Concluyendo este año, en general nos sobrevienen muchas inquietudes y reflexiones en torno a lo sucedido bueno o no tan bueno en su transcurso para nuestra vida, con los logros alcanzados de acuerdo con los propósitos trazados un año atrás y los que no alcanzamos en la proporción esperada, considerando que todo en la vida transcurre para algo y como una forma de superación para el camino venidero.
Por todo ello, es justo y necesario, como a diario lo dice la liturgia del mundo católico, darle gracias primero que todo a Dios, segundo a la vida, tercero a la naturaleza, cuarto a la familia y los seres queridos que nos rodean y quinto a nosotros mismos, reconociéndonos como sus coautores, ya que todos hemos entregado el apoyo necesario, impulsados por el talento y dones de los cuales hemos sido dotados. Y aunque podemos reconocer que ciertos factores externos han incidido de alguna forma para el normal desarrollo de nuestro proyecto de vida y de cierto modo han retrasado o frustrado la consecución de los objetivos y metas, sabemos que solo nosotros somos responsables de nuestras decisiones, antes de culpar a otros u otras circunstancias de lo acontecido. De ahí la importancia de realizar el balance con la mayor objetividad.
Es claro que a nivel externo se han dado hechos significativos del diario acontecer en especial en los campos político y económico, influenciados entre sí, por lo que ellos representan para el diario acontecer. En el político por las decisiones que afectan gravemente al económico, en su sector productivo que genera empleo, riqueza y la mayor parte de los bienes y servicios que la población consume, con el factor inflacionario que hace más altos los precios que debemos pagar por ellos. Igual la inseguridad en los campos y ciudades frente a la acción limitada de las fuerzas armadas y de policía, por las estrategias de un plan de paz que admite el secuestro al ELN hasta el 30 de enero, delitos que según el DIH, es un crimen de guerra, cuando debería exigirse su inmediata suspensión. La población quiere efectivamente la paz, pero con mecanismos de justicia, seriedad y compromiso de no repetición para que sea estable y duradera, sin concesiones por fuera de la ley y de la Constitución que nos rige.
Tal como dice la primera carta de San Juan este domingo, “muchos anticristos han aparecido, que salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros, pues si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros”. Hoy, concluyendo año viejo e iniciando uno nuevo, como lo sugiere “Ciudad Redonda” en su página WEB, es lo tradicional desearnos, bendiciones celestiales de buena salud, armonía familiar, progreso, superación personal, felicidad que es lo que Dios nos desea a todos. Deseos y plegarias por una paz profunda y duradera, en un mundo acosado por la violencia, conflictos, guerras fratricidas, invocando este primero de enero la intervención de Santa María, Madre de Dios en su fiesta, recordando que Ella nos dio a Jesucristo Príncipe de la paz.
“Que nuestro sentido de justicia, unidad, perdón y aceptación mutua, cree la atmósfera propicia en la que la paz pueda crecer en nuestros corazones, en nuestros hogares y en el mundo entero.” Recordemos como lo dice este 1 de enero la carta de San Pablo a los Gálatas, “Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ‘Abba, Padre’. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, también heredero por voluntad de Dios”. Feliz y bendecido año 2024.
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