad, por ejemplo, son parte importante de ella, quizás ausente en otros pueblos.
Es necesario abrazar la cultura… ¿Qué significa?
Primero. Observarla y comprenderla. Reflexionar sobre cómo somos a nivel individual y colectivo, para fortalecer lo que nos hace valiosos y aportantes. Enfocarnos en desarrollar esas características de las que podemos estar orgullosos y superarnos como personas y sociedad, cada día.
Segundo. Fortalecer el civismo y sentido de pertenencia. Debemos trabajar es el arraigo por el territorio, y el compromiso con el cuidado de lo común. Nada refleja más la “mala cultura” que el descuido del entorno o el maltrato de lugares que son de servicio colectivo. Hay que ahondar el amor por el sitio en el que vivimos. La adopción de prácticas sencillas como evitar arrojar desechos en la calle, por ejemplo, hará de nosotros seres más cultos y merecedores de habitar el paraíso que tenemos.
Tercero. Admirar el arte. En todas sus formas y magnífica diversidad, nada expresa mejor al alma humana. Detenerse a contemplar un mural, una pintura o escultura, escuchar un poema o un cuento, leer libros (muchos) y asomarse a la grandeza del talento. Enfatizar la admiración hacia cantantes, bailarines, actores, escritores y en general, a los que, en nuestra tierra, siguen dibujando nuevos trazos de la historia.
Cuarto. Respetar a los artistas. Hay mérito en estas expresiones, en las manos creadoras que se mueven, haciendo magia y generando belleza. Debemos honrarlos como lo que son: ciudadanos distinguidos dotados de algo excepcional. Prestarles atención, admirar lo que hacen, pagar lo justo, cuando corresponde y hacerlo con sentido de dignidad y reconocimiento.
Quinto. Participar y apoyar. Los gestores culturales, algunos simultáneamente artistas, realizan una labor invaluable. Cada evento es un acontecimiento único. Quienes hemos vivido estas experiencias comprendemos lo que representa preparar: la proyección de una película, una lectura en voz alta, un taller de escritura, una obra de teatro, un performance… La preocupación por lograr un resultado perfecto, el pensamiento en torno al impacto en el público, la necesidad de conectar emociones y todo lo que está en la mente y el corazón cuando se tiene la audacia de presentar estas propuestas, implica un gran esfuerzo.
Dicen que el aplauso del público es el alimento del artista, es verdad. Por eso, debemos concurrir a estas convocatorias, ir a exposiciones, asistir y hacerlo con el respeto debido.
Esto y más es lo que representa abrazar la cultura.
Alber Deylan lo hace abriendo ventanas en Punto Aparte para que muchos podamos conocer, apreciar y disfrutar, las cosas espectaculares que acontecen en el Quindío, que son un banquete para los sentidos y siguen permitiendo que (como diría el periodista Alejandro Herrera Uribe), la cultura sea noticia, porque debe ser siempre, la mejor de todas ellas.
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