En una coyuntura de país que merece voces de construcción colaborativa, debo decir que la Alianza por el Quindío no fue solo un encuentro institucional, fue, sobre todo, una muestra donde la unión hacia un propósito conjunto regional mueve, además de saberes, voluntades para trabajar y gestionar posibilidades de avance conjuntas.
Más de 60 actores —gobernantes, alcaldes, congresistas, entidades, empresarios, instituciones, academia, emprendedores, empresarios, sociedad civil— reunidos en un mismo espacio no para imponer agendas, sino para escuchar, entender y tejer, aún desde la diferencia, un propósito común. Y es que lograr que todos estén en una misma mesa en tiempos de ruido y polarización, este escenario es revolucionario y sobretodo replicable.
La Cámara de Comercio ha impulsado esta iniciativa con la convicción profunda de que las regiones no se transforman si no hay alianzas. Aún sabiendo que los panoramas no son fáciles o que los proyectos pueden representar procesos tardíos, con mayor razón es clave mostrar una región unida con visión y gestión conjunta que demuestre a los actores involucrados que existe una meta común: el desarrollo competitivo regional.
Cuando las prioridades son el bienestar, la infraestructura que nos conecta, el turismo que nos impulsa, la educación que nos forma, el tejido empresarial que genera empleo, por mencionar algunos fundamentos claves, que pueden ser discutidos desde el sano debate, es posible construir un Quindío que trabaja con vocación de futuro.
Las alianzas no son acuerdos de ocasión. Son apuestas por lo colectivo que invitan a reconocernos como corresponsables. Aplaudo y agradezco a quienes creyeron, participaron y se comprometieron con acciones y propuestas entorno a infraestructura, gestión ambiental, gestión para la interlocución nacional de proyectos, entre otros.
Alianza por el Quindío permitió que esta semana no solo recordáramos proyectos estratégicos, sino que sobre lo proyectado, volviéramos la mirada hacia esa visión de destino que todos queremos y que aunque hay mucho aún en papel, también nos lleva a reconocer los avances y sobretodo el sentimiento común que nos une: ver un Quindío próspero, lo que nos lleva a seguir insistiendo en la gestión de logros concretos en el corto, mediano y largo plazo.
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