Sin desconocer el arduo trabajo político que representa la recolección de firmas para avalar una candidatura presidencial independiente de cualquier organización reconocida por la autoridad, también es necesario aceptar que tal hecho no garantiza debidamente un respaldo ciudadano con la suficiente fuerza para participar bajo condiciones mínimas de competitividad en un proceso electoral, así se hayan logrado recaudar cantidades muy por encima de las legalmente exigidas.
Siendo sinceros y hablando francamente, esas firmas son un respaldo muy relativo, pues además de no contar con el carácter decisorio que representa el voto oficial en las urnas, muchas personas aceptan darla por compromisos individuales con quienes se las solicitan, así no estén de acuerdo, otros ´por salir del paso sin siquiera darse cuenta de lo que hacen, se la dan a cuantos se las solicitan, a lo mejor con número falso o con suplantación de identidad lo que al momento de verificación, es detectado y anulado. En fin, muchas circunstancias ratifican la relatividad de estas firmas.
Por lo anterior, que interesante y conveniente sería para el país bajo las condiciones que enfrenta en la defensa de su democracia, fuertemente amenazada por los grupos al margen de la ley, que todos los candidatos, sea el número que sea y que se identifiquen claramente con este objetivo fundamental, depusieran sus intereses individuales, cesaran sus ataques personales y en un gesto patriótico, aceptaran en una consulta como la que tiene prospectada la Registraduría Nacional o mediante encuesta de opinión si eso no es posible, proponer sus nombres, bajo el compromiso de apoyar al candidato o candidata que resulte ganador o ganadora, así sea de extrema o centro derecha y quien prácticamente asegure su triunfo contundente en primera vuelta frente al candidato continuista del actual régimen.
De otra forma y en la forma como está concebido el proceso, con ataques suicidas entre varios bandos que en apariencia persiguen ese objetivo común, estoy de acuerdo con tantos que así lo han expresado, le estarán abonando el terreno a quienes pretenden acoger el nefasto legado destructivo de Petro.
Puede ser en buena forma complejo lo expuesto, sin embargo lo planteo invocando la ayuda del Divino Niño en esta Navidad para que la atienda y la impulse entre los directos protagonistas llamados a salvar a Colombia en estos momentos de graves riesgos para su estabilidad institucional. Si como creyentes se lo pedimos con fe como dice en la oración de su Novena, “por los méritos de su encarnación y de su infancia, que nada nos será negado”. El asunto es que no lo rechacen quienes en el momento tienen la libre voluntad de hacerlo. Si así lo hicieren, Dios y la Patria se lo premiarán. De lo contrario Él y Ella se lo demandarán.
La división es un riesgo que no debemos correr y quienes aspiren al objetivo común, lo deberían tener claro, pues ya nos pasó en la anterior elección presidencial y hoy estamos sufriendo las consecuencias. Sería imperdonable que nos pasara lo mismo.
- Temas relacionados :
