“Si tú siempre haces lo que siempre has hecho, siempre conseguirás lo que siempre has conseguido”, nos hacía repetir con gran razón a cada uno de quienes participábamos en sus talleres de motivación el siempre recordado psicólogo Eugenio Tamayo. La experiencia de las elecciones del pasado domingo, esta aseveración constituye una realidad. Un electorado con … Continuar leyendo
“Si tú siempre haces lo que siempre has hecho, siempre conseguirás lo que siempre has conseguido”, nos hacía repetir con gran razón a cada uno de quienes participábamos en sus talleres de motivación el siempre recordado psicólogo Eugenio Tamayo.
La experiencia de las elecciones del pasado domingo, esta aseveración constituye una realidad. Un electorado con más del 50 % de abstención, es una clara demostración de ignorancia política de nuestra población que generalmente se queja de la mala situación que se vive, pero poco se preocupa porque las cosas mejoren con participación activa en los asuntos que le competen, incluido el uso de ese elemental y simple derecho de participar en la elección de sus gobernantes. “Para qué voy a votar si siempre llegan los mismos y todo sigue igual”. Es la frase de cajón que justo sirve a los mismos de siempre, para llegar con los pocos votos que ya tienen asegurados con sus maquinarias, con los dineros destinados a untarle el bolsillo a otros y con los de las personas a quienes cobran ilícitamente favores por el normal ejercicio de sus cargos. Mientras menos voten, menos cociente electoral necesitan ellos para llegar y esto es parte de sus cálculos electorales. Todo hace parte de la mentalidad corrupta y de ignorancia que ha impedido que las cosas cambien para bien.
Una cosa es clara, el mayor problema, del que surgen todos los demás, se llama corrupción y mientras se propicie la llegada de personajes con oscuros antecedentes o respaldados por ellos, imposible que las cosas mejoren. Al Quindío le esperan cuatro años más de oscuridad, a juzgar por los clanes que han llegado al Parlamento y a quienes ellos representan, pues deben atender sus instrucciones clientelistas, contratación, asignación burocrática sin consideración a las capacidades e idoneidad, incluidas aun las instancias de fiscalización y control.
La recta final hacia la presidencia, plantea muchos interrogantes sobre el futuro inmediato que le espera al País, con propuestas unas polémicas, otras salidas de tono y otras razonables. Al respecto, no son tan radicales las reformas urgentes que el País requiere y todas deberían enfocarse hacia el tema de combatir ese cáncer de la corrupción que nos tiene carcomidos. Con esas gruesas sumas de dinero que se lograrán asegurar para que no se las roben y se inviertan en programas sociales mejorando la calidad de vida de la población, generando de oportunidades laborales, seguridad, salud, educación, justicia, mejoramiento del agro, obras de infraestructura etc. nos acercaríamos a los países de mejor calidad de vida del mundo, pues los recursos se tienen. No es acabando con sus sistemas productivos, con la libre empresa y de mercado, poniendo en riesgo su economía, pretendiendo introducir sistemas que a países como Venezuela con tanta riqueza la tienen destruida, con un populismo, comunismo, socialismo que han demostrado sus pésimos efectos, como vamos a avanzar, sino a llevarnos al abismo. Requerimos reformas en la Justicia, en los sistemas pensional, electoral, político y en otros campos, lo que debe ser objeto de debate entre todos los organismos relacionados, pero no acabando con la democracia que, con sus imperfecciones, es garantía de libertad y la debemos defender a toda costa.
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