Visto desde la avenida 19, sentido sur-norte, en horas pico, el edificio asemeja la proa sin mascarón de una embarcación mayor, surcando un raudal automotor.
En tardes dominicales o en días de sosiego, durante este verano de vendavales, parecerá un crucero del Caribe anclado en apacible e hirviente bahía. Sin renunciar al perfil náutico, la perspectiva ofrecida desde los flancos, a babor y a estribor, en cambio, sugiere a distancia, o bien un brillante y enorme mecano dispuesto con artístico capricho, una serie de volúmenes acristalados superpuestos con pequeñas plataformas flotantes a manera de balcones con disposición asimétrica, o bien un conjunto arquitectónico con guiños gaudianos, ajustados a la contemporaneidad, coronado de espejos de agua y vegetación, todo en uno. No transitó el proyecto por sendas exentas de obstáculos. Durante la fase de construcción fuimos testigos de tropiezos, de ralentizaciones y momentáneas detenciones, desconociendo causas, efectos y definitivos destrabes; los cronogramas se desajustaron, pero el tesón de sus promotores se impuso a las contingencias. ¿No conmueve el neorromanticismo plasmado en la ejecución espacial del conjunto? El racionalismo constructivo, confiable generador de réditos de inversión, en armonía con el riesgoso sueño, con la osadía estética; el juicioso trípode vitruviano de utilidad en el uso, belleza en la forma, y perdurabilidad, matizado de poesía, de toques esotéricos, liderando el nuevo y cuajado de sorpresas paisaje urbano de la capital quindiana. Sus múltiples coordenadas geográficas ofrecen hoy día una bien surtida gama de edificaciones con amplio rango de gusto y calidad en diseño de fachadas, estructuras, y materiales empleados, tapizando los vidrios de antiguas casonas y edificios de edad mayor, con avisos de venta o arriendo. Preocupaciones latentes, por cierto nada marginales, emergen del boom constructivo. ¿Están asegurados los recursos hídricos, energéticos, viales, sostenibles, que demanda la súbita expansión horizontal y vertical de Armenia y demás municipios?
No he tenido la feliz ocasión de conocer al líder del proyecto Atlantis, Jorge Hernán Vélez Mejía, de interrogarlo acerca de su concepción, ejecución y resultados, del espíritu que lo orientó en el diseño, en la propuesta estructural, convertida a ojos expertos y profanos en referente local. Mi amiga, la escultora Alba Lucía Solorza, la tuvo hace un par de meses; deshecha en elogios hacia la persona del constructor, de su amabilidad y renovado entusiasmo al frente de su admirable realización, en coincidencia con nuestras apreciaciones acerca de la obra arquitectónica, me transmitió los inteligentes pareceres de él escuchados. Cada ciudad, cada conglomerado social, sin mediación de intenciones particulares, construye en sus imaginarios, hitos entrañables, lugares afectivos, alrededor de los cuales se tejen relatos, se ubican hechos, épocas, personajes… Atlantis ya se instaló en las mentes quindianas como lugar emblema de la Armenia siglo XXI, como eje referencial de su desarrollo urbano, como imán de inversiones externas que ojalá repotencien la región en un marco de respeto medioambiental.
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